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	<title>Cody&#039;s Cuentos &#187; Cuentos regionales</title>
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	<itunes:summary>Cody&#039;s Cuentos es un programa de audio cuentos clásicos de los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Charles Perrault y muchos más. Cody&#039;s Cuentos is an audio program of classic children&#039;s stories in Spanish. Transcripts of the stories in Spanish are available at www.codyscuentos.com</itunes:summary>
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		<title>Cody&#039;s Cuentos &#187; Cuentos regionales</title>
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		<title>La venganza de los cuentos</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Dec 2010 10:21:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LenaD</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Una leyenda coreana</em></p>
<p>Érase una vez un niño al que gustaba muchísimo que le contaran cuentos. Sin embargo, a pesar de lo mucho que disfrutaba escuchando las historias, él no se las contaba nunca a nadie. Cada cuento nuevo que aprendía lo guardaba celosamente en la memoria, y nunca le decía a nadie ni palabra de su contenido. El niño era hijo único de padres ricos que, para complacerlo y hacerlo feliz, se encargaban de que siempre hubiera alguien que le contara un cuento nuevo cada día. Bueno, pues los padres del niño murieron, pero el fiel criado que se hizo cargo de él siguió contándole un cuento nuevo cada noche.</p>
<p>En un rincón de su cuarto, aquel niño tenía una vieja bolsa de cuero, cuya abertura estaba prietamente atada con un cordel. Aquella bolsa llevaba allí años, colgada de un clavo, olvidad por todos. Pero resulta que cada vez que el niño escuchaba un nuevo cuento y no se lo contaba a nadie, el espíritu de aquel cuento se introducía en la bolsa y se quedaba allí. No podía escapar de aquel encierro a causa de la obstinación del niño en no contarle los cuentos a los demás. Y, puesto que cada día el niño escuchaba un nuevo cuento, cada día un espíritu más se sumaba a los que ya vivían en la bolsa, de modo que, al final, ésta estaba llena del todo, y los espíritus de los cuentos no podían casi ni respirar.</p>
<p>El niño fue creciendo. Cuando cumplió quince años su tío concertó su matrimonio con una muchacha de otra rica familia. En vísperas de su boda, el joven salió a divertirse con sus amigos, y el criado se puso a atizar el fuego de la habitación de su amo, para que a su vuelta estuviese cómoda y bien caliente. En esto estaba cuando, de pronto, como surgidos de ninguna parte, el criado creyó oír susurros a su alrededor. Movido por la curiosidad, aguzó el oído y escuchó atentamente lo que decían.</p>
<p>-Parece que mañana se va a casar, ¿verdad?  -dijo una voz.</p>
<p>-Pues sí  -repuso otra-. Y nosotros aquí, medo muertos de asfixia.</p>
<p>-Tienes razón, ¿no iría siendo hora de que nos vengáramos?</p>
<p>Con mucha cautela, el criado echó un vistazo a la habitación a través de un agujerito en la ventana de papel. Para su sorpresa, constató que allí no había nadie, pero reparó en que las voces salían de la vieja bolsa que colgaba de la pared. Se la veía muy hinchada, y se movía de un lado a otro como si una criatura se agitara en su interior. La conversación, mientras, proseguía:</p>
<p>-Escuchadme bien  -decía una de las voces-.  Irá a caballo a casa de la novia. El camino es largo y el viaje lo dejará sediento. Yo será un pozo a la vera del camino, lleno de agua clara, sobre la que flotará un cuenco. Si bebe de esa agua, morirá.</p>
<p>-Muy buen plan, muy buen plan  -repuso otra voz-.  Pero más vale extremar las precauciones. Por si acaso no bebe, yo será un campo de deliciosas fresas que encontrará un poco más adelante. Si prueba una sola, morirá.</p>
<p>Una tercera voz se añadió a la conversación y dijo:</p>
<p>-Si todo eso fallara, yo seré un atizador al rojo vivo en el saco de vainas de arroz sobre el que descenderá del caballo, una vez llegue a casa de la novia. Cuando ponga el pie encima de mí, morirá.</p>
<p>-Bueno, bueno  -añadió una cuarta voz-.  Os voy a decir lo que haré yo si fallara todo eso: yo seré una pequeña serpiente venenosa, y me ocultaré en la cámara nupcial. Cuando esté dormido, le morderé y morirá.</p>
<p>La habitación volvió a quedar en silencio. Como os podéis imaginar, el viejo criado estaba horrorizado. Naturalmente, adivinó que aquellos no eran otros que los espíritus de los cuentos, que, resentidos por su largo encierro, se habían conjurado para acabar con su amo. “Pobres  -pensó el criado-, después de tanto tiempo de estar allí dentro no me extraña que quieran hacer una cosa así.”  El fiel sirviente decidió que sería mejor no tocar la bolsa antes del fin de la ceremonia nupcial, y que tampoco era conveniente informar a su amo de lo que acababa de oír.</p>
<p>A la mañana siguiente, el cortejo nupcial del muchacho estaba listo para dirigirse a casa de la novia, donde tendría lugar la ceremonia. Se habían preparado dos caballos, uno para el novio y otro para su tío, que actuaba como tutor del muchacho. Como era entonces costumbre, cada caballo iría guiado por un lacayo. La comitiva estaba a punto de ponerse en marcha cuando el fiel criado se adelantó y rogó encarecidamente que se le dejara guiar el caballo del novio. Por supuesto, quería proteger a toda costa a su amo de los peligros que le acechaban y por ello insistió muchísimo en que le dejaran guiar su caballo. Al principio, el tío no quiso ni oír hablar de aquello. Quería que el criado se quedara cuidando la casa, pero el buen hombre insistió tanto que, al final se le permitió ir con la comitiva y guiar el caballo del muchacho.</p>
<p>La comitiva emprendió la marcha. Como era costumbre en aquellos tiempos, el tío cabalgaba en la parte de atrás y el novio abría la marcha. Pero resulta que el criado fiel llevaba tan velozmente el caballo de su amo que el tío protestó ante tan inopinada prisa. El criado, sin embargo, no le hizo caso y siguió adelante.</p>
<p>Llevaban recorrida ya cerca de media milla cuando el novio se quejó de sed y pidió a su criado que parara un instante en el pozo que había junto al camino.</p>
<p>-Mira –dijo-. El agua es muy clara, y en ella flota un cuenco. Por favor, acércate y tráeme un poco.</p>
<p>Pero el criado no hizo sin apresurar el paso del caballo, diciendo:</p>
<p>-¡Nada de eso, señor! Si nos detenemos ahora llegaremos tarde.</p>
<p>Y, de esta manera, logró que su amo saliera sano y salvo del primer peligro. Al poco, llegaron a un campo donde el novio vio unas fresas maduras y muy tentadoras.</p>
<p>-Ahí veo fresas  -exclamó-.  Tienen un aspecto de lo más apetitoso. Por favor, ve y cógeme unas cuantas para que calme mi sed.</p>
<p>Pero el criado volvió a negarse.</p>
<p>-¡No, no!  -dijo-.  Será mejor que no tome usted nada por el camino. Ya tendrá mejores fresas en casa de la novia. Además, tenemos mucha prisa.</p>
<p>A esas alturas, el tío del novio estaba enfadadísimo, así que regañó al criado por mostrarse tan insolente con su amo.</p>
<p>-Primero te niegas a traerle agua, ahora no quieres cogerle unas fresas. ¡Ya me encargaré yo de que, terminada la ceremonia, seas severamente castigado!</p>
<p>A pesar de todo, el criado se negó a parar, de manera que el segundo peligro quedó definitivamente atrás.</p>
<p>Era mediodía cuando llegaron a casa de la novia. Ante la puerta de la casa había un saco repleto de vainas de arroz, para que el novio desmontara cómodamente. Pero apenas el muchacho puso el pie en el saco, el criado le apartó los pies de una patada, y el novio cayó torpemente al suelo. El tío del muchacho estaba fuera de sí, aquello ya era verdaderamente demasiado. Sin embargo, en ese momento no pudo hacer nada.</p>
<p>La ceremonia tuvo lugar sin mayores problemas y, una vez concluida, se ofreció a los invitados un suntuoso banquete para celebrar los esponsales. Todos los invitados estaban muy contentos y disfrutaron de lo lindo del vino y los sabrosos manjares que les ofrecieron. Sólo el criado estaba muy preocupado, y resolvió no quitarle ojo a su amo en todo el tiempo.</p>
<p>Llegó la noche y los novios se retiraron a la alcoba nupcial. No llevaban allí mucho rato cuando, de pronto, la puerta de la estancia se abrió de par en par, y allí estaba el criado, espada en ristre y con cara de pocos amigos. Los novios se quedaron estupefactos y no osaron moverse. El criado se abalanzó entonces sobre la alfombra y, de un tajo, la rasgó dejando al descubierto a una pequeña serpiente, a la que mató de un golpe.</p>
<p>La conmoción despertó a toda la casa, y vino gente a ver qué pasaba. También el tío del muchacho acudió, y entonces el criado explicó su extraña conducta. Le habló de la vieja bolsa que colgaba de una pared, en la habitación del muchacho, y de los espíritus de los cuentos y sus malévolos susurros, del pozo y de las fresas envenenadas. Entonces el criado fue a buscar el saco de vainas y lo abrió. Dentro estaba el atizador al rojo vivo, que ya casi había consumido todas las vainas. El tío del novio entendió entonces lo que había sucedió, y en vez de castigar al viejo criado ensalzó su fidelidad y le agradeció que hubiese salvado la vida a su sobrino.</p>
<p>Bueno, podéis estar seguros de que el muchacho aprendió la lección. a partir de ese día no dejó de contar a los demás los cuentos que sabía. Y nada más regresar a su casa cogió la bolsa que había en su cuarto y, después de desatarla, la quemó.</p>
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Érase una vez un niño al que gustaba muchísimo que le contaran cuentos. Sin embargo, a pesar de lo mucho que disfrutaba escuchando las historias, él no se las contaba nunca a nadie. Cada cuento nuevo que aprendía lo guardaba celo...</itunes:summary>
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		<title>La voz de los sueños</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Oct 2010 18:32:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><em>Un cuento de Inglaterra</em></p>
<p>Me encanta esta historia sobre un hombre llamado John Chapman.                   <strong><em>“Ten confianza en tus sueños.”</em></strong></p>
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<p>Me encanta esta historia sobre un hombre llamado John Chapman.                   <strong><em>“Ten confianza en tus sueños.”</em></strong></p>
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Me encanta esta historia sobre un hombre llamado John Chapman.                   “Ten confianza en tus sueños.”</itunes:summary>
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		<title>El pájaro de la canción hermosa</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 23:54:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1059" title="love bird" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/02/LoveBird-300x299.jpg" alt="love bird" width="300" height="299" />Esta es una leyenda del tribu de pigmeos bambuti de África. Los bambuti viven en la selva y son hábiles cazadores. Su vida ritual es muy rica y variada, y en ella la música y el canto desempeñan un papel&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1059" title="love bird" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/02/LoveBird-300x299.jpg" alt="love bird" width="300" height="299" />Esta es una leyenda del tribu de pigmeos bambuti de África. Los bambuti viven en la selva y son hábiles cazadores. Su vida ritual es muy rica y variada, y en ella la música y el canto desempeñan un papel muy importante. En este cuento, <strong><em>&#8220;El pájaro de la canción hermosa&#8221;</em></strong>,  vemos la conexión entre los seres humanos y los animales y la importancia de vivir en armonía con la naturaleza.</p>
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		<itunes:summary>Esta es una leyenda del tribu de pigmeos bambuti de África. Los bambuti viven en la selva y son hábiles cazadores. Su vida ritual es muy rica y variada, y en ella la música y el canto desempeñan un papel muy importante. En este cuento, &quot;El pájaro de la canción hermosa&quot;,  vemos la conexión entre los seres humanos y los animales y la importancia de vivir en armonía con la naturaleza.</itunes:summary>
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		<title>Los deseos ridículos</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 04:27:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><em><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-919" title="hopefulgirl" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/hopefulgirl-200x300.jpg" alt="hopefulgirl" width="200" height="300" />Los deseos ridículos</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p>Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que,&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-919" title="hopefulgirl" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/hopefulgirl-200x300.jpg" alt="hopefulgirl" width="200" height="300" />Los deseos ridículos</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p>Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor, jamás el Cielo cruel no había querido concederle ni uno de sus deseos.</p>
<p>Un día que se quejaba en el bosque, Júpiter, con el rayo en la mano, se le apareció; difícilmente podría pintar el miedo que sobrecogió al buen hombre.</p>
<p>-No quiero nada -exclamó, arrojándose al suelo-; no deseo nada, ni truenos ni nada. Vamos a hablar, Señor, de igual a igual.</p>
<p>-Deja de temblar -le dijo Júpiter-; vengo compadecido de tus quejas, para demostrarte que eres injusto en tus quejas. Escucha. Yo te prometo, yo que soy el dueño soberano del mundo entero, atender plenamente tus tres primeros deseos, los primeros que quieras formular sobre cualquier cosa. Mira bien lo que pueda satisfacerte, y como tu felicidad depende de tus votos, piénsalo bien antes de formular tus deseos.</p>
<p>En diciendo estas palabras, Júpiter ascendió a los Cielos, y el leñador, muy contento, echándose el haz de leña a la espalda, emprendió el camino de regreso. Nunca le pareció la carga menos pesada.</p>
<p>-No hay que obrar a la ligera -decía trotando-. El caso es importante; hay que pedir consejo a la parienta.</p>
<p>Cuando entró bajo el techo de la cabaña la carga de helechos, le dijo:</p>
<p>-Fanchon, hagamos un buen fuego y una buena comida; somos muy ricos. Y sólo necesitamos formular nuestros deseos.</p>
<p>Y allí, punto por punto, le cuenta todo lo sucedido. Al oír su relato, la esposa, viva y presurosa, concibe mil proyectos en su mente; pero considerando la importancia de conducirse con prudencia, le dice a su esposo:</p>
<p>-Blas, amigo mío, para no cometer una tontería debido a nuestra impaciencia, examinemos juntos lo que nos conviene hacer en una situación así. Dejemos para mañana nuestro primer deseo y consultemos con la almohada.</p>
<p>-Estoy de acuerdo -dice el buen Blas-. Anda, vete y trae vino añejo.</p>
<p>Cuando volvió con él, bebió y, saboreando cómodamente, cerca del fuego, aquel dulce reposo, dijo apoyándose en el respaldo de su silla:</p>
<p>-¡Con estas brasas tan buenas, qué bien vendría una vara de morcilla!</p>
<p>Apenas acabó de pronunciar estas palabras, que su mujer, muy asombrada, vio una larga morcilla que, saliendo de una esquina de la chimenea, se aproximaba a ella serpenteando. Al instante lanzó un grito; pero juzgando que esta aventura tenía por causa el deseo que, por pura torpeza, había formulado el imprudente de su marido, no hubo injuria, ni pulla, ni improperio que, hecha una furia, no dijera a su pobre marido.</p>
<p>-¡Cuando se podría obtener un Imperio, oro, perlas, rubíes, diamantes, vestidos! ¿Y no se te ocurre desear más que una morcilla?</p>
<p>-Bueno, me he equivocado -dijo-. Mi elección ha sido desacertada. He cometido una gran falta; lo haré mejor la próxima vez.</p>
<p>-Bueno, bueno -repuso ella-. Espérame sentado. ¡Se necesita ser un animal para formular ese deseo!</p>
<p>El esposo, más de una vez, llevado de la cólera, se sintió tentado de formular un deseo mudo. Y, dicho entre nosotros, habría sido lo mejor que hubiera podido hacer.</p>
<p>-Los hombres -se decía- hemos venido al mundo a padecer. ¡Maldita sea la morcilla, plegue a Dios, maldita pécora que se te quede colgada de la nariz!</p>
<p>Esta súplica, al instante, fue escuchada por el Cielo y, apenas el marido profirió sus palabras, la vara de morcilla se quedó pegada a su nariz. Este prodigio imprevisto irritó muchísimo a Fanchon. Fanchon era bonita, muy graciosa, y a decir verdad este adorno en su nariz no hacía buen efecto, salvo que al colgarla sobre la boca la impedía hablar tranquilamente, lo cual era una ventaja para su esposo, tan grande que en aquel feliz momento pensó no desear más.</p>
<p>-Ya podría, -pensaba para su adentros-, después de una desgracia tan terrible, con el deseo que me queda, convertirme de una vez en Rey. Desde luego, nada iguala la grandeza soberana, pero hay que pensar qué tristeza tendría la Reina cuando, al sentarse en su trono, se viera con la nariz más larga que una vara. Voy a ver qué dice y que decida ella si prefiere convertirse en una gran Princesa y conservar esa horrible nariz o quedarse de simple leñadora con la nariz corriente, como las demás personas, tal como la tenía antes de la desgracia.</p>
<p>Al fin, la cosa bien examinada, aun sabiendo que el poder que proporciona el cetro y la corona y que cuando se está coronada siempre se tiene la nariz bien hecha, como no existe nada que posea la fuerza de agradar, ella prefirió conservar su cofia antes que hacerse Reina y ser fea.</p>
<p>Así, pues, el leñador no cambió de estado, no se convirtió en un potentado, no llenó su bolsa de escudos, y fue feliz de emplear el deseo que le quedaba para volver a su mujer a su primitivo estado, débil felicidad, pobre recurso.</p>
<p>Qué cierto es que los hombres miserables, ciegos, imprudentes y variables no deben formular deseo alguno, y qué pocos hay entre ellos que sean capaces de hacer buen uso de los dones que Dios les ha concedido.</p>
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		<itunes:subtitle>Los deseos ridículos de Charles Perrault - Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Los deseos ridículos de Charles Perrault

Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor, jamás el Cielo cruel no había querido concederle ni uno de sus deseos.

Un día que se quejaba en el bosque, Júpiter, con el rayo en la mano, se le apareció; difícilmente podría pintar el miedo que sobrecogió al buen hombre.

-No quiero nada -exclamó, arrojándose al suelo-; no deseo nada, ni truenos ni nada. Vamos a hablar, Señor, de igual a igual.

-Deja de temblar -le dijo Júpiter-; vengo compadecido de tus quejas, para demostrarte que eres injusto en tus quejas. Escucha. Yo te prometo, yo que soy el dueño soberano del mundo entero, atender plenamente tus tres primeros deseos, los primeros que quieras formular sobre cualquier cosa. Mira bien lo que pueda satisfacerte, y como tu felicidad depende de tus votos, piénsalo bien antes de formular tus deseos.

En diciendo estas palabras, Júpiter ascendió a los Cielos, y el leñador, muy contento, echándose el haz de leña a la espalda, emprendió el camino de regreso. Nunca le pareció la carga menos pesada.

-No hay que obrar a la ligera -decía trotando-. El caso es importante; hay que pedir consejo a la parienta.

Cuando entró bajo el techo de la cabaña la carga de helechos, le dijo:

-Fanchon, hagamos un buen fuego y una buena comida; somos muy ricos. Y sólo necesitamos formular nuestros deseos.

Y allí, punto por punto, le cuenta todo lo sucedido. Al oír su relato, la esposa, viva y presurosa, concibe mil proyectos en su mente; pero considerando la importancia de conducirse con prudencia, le dice a su esposo:

-Blas, amigo mío, para no cometer una tontería debido a nuestra impaciencia, examinemos juntos lo que nos conviene hacer en una situación así. Dejemos para mañana nuestro primer deseo y consultemos con la almohada.

-Estoy de acuerdo -dice el buen Blas-. Anda, vete y trae vino añejo.

Cuando volvió con él, bebió y, saboreando cómodamente, cerca del fuego, aquel dulce reposo, dijo apoyándose en el respaldo de su silla:

-¡Con estas brasas tan buenas, qué bien vendría una vara de morcilla!

Apenas acabó de pronunciar estas palabras, que su mujer, muy asombrada, vio una larga morcilla que, saliendo de una esquina de la chimenea, se aproximaba a ella serpenteando. Al instante lanzó un grito; pero juzgando que esta aventura tenía por causa el deseo que, por pura torpeza, había formulado el imprudente de su marido, no hubo injuria, ni pulla, ni improperio que, hecha una furia, no dijera a su pobre marido.

-¡Cuando se podría obtener un Imperio, oro, perlas, rubíes, diamantes, vestidos! ¿Y no se te ocurre desear más que una morcilla?

-Bueno, me he equivocado -dijo-. Mi elección ha sido desacertada. He cometido una gran falta; lo haré mejor la próxima vez.

-Bueno, bueno -repuso ella-. Espérame sentado. ¡Se necesita ser un animal para formular ese deseo!

El esposo, más de una vez, llevado de la cólera, se sintió tentado de formular un deseo mudo. Y, dicho entre nosotros, habría sido lo mejor que hubiera podido hacer.

-Los hombres -se decía- hemos venido al mundo a padecer. ¡Maldita sea la morcilla, plegue a Dios, maldita pécora que se te quede colgada de la nariz!

Esta súplica, al instante, fue escuchada por el Cielo y, apenas el marido profirió sus palabras, la vara de morcilla se quedó pegada a su nariz. Este prodigio imprevisto irritó muchísimo a Fanchon. Fanchon era bonita, muy graciosa, y a decir verdad este adorno en su nariz no hacía buen efecto, salvo que al colgarla sobre la boca la impedía hablar tranquilamente, lo cual era una ventaja para su esposo, tan grande que en aquel feliz momento pensó no desear más.

-Ya podría, -pensaba para su adentros-, después de una desgracia tan terrible, con el deseo que me queda, convertirme de una vez en Rey. Desde luego, nada iguala la grandeza soberana,</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>El mono travieso</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2009 23:47:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-905" title="2678371274_f331b18c53" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/2678371274_f331b18c53-300x223.jpg" alt="2678371274_f331b18c53" width="300" height="223" /></p>
<p>Pues…el monito travieso y el viejo búfalo, que tenía muy buen corazón, vivían en un vetusto bosque cerca de una gran pradera. Cada día, cuando el sol estaba en su cenit y apretaba en el cielo despejado, el viejo&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-905" title="2678371274_f331b18c53" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/2678371274_f331b18c53-300x223.jpg" alt="2678371274_f331b18c53" width="300" height="223" /></p>
<p>Pues…el monito travieso y el viejo búfalo, que tenía muy buen corazón, vivían en un vetusto bosque cerca de una gran pradera. Cada día, cuando el sol estaba en su cenit y apretaba en el cielo despejado, el viejo búfalo iba a los lindes del bosque y se tumbaba bajo la fresca sombra de un árbol. Allí echaba una cabezadita hasta bien entrada la tarde. Y cuando el sol ya no picaba tanto, iba a pastar con la manada a la pradera.</p>
<p>En cuanto al mono travieso, vivía en las ramas de un magnífico árbol. Y cada día, mientras lo otros monos se acicalaban unos a otros y charlaban sentados en el suelo, él esperaba a que el viejo búfalo fuera a echar una siesta bajo la sombra del árbol.</p>
<p>-<em>¡Je, je, je!</em> Creo que voy a divertirme un poco  -exclamó alegremente palmoteando con sus manitas.</p>
<p>Un día el mono esperó hasta asegurarse de que el búfalo estaba profundamente dormido. Y entonces bajó del árbol y enroscando la cola en una rama, se quedó colgado justo sobre la cabeza del viejo búfalo.</p>
<p>-<em>¡Groaaaaaa!</em> -chilló el mono.<br />
<em><strong><br />
</strong></em></p>
<p><em>P.S. I know that is a rhino, not a water buffalo, in the photo but it was the best image I could come up with. Isn&#8217;t it cute?</em></p>
<p><em><strong><br />
</strong></em></p>
<p><em><strong>Archive photo, circa 1900,  from <a href="http://www.flickr.com/photos/george_eastman_house/2678371274/" target="_self">George Eastman House</a><br />
</strong></em></p>
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		<itunes:summary>Pues…el monito travieso y el viejo búfalo, que tenía muy buen corazón, vivían en un vetusto bosque cerca de una gran pradera. Cada día, cuando el sol estaba en su cenit y apretaba en el cielo despejado, el viejo búfalo iba a los lindes del bosque y se tumbaba bajo la fresca sombra de un árbol. Allí echaba una cabezadita hasta bien entrada la tarde. Y cuando el sol ya no picaba tanto, iba a pastar con la manada a la pradera.

En cuanto al mono travieso, vivía en las ramas de un magnífico árbol. Y cada día, mientras lo otros monos se acicalaban unos a otros y charlaban sentados en el suelo, él esperaba a que el viejo búfalo fuera a echar una siesta bajo la sombra del árbol.

-¡Je, je, je! Creo que voy a divertirme un poco  -exclamó alegremente palmoteando con sus manitas.

Un día el mono esperó hasta asegurarse de que el búfalo estaba profundamente dormido. Y entonces bajó del árbol y enroscando la cola en una rama, se quedó colgado justo sobre la cabeza del viejo búfalo.

-¡Groaaaaaa! -chilló el mono.



P.S. I know that is a rhino, not a water buffalo, in the photo but it was the best image I could come up with. Isn&#039;t it cute?




Archive photo, circa 1900,  from George Eastman House</itunes:summary>
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		<title>Los cisnes salvajes</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2009 16:08:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><strong><em><img class="alignleft size-medium wp-image-850" title="swans" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/swans-300x226.jpg" alt="swans" width="300" height="226" />The Wild Swans</em> by Hans Christian Andersen</strong></p>
<p><em><span style="color: #0000ff;">Read by Maclovia, a Cody&#8217;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!</span> </em><br />
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><img class="alignleft size-medium wp-image-850" title="swans" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/swans-300x226.jpg" alt="swans" width="300" height="226" />The Wild Swans</em> by Hans Christian Andersen</strong></p>
<p><em><span style="color: #0000ff;">Read by Maclovia, a Cody&#8217;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!</span> </em><br />
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.</p>
<p>Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.</p>
<p>&#8220;Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre&#8221;, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.</p>
<p>La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.</p>
<p>-¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más.</p>
<p>Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.</p>
<p>La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.</p>
<p>-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.</p>
<p>Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.</p>
<p>-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.</p>
<p>Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:</p>
<p>-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.</p>
<p>Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.</p>
<p>Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.</p>
<p>Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.</p>
<p>-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.</p>
<p>-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.</p>
<p>-Es una<span style="text-decoration: underline;"><strong> </strong>pordiosera</span> [<em>una persona que pide limosna</em>] que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.</p>
<p>-¡Llévensela! -ordenó el rey.</p>
<p>Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.</p>
<p>En ese momento, una vieja mujer se le acercó.</p>
<p>-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.</p>
<p>-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.</p>
<p>Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza.<br />
Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.</p>
<p>Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que eran sus hermanos.</p>
<p>-¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos.</p>
<p>Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo.</p>
<p>¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.</p>
<p>-De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos.</p>
<p>-Encontraré la manera de romper el hechizo -les aseguró Elisa.</p>
<p>Los hermanos encontraron un pedazo de lienzo lo suficientemente grande para llevar a Elisa en él. Al amanecer del día siguiente, la alzaron en vuelo con suavidad. Sebastián, el menor de todos, le daba bayas para comer. Cuando el sol empezó a ocultarse otra vez, llegaron a una cueva secreta, en un bosque apartado. Esa noche, Elisa soñó con un hada que volaba en una hoja.</p>
<p>-Podrás romper el hechizo si estás dispuesta a sufrir -susurró el hada-. Debes recoger ortigas y tejer once camisas con el lino que saques. Cuando las hayas terminado, deberás lanzárselas a tus hermanos para romper el hechizo. ¡Pero escucha bien! No puedes ni hablar ni reírte hasta no haber terminado.</p>
<p>-Eso no importa -respondió Elisa en sus sueños-. ¡Haré lo que sea necesario para salvar a mis hermanos!</p>
<p>Cuando Elisa se despertó esa mañana, sus hermanos ya se habían ido.</p>
<p>En el suelo, junto a ella, había una pila de hojas de ortiga. Elisa se puso a trabajar de inmediato. Al regresar los príncipes a la cueva, encontraron a su hermana tejiendo una prenda bastante curiosa. Elisa tenía las manos llenas de heridas.</p>
<p>-¿Qué haces? -preguntó Sebastián. Pero su hermana no podía decir nada.</p>
<p>Sebastián no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando se inclinó a mirar las manos de Elisa. Las lágrimas cayeron en sus dedos y las heridas desaparecieron inmediatamente. Ella le sonrió agradecida, pero no se atrevió a decir ni una sola palabra.</p>
<p>Los hermanos observaron durante un rato. El asunto era muy misterioso, pero ellos sospecharon que algo mágico debía estar ocurriendo. A lo mejor, Elisa estaba tratando de salvarlos.<br />
Al otro día, cuando ya sus hermanos se habían ido, Elisa salió de la cueva.</p>
<p>&#8220;Haré mi trabajo a la sombra de aquel roble&#8221;, pensó. &#8220;Allá no me verán.&#8221;</p>
<p>Sin embargo, un grupo de cazadores la descubrió.</p>
<p>-¿Tú quien eres? -preguntó uno de ellos con voz áspera. Al no obtener respuesta, la levantó a la fuerza.</p>
<p>-Quietos -dijo una voz. Era un joven rey.</p>
<p>-¿Cómo te llamas? -preguntó amablemente el rey. Elisa se limitó a sacudir la cabeza y a sonreír.</p>
<p>-Ella vendrá conmigo -dijo el rey y ordenó a los cazadores retirarse.</p>
<p>De regreso en el castillo, el joven rey intentó hablarle a Elisa en diferentes idiomas, pero ella no hacía más que tejer. Aunque la muchacha no decía nada, su mirada dulce y su linda cara cautivaron el corazón del rey.</p>
<p>Elisa vivía ahora rodeada de lujos, pero pasaba la mayor parte del tiempo tejiendo en silencio. El rey se sentaba junto a ella y era feliz en su compañía. Un día, decidió hablar con el arzobispo.</p>
<p>-Amo a esta dulce doncella -anunció-, y deseo casarme con ella.</p>
<p>-Su majestad no sabe nada sobre esta muchacha -replicó el arzobispo-. Bien podría ser una bruja. Ese tejido es bastante extraño.</p>
<p>Sin embargo, el rey estaba decidido. Elisa escuchó en silencio la propuesta del rey y le apretó suavemente la mano. La boda tuvo lugar poco después.</p>
<p>Elisa siguió tejiendo hasta que un día se le acabaron las ortigas. Una noche, se fue al cementerio a recoger más hojas. Aunque allí había tres brujas reunidas, Elisa no hizo caso y pensó sólo en las camisas de sus hermanos.</p>
<p>El arzobispo, que la había seguido, se fue a alertar al rey:</p>
<p>-Le dije a su Majestad que su esposa tenía trato con las brujas -afirmó el arzobispo.</p>
<p>El rey queriendo comprobar tal acusación se fue al cementerio. Aterrado, vio a Elisa cerca de las brujas, en torno a una tumba.</p>
<p>-No lo puedo creer -dijo el rey, desconsolado-. Castígala, si eso es lo que debes hacer.</p>
<p>Elisa fue acusada de brujería.</p>
<p>-Esposa mía, te ruego que hables en tu defensa -suplicó el rey. Pero Elisa no podía más que mirarlo con ojos tristes.</p>
<p>Al otro día, la llevaron a la plaza para quemarla en la hoguera. Elisa seguía tejiendo y llevaba con ella las diez camisas para sus hermanos. La muchedumbre enfurecida gritaba:</p>
<p>-¡Quemen a la bruja!</p>
<p>De repente, en el cielo aparecieron once cisnes salvajes que descendieron hacia Elisa.</p>
<p>Al verlos, ella les lanzó de inmediato las camisas. La gente se quedó atónita al ver que los cisnes se convertían en príncipes.</p>
<p>Sebastián, quien recibió la undécima camisa con una manga sin terminar, tenía todavía un ala.</p>
<p>-¡Sálvenme! -gritó por fin Elisa-. ¡Soy inocente!</p>
<p>Rodeada de sus hermanos, Elisa se presentó ante el rey. Las lágrimas le rodaban por las mejillas a medida que iba relatando la historia de la madrastra, del encuentro con sus hermanos y el motivo de su silencio.</p>
<p>El rey también lloró de felicidad y abrazó a su esposa con ternura. -Sólo alguien con un corazón tan bueno como el tuyo haría ese sacrificio -dijo el rey.</p>
<p>La multitud gritaba alborozada:</p>
<p>-¡Dios bendiga a la reina!</p>
<p>Fue entonces cuando Elisa notó el ala de Sebastián.</p>
<p>-¡Tu brazo, mi pobre hermano! -dijo Elisa llorando.</p>
<p>-No llores -la consoló Sebastián-. Llevaré con orgullo esta ala de cisne como prueba de tu amor generoso e incondicional.</p>
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		<itunes:subtitle>The Wild Swans by Hans Christian Andersen - Read by Maclovia, a Cody&#039;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!  Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>The Wild Swans by Hans Christian Andersen

Read by Maclovia, a Cody&#039;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia! 
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.

Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.

&quot;Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre&quot;, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.

La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.

-¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más.

Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.

La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.

-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.

Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.

-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.

Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:

-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.

Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.

Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.

Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.

-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.

-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.

-Es una pordiosera [una persona que pide limosna] que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.

-¡Llévensela! -ordenó el rey.

Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.

En ese momento, una vieja mujer se le acercó.

-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.

-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.

Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza.
Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.

Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que eran sus hermanos.

-¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos.

Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo.

¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.

-De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos.

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		<title>Blancanieve y Rojaflor</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2009 23:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-841" title="Cute brown bear" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/istock_000002600384xsmall-300x200.jpg" alt="Cute brown bear" width="300" height="200" />Don&#8217;t let the title of this week&#8217;s tale fool you. This &#8220;Snow White&#8221; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.<br />
<strong><br />
<em>Blancanieve y Rojaflor</em></strong> (&#8220;Snow-White and Rose-Red&#8221;) is a German&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-841" title="Cute brown bear" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/istock_000002600384xsmall-300x200.jpg" alt="Cute brown bear" width="300" height="200" />Don&#8217;t let the title of this week&#8217;s tale fool you. This &#8220;Snow White&#8221; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.<br />
<strong><br />
<em>Blancanieve y Rojaflor</em></strong> (&#8220;Snow-White and Rose-Red&#8221;) is a German fairy tale. According to <a title="History of &quot;Blancanieve y Rojaflor&quot;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Snow-White_and_Rose-Red" target="_self">Wikipedia</a>, the Brothers Grimm compiled the best-known version, called <em>Schneeweißchen und Rosenrot</em>. It is listed as tale #161 in their collection of fairy tales.</p>
<p>In a nutshell, Blancanieve and Rojaflor are two young sisters who live with their mother in the woods. One day a bear comes knocking on their cottage door and eventually the two sisters and the cuddly animal become good friends. But it wouldn&#8217;t be a Grimm fairy tale if there wasn&#8217;t some evil lurking in the background. The version you&#8217;ll hear in this podcast has been modernized and adapted for a 21st-century audience. It&#8217;s heavy on the girl power (in other words, there&#8217;s no prince charming who comes to the rescue) and the importance of being loyal to one&#8217;s friends, no matter who (or what) they are.</p>
<p>There&#8217;s a line in the story where it sounds like Megui, the reader of the story, says <em>ciervo</em> (deer) instead of <em>cuervo</em> (crow.). The full sentence in the story is: <em>&#8220;El graznido inoportuno de algún cuervo añadía al paisaje un toque de inquietud.&#8221;</em> (&#8220;The untimely caw of a random crow added a bit of unease to the scenery.&#8221;)</p>
<p>Find the complete five-page Spanish transcript of this <a title="Cody's Cuentos Products Page" href="http://www.codyscuentos.com/advanced" target="_self">advanced-level story</a> in Cody&#8217;s online store.</p>
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		<itunes:subtitle>Don&#039;t let the title of this week&#039;s tale fool you. This &quot;Snow White&quot; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs. - Blancanieve y Rojaflor (&quot;Snow-White and Rose-Red&quot;) is a German fairy tale. According to Wikipedia,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Don&#039;t let the title of this week&#039;s tale fool you. This &quot;Snow White&quot; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.

Blancanieve y Rojaflor (&quot;Snow-White and Rose-Red&quot;) is a German fairy tale. According to Wikipedia, the Brothers Grimm compiled the best-known version, called Schneeweißchen und Rosenrot. It is listed as tale #161 in their collection of fairy tales.

In a nutshell, Blancanieve and Rojaflor are two young sisters who live with their mother in the woods. One day a bear comes knocking on their cottage door and eventually the two sisters and the cuddly animal become good friends. But it wouldn&#039;t be a Grimm fairy tale if there wasn&#039;t some evil lurking in the background. The version you&#039;ll hear in this podcast has been modernized and adapted for a 21st-century audience. It&#039;s heavy on the girl power (in other words, there&#039;s no prince charming who comes to the rescue) and the importance of being loyal to one&#039;s friends, no matter who (or what) they are.

There&#039;s a line in the story where it sounds like Megui, the reader of the story, says ciervo (deer) instead of cuervo (crow.). The full sentence in the story is: &quot;El graznido inoportuno de algún cuervo añadía al paisaje un toque de inquietud.&quot; (&quot;The untimely caw of a random crow added a bit of unease to the scenery.&quot;)

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		<title>Las medias de los flamencos</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 18:14:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-536" title="flamingo" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg" alt="" /></a></p>
<p><em><strong>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga </strong></em></p>
<p><em><strong><a href="http://www.flickr.com/photos/pedrosz/1955192221/in/set-72157603066506298/" target="_self">Foto de Szeke</a></strong></em></p>
<p><em>Click <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/03/glossary-for-las-medias-de-los-flamencos/" target="_self">here</a> for a Spanish-English glossary of some words in this story.</em></p>
<p>Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-536" title="flamingo" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg" alt="" /></a></p>
<p><em><strong>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga </strong></em></p>
<p><em><strong><a href="http://www.flickr.com/photos/pedrosz/1955192221/in/set-72157603066506298/" target="_self">Foto de Szeke</a></strong></em></p>
<p><em>Click <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/03/glossary-for-las-medias-de-los-flamencos/" target="_self">here</a> for a Spanish-English glossary of some words in this story.</em></p>
<p>Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los peces estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola.</p>
<p>Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de plátanos, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de peces en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los peces les gritaban haciéndoles burla.</p>
<p>Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Además, cada una llevaba colgada, como un farolito, una luciérnaga que se balanceaba.</p>
<p>Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas, sin excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada víbora. Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.</p>
<p>Y las más espléndidas de todas eran las víboras de que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas, y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudían como locos.</p>
<p><span id="more-535"></span></p>
<p>Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen como ahora la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morían de envidia.</p>
<p>Un flamenco dijo entonces:</p>
<p>—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.</p>
<p>Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el río y fueron a golpear en un almacén del pueblo.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> —pegaron con las patas.</p>
<p>—¿Quién es? —respondió el almacenero.</p>
<p>—Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>—No, no hay —contestó el almacenero—. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.</p>
<p>Los flamencos fueron entonces a otro almacén.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>El almacenero contestó:</p>
<p>—¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en ninguna parte. Ustedes están locos. ¿Quiénes son?</p>
<p>—Somos los flamencos— respondieron ellos.</p>
<p>Y el hombre dijo:</p>
<p>—Entonces son con seguridad flamencos locos.</p>
<p>Fueron a otro almacén.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>El almacenero gritó :</p>
<p>—¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras ? Solamente a pájaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse en seguida!</p>
<p>Y el hombre los echó con la escoba.</p>
<p>Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.<br />
Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:<br />
—¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.</p>
<p>Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron:</p>
<p>—¡Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos esas medias, las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.</p>
<p>—¡Con mucho gusto! —respondió la lechuza—. Esperen un segundo, y vuelvo en seguida.</p>
<p>Y echando a volar, dejó solos a los flamencos; y al rato volvió con las medias. Pero no eran medias, sino cueros de víboras de coral, lindísimos cueros, recién sacados a las víboras que la lechuza había cazado.</p>
<p>—Aquí están las medias —les dijo la lechuza—. No se preocupen de nada, sino de una sola cosa: bailen toda la noche, bailen sin parar un momento, bailen de costado, de cabeza, como ustedes quieran; pero no paren un momento, porque en vez de bailar entonces van a llorar.</p>
<p>Pero los flamencos, como son tan tontos, no comprendían bien qué gran peligro había para ellos en eso, y locos de alegría se pusieron los cueros de las víboras como medias, metiendo las patas dentro de los cueros, que eran como tubos. Y muy contentos se fueron volando al baile.</p>
<p>Cuando vieron a tos flamencos con sus hermosísimas medias, todos les tuvieron envidia. Las víboras querían bailar con ellos únicamente, y como los flamencos no dejaban un Instante de mover las patas, las víboras no podían ver bien de qué estaban hechas aquellas preciosas medias.</p>
<p>Pero poco a poco, sin embargo, las víboras comenzaron a desconfiar. Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban hasta el suelo para ver bien.</p>
<p>Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban la vista de las medias, y se agachaban también tratando de tocar con la lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de la víbora es como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban sin cesar, aunque estaban cansadísimos y ya no podían más.</p>
<p>Las víboras de coral, que conocieron esto, pidieron en seguida a las ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a que los flamencos se cayeran de cansados.</p>
<p>Efectivamente, un minuto después, un flamenco, que ya no podía más, tropezó con un yacaré, se tambaleó y cayó de costado. En seguida las víboras de coral corrieron con sus farolitos y alumbraron bien las patas de! flamenco. Y vieron qué eran aquellas medias, y lanzaron un silbido que se oyó desde la otra orilla del Paraná.</p>
<p>—¡No son medias!— gritaron las víboras—. ¡Sabemos lo que es! ¡Nos han engañado! ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como medias! ¡Las medias que tienen son de víboras de coral!</p>
<p>Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo porque estaban descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una sola pata. Entonces las víboras de coral se lanzaron sobre ellos, y enroscándose en sus patas les deshicieron a mordiscones las medias. Les arrancaron las medias a pedazos, enfurecidas y les mordían también las patas, para que murieran.</p>
<p>Los flamencos, locos de dolor, saltaban de un lado para otro sin que las víboras de coral se desenroscaran de sus patas, Hasta que al fin, viendo que ya no quedaba un solo pedazo de medias, las víboras los dejaron libres, cansadas y arreglándose las gasas de sus trajes de baile.</p>
<p>Además, las víboras de coral estaban seguras de que los flamencos iban a morir, porque la mitad, por lo menos, de las víboras de coral que los habían mordido eran venenosas.</p>
<p>Pero los flamencos no murieron. Corrieron a echarse al agua, sintiendo un grandísimo dolor y sus patas, que eran blancas, estaban entonces coloradas por el veneno de las víboras. Pasaron días y días, y siempre sentían terrible ardor en las patas, y las tenían siempre de color de sangre, porque estaban envenenadas.</p>
<p>De esto hace muchísimo tiempo. Y ahora todavía están los flamencos casi todo el día con sus patas coloradas metidas en el agua, tratando de calmar el ardor que sienten en ellas.</p>
<p>A veces se apartan de la orilla, y dan unos pasos por tierra, para ver cómo se encuentran. Pero los dolores del veneno vuelven en seguida, y corren a meterse en el agua. A veces el ardor que sienten es tan grande, que encogen una pata y quedan así horas enteras, porque no pueden estirarla.</p>
<p>Esta es la historia de los flamencos, que antes tenían las patas blancas y ahora las tienen coloradas. Todos los peces saben por qué es, y se burlan de ellos. Pero los flamencos, mientras se curan en el agua, no pierden ocasión de vengarse, comiéndose a cuanto pececito se acerca demasiado a burlarse de ellos.</p>
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		<itunes:subtitle>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga  - Foto de Szeke - Click here for a Spanish-English glossary of some words in this story. - Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga 

Foto de Szeke

Click here for a Spanish-English glossary of some words in this story.

Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los peces estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola.

Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de plátanos, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de peces en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los peces les gritaban haciéndoles burla.

Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Además, cada una llevaba colgada, como un farolito, una luciérnaga que se balanceaba.

Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas, sin excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada víbora. Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.

Y las más espléndidas de todas eran las víboras de que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas, y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudían como locos.



Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen como ahora la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morían de envidia.

Un flamenco dijo entonces:

—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.

Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el río y fueron a golpear en un almacén del pueblo.

—¡Tan-tan! —pegaron con las patas.

—¿Quién es? —respondió el almacenero.

—Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?

—No, no hay —contestó el almacenero—. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.

Los flamencos fueron entonces a otro almacén.

—¡Tan-tan! ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero contestó:

—¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en ninguna parte. Ustedes están locos. ¿Quiénes son?

—Somos los flamencos— respondieron ellos.

Y el hombre dijo:

—Entonces son con seguridad flamencos locos.

Fueron a otro almacén.

—¡Tan-tan! ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero gritó :

—¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras ? Solamente a pájaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse en seguida!

Y el hombre los echó con la escoba.

Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.
Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:
—¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.

Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron:

—¡Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos esas medias,</itunes:summary>
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		<title>Glossary for &#8220;Las medias de los flamencos&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 18:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[medias de los flamencos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Although Horacio Quiroga wrote this story for his children, there are plenty of words in this tale that may be unfamiliar to even advanced Spanish speakers. Here are a few definitions. The words are listed in order of their appearance&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Although Horacio Quiroga wrote this story for his children, there are plenty of words in this tale that may be unfamiliar to even advanced Spanish speakers. Here are a few definitions. The words are listed in order of their appearance in the story.</p>
<p><strong>víbora</strong>: viper, a very poisonous snake</p>
<p><strong>yácares</strong>: alligators, caiman reptiles</p>
<p><strong>pescuezo</strong>: snout of an animal</p>
<p><strong>escamas de peces</strong>: scales of a fish (the skin of a fish is covered in scales)</p>
<p><strong>menearse</strong>: to wiggle oneself</p>
<p><strong>burla</strong>: teasing, to mock someone</p>
<p><strong>farolito</strong>: a small lantern</p>
<p><strong>luciérnaga</strong>: a firefly</p>
<p><strong>pollerita</strong>: a very small skirt</p>
<p><strong>tul</strong>: tulle, a very frilly, lightweight fabric found on ballerina outfits</p>
<p><strong>gasa roja</strong>: red chiffon (chiffon is an extremely thin, lightweight fabric used in fancy dresses)</p>
<p><strong>almacenero</strong>: a man who works in a warehouse</p>
<p><strong>narigudo</strong>: stuck-up, snobby</p>
<p><strong>encomienda</strong>: parcel, package</p>
<p><strong>lechuza</strong>: an owl</p>
<p><strong>agacharse</strong>: to crouch down, to bend down</p>
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		<title>La montaña donde se abandonaba a los ancianos</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2009 00:24:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[respetar a ls ancianos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><em><strong>Una leyenda japonesa</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/time/2258331-plume-grass.php?id=2258331"><img class="size-medium wp-image-428 aligncenter" title="Plume grass" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/mtfuji.jpg" alt="" width="425" height="282" /></a></p>
<p>Hace mucho tiempo, existía la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de cierta montaña, una vez habían llegado a los sesenta años y dejaban de ser útiles.</p>
<p>En una aldea  vivía un&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Una leyenda japonesa</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/time/2258331-plume-grass.php?id=2258331"><img class="size-medium wp-image-428 aligncenter" title="Plume grass" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/mtfuji.jpg" alt="" width="425" height="282" /></a></p>
<p>Hace mucho tiempo, existía la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de cierta montaña, una vez habían llegado a los sesenta años y dejaban de ser útiles.</p>
<p>En una aldea  vivía un campesino que había cumplido sesenta años. Puesto que tales eran las órdenes del señor  del lugar, había llegado el momento de abandonarlo en la montaña. Así que su hijo se cargó   al anciano sobre las espaldas y emprendió  el camino de las montañas. Mientras caminaban y se acercaban más y más hacia el lugar señalado, el anciano, montado sobre la espalda de su hijo, iba quebrando ramitas de los árboles para señalar la ruta.</p>
<p>-Padre, padre, ¿por qué haces eso? ¿Es para encontrar el camino de vuelta a casa? –preguntó el joven.</p>
<p>-No, pero vamos a un lugar muy lejano y agreste,  y sería fatal que tú no pudieras encontrar el camino de regreso, por eso dejo estas señales.</p>
<p>Al hijo se le llenaron los ojos de lágrimas al oír esto y constatar  cuán generoso era su padre pero ¿qué podía hacer? Era imposible desobedecer las órdenes del señor.</p>
<p><em><strong>Continue reading this legend. Get the enhanced transcript of this <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/intermedio/la-montaa-donde-se-abandonaba-a-los-ancianos/" target="_self">INTERMEDIATE story</a> in Cody&#8217;s Cuentos&#8217; online store.</strong></em></p>
<p><em>Photo:<a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/time/2258331-plume-grass.php?id=2258331" target="_self"> &#8220;Plume Grass&#8221;</a> used under license from iStockPhoto.com</em></p>
]]></content:encoded>
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		<itunes:subtitle>Una leyenda japonesa Hace mucho tiempo, existía la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de cierta montaña, una vez habían llegado a los sesenta años y dejaban de ser útiles. - En una aldea  vivía un campesino que había cumplido sesenta añ...</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Una leyenda japonesa


Hace mucho tiempo, existía la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de cierta montaña, una vez habían llegado a los sesenta años y dejaban de ser útiles.

En una aldea  vivía un campesino que había cumplido sesenta años. Puesto que tales eran las órdenes del señor  del lugar, había llegado el momento de abandonarlo en la montaña. Así que su hijo se cargó   al anciano sobre las espaldas y emprendió  el camino de las montañas. Mientras caminaban y se acercaban más y más hacia el lugar señalado, el anciano, montado sobre la espalda de su hijo, iba quebrando ramitas de los árboles para señalar la ruta.

-Padre, padre, ¿por qué haces eso? ¿Es para encontrar el camino de vuelta a casa? –preguntó el joven.

-No, pero vamos a un lugar muy lejano y agreste,  y sería fatal que tú no pudieras encontrar el camino de regreso, por eso dejo estas señales.

Al hijo se le llenaron los ojos de lágrimas al oír esto y constatar  cuán generoso era su padre pero ¿qué podía hacer? Era imposible desobedecer las órdenes del señor.

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		<title>George Washington y el cerezo</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2008 23:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>George Washington, the first president of the United States, was a boy once. Here&#8217;s the (fictional?) story of George Washington and the cherry tree.</p>
<p><em>Cuando George Washington era un niño, vivía en una granja en Virginia. Su padre le enseño</em>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>George Washington, the first president of the United States, was a boy once. Here&#8217;s the (fictional?) story of George Washington and the cherry tree.</p>
<p><em>Cuando George Washington era un niño, vivía en una granja en Virginia. Su padre le enseño a cabalgar  y solía llevarlo de paseo por la granja para que aprendiera a cuidar de los campos, de los caballos y del ganado  cuando fuera mayor. </em></p>
<p><em>El padre de George, el señor Washington, había plantado un huerto  de árboles frutales. Allí había limoneros, melocotoneros, perales, ciruelos y cerezos. Un día recibió un cerezo particularmente hermoso que le habían mandado desde el otro lado del océano. Lo plantó en un extremo del huerto y advirtió a todo el mundo en la granja que tuviesen mucho cuidado para que nadie lo rompiera o dañara.</em></p>
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		<itunes:subtitle>George Washington, the first president of the United States, was a boy once. Here&#039;s the (fictional?) story of George Washington and the cherry tree. - Cuando George Washington era un niño, vivía en una granja en Virginia.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>George Washington, the first president of the United States, was a boy once. Here&#039;s the (fictional?) story of George Washington and the cherry tree.

Cuando George Washington era un niño, vivía en una granja en Virginia. Su padre le enseño a cabalgar  y solía llevarlo de paseo por la granja para que aprendiera a cuidar de los campos, de los caballos y del ganado  cuando fuera mayor. 

El padre de George, el señor Washington, había plantado un huerto  de árboles frutales. Allí había limoneros, melocotoneros, perales, ciruelos y cerezos. Un día recibió un cerezo particularmente hermoso que le habían mandado desde el otro lado del océano. Lo plantó en un extremo del huerto y advirtió a todo el mundo en la granja que tuviesen mucho cuidado para que nadie lo rompiera o dañara.

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		<title>La historia de dos cachorros de coatí y dos cachorros de hombre</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jul 2008 03:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-109" title="coati" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg" alt="\" /></a><em>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga</em></p>
<p>Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-109" title="coati" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg" alt="\" /></a><em>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga</em></p>
<p>Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.</p>
<p>Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así:</p>
<p>—Coaticitos: ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso.</p>
<p>&#8220;Coaticitos hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. Si no lo hacen así, los matarán con seguridad de un tiro&#8221;.</p>
<p>Así habló la madre. Todos se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los coatís.</p>
<p><strong><em>Foto: &#8220;Coatí Close-up&#8221;, por <a class="aligncenter" href="http://www.flickr.com/photos/trinity-of-one/" target="_blank">David Asch</a></em></strong></p>
<p><span id="more-108"></span></p>
<p>El mayor, que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán, que tenía tres huevos, y uno de tórtolas, que tenia sólo dos. Total, cinco huevos chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito tenia tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte. Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre.</p>
<p>—¿Por qué no querrá mamá —se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?</p>
<p>Estaba pensando así cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro. .</p>
<p>—¡Qué canto tan fuerte! —dijo admirado—. ¡qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!</p>
<p>El canto se repitió. Y entonces el coatí se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque el canto había sonado muy a su derecha. El sol caía ya, pero el coatí volaba con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo. Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el coaticito se golpeó la frente y dijo:</p>
<p>—¡Qué zonzo soy! Ahora ya sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un día de arriba de un árbol. Los gallos tienen un canto lindísimo, y tienen muchas gallinas que ponen huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!&#8230;</p>
<p>Es sabido que nada gusta tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más, y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir al gallinero.</p>
<p>La noche cerró por fin, y entonces, en puntas de pie y paso a paso, se encaminó a la casa. Llegó allá y escuchó atentamente: no se sentía el menor ruido. El coaticito, loco de alegría porque iba a comer cien, mil, dos mil huevos de gallina, entró en el gallinero, y lo primero que vio bien en la entrada fue un huevo que estaba solo en el suelo. Pensó un instante en dejarlo para el final, como postre, porque era un huevo muy grande, pero la boca se le hizo agua, y clavó los dientes en el huevo.</p>
<p>Apenas lo mordió, ¡TRAC!, un terrible golpe en la cara y un inmenso dolor en el hocico.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —gritó, loco de dolor, saltando a todos lados. Pero estaba sujeto, y en ese momento oyó el ronco ladrido de un perro.</p>
<p>Mientras el coatí esperaba en la orilla del monte que cerrara bien la noche para ir al gallinero, el hombre de la casa jugaban sobre la gramilla con sus hijos, dos criaturas rubias de cinco y seis años, que corrían riendo, se caían, se levantaban riendo otra vez, y volvían a caerse. El padre se caía también, con gran alegría de los chicos. Dejaron por fin de jugar porque ya era de noche, y el hombre dijo entonces:</p>
<p>—Voy a poner la trampa para cazar a la comadreja que viene a matar los pollos y robar los huevos.</p>
<p>Y fue y armó la trampa. Después comieron y se acostaron. Pero las criaturas no tenían sueño, y saltaban de la cama del uno a la del otro y se enredaban en el camisón. El padre, que leía en el comedor, los dejaba hacer. Pero los chicos de repente se detuvieron en sus saltos y gritaron:</p>
<p>—¡Papá! ¡Ha caído la comadreja en la trampa! ¡Tuké esta ladrando! ¡Nosotros también queremos ir, papá!</p>
<p>El padre consintió, pero no sin que las criaturas se pusieran las sandalias, pues nunca los dejaba andar descalzos de noche, por temor a las víboras.</p>
<p>Fueron. ¿Qué vieron allí? Vieron a su padre que se agachaba, teniendo al perro con una mano, mientras con la otra levantaba por la cola a un coatí, un coaticito chico aún, que gritaba con un chillido rapidísimo y estridente, como un grillo.</p>
<p>—¡Papá, no lo mates! —dijeron las criaturas—. ¡Es muy chiquito! ¡Dánoslo para nosotros!</p>
<p>—Bueno, se los voy a dar —respondió el padre—. Pero cuídenlo bien, y sobre todo no se olviden de que los coatís toman agua como ustedes.</p>
<p>Esto lo decía porque los chicos habían tenido una vez un gatito montés al cual a cada rato le llevaban carne, que sacaban de la fiambrera pero nunca le dieron agua, y se murió.</p>
<p>En consecuencia, pusieron al coatí en la misma jaula del gato montés, que estaba cerca del gallinero, y se acostaron todos otra vez.</p>
<p>Y cuando era más de medianoche y había un gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban con gran sigilo. El corazón le dio un vuelco al pobre coaticito al reconocer a su madre y sus dos hermanos que lo estaban buscando.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —murmuró el prisionero en voz muy baja para no hacer ruido—. ¡Estoy aquí! ¡Sáquenme de aquí! ¡No quiero quedarme, ma&#8230; má! —y lloraba desconsolado.</p>
<p>Pero a pesar de todo estaban contentos porque se habían encontrado, y se hacían mil caricias en el hocico.</p>
<p>Se trató en seguida de hacer salir al prisionero. Probaron primero cortar el alambre tejido, y los cuatro se pusieron a trabajar con los dientes; mas no conseguían nada. Entonces a la madre se le ocurrió de repente una idea, y dijo:</p>
<p>—¡Vamos a buscar las herramientas del hombre! Los hombres tienen herramientas para cortar fierro. Se llaman limas. Tienen tres lados como las víboras de cascabel. Se empuja y se retira. ¡Vamos a buscarla!</p>
<p>Fueron al taller del hombre y volvieron con la lima. Creyendo que uno solo no tendría fuerzas bastantes, sujetaron la lima entre los tres y empezaron el trabajo. Y se entusiasmaron tanto, que al rato la jaula entera temblaba con las sacudidas y hacía un terrible ruido. Tal ruido hacía, que el perro se despertó, lanzando un ronco ladrido. Mas los coatís no esperaron a que el perro les pidiera cuenta de ese escándalo y dispararon al monte, dejando la lima tirada.</p>
<p>Al día siguiente, los chicos fueron temprano a ver a su nuevo huésped, que estaba muy triste.</p>
<p>—¿Qué nombre le pondremos? —preguntó la nena a su hermano.</p>
<p>—¡Ya sé! —respondió el varoncito—. ¡Le pondremos Diecisiete!</p>
<p>¿Por qué Diecisiete? Nunca hubo bicho del monte con nombre más raro. Pero el varoncito estaba aprendiendo a contar, y tal vez le había llamado la atención aquel número.</p>
<p>El caso es que se llamó Diecisiete. Le dieron pan, uvas, chocolate, carne, langostas, huevos, riquísimos huevos de gallina, lograron que en un solo día se dejara rascar la cabeza; y tan grande es la sinceridad del cariño de las criaturas, que, al llegar la noche, el coatí estaba casi resignado con su cautiverio. Pensaba a cada momento en las cosas ricas que había para comer allí, y pensaba en aquellos rubios cachorritos de hombre que tan alegres y buenos eran.</p>
<p>Durante dos noches seguidas, el perro durmió tan cerca de la jaula, que la familia del prisionero no se atrevió a acercarse, con gran sentimiento. Cuando a la tercera noche llegaron de nuevo a buscar la lima para dar libertad al coaticito, éste les dijo:</p>
<p>—Mamá: yo no quiero irme más de aquí. Me dan huevos y son muy buenos conmigo. Hoy me dijeron que si me portaba bien me iban a dejar suelto muy pronto. son como nosotros son cachorritos también, y jugamos juntos.</p>
<p>Los coatís salvajes quedaron muy tristes, pero se resignaron, prometiendo al coaticito venir todas las noches a visitarlo.</p>
<p>Efectivamente, todas las noches, lloviera o no, su madre y sus hermanos iban a pasar un rato con él. El coaticito les daba pan por entre el tejido de alambre, y los coatís salvajes se sentaban a comer frente a la jaula.</p>
<p>Al cabo de quince días, el coaticito andaba suelto y él mismo se iba de noche a su jaula. Salvo algunos tirones de orejas que se llevaba por andar muy cerca del gallinero, todo marchaba bien. Él y las criaturas se querían mucho, y los mismos coatís salvajes, al ver lo buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían concluido por tomar cariño a las dos criaturas.</p>
<p>Hasta que una noche muy oscura, en que hacía mucho calor y tronaba, los coatís salvajes llamaron al coaticito y nadie les respondió. Se acercaron muy inquietos y vieron entonces, en el momento en que casi la pisaban, una enorme víbora que estaba enroscada en la entrada de la jaula. Los coatís comprendieron en seguida que el coaticito había sido mordido al entrar, y no había respondido a su llamado porque acaso estaba ya muerto. Pero lo iban a vengar bien. En un segundo, entre los tres, enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.</p>
<p>Corrieron entonces adentro, y allí estaba en efecto el coaticito, tendido, hinchado, con las patas temblando y muriéndose. En balde los coatís salvajes lo movieron; lo lamieron en balde por todo el cuerpo durante un cuarto de hora. El coaticito abrió por fin la boca y dejó de respirar, porque estaba muerto.</p>
<p>Los coatís son casi refractarios como se dice, al veneno de las víboras. No les hace casi nada el veneno, y hay otros animales, como la mangosta que resisten muy bien el veneno de las víboras. Con toda seguridad el coaticito había sido mordido en una arteria o una vena porque entonces la sangre se envenena en seguida, y el animal muere. Esto le había pasado al coaticito.</p>
<p>Al verlo así, su madre y sus hermanos lloraron un largo rato. Después, como nada más tenían que hacer allí, salieron de la jaula, se dieron vuelta para mirar por última vez la casa donde tan feliz había sido el coaticito, y se fueron otra vez al monte.</p>
<p>Pero los tres coatís, sin embargo, iban muy preocupados, y su preocupación era ésta: ¿qué iban a decir los chicos, cuando, al día siguiente, vieran muerto a su querido coaticito? Los chicos le querían muchísimo, y ellos, los coatís, querían también a los cachorritos rubios. Así es que los tres coatís tenían el mismo pensamiento, y era evitarles ese gran dolor a los chicos.</p>
<p>Hablaron un largo rato y al fin decidieron lo siguiente: el segundo de los coatís, que se parecía muchísimo al menor en cuerpo y en modo de ser, iba a quedarse en la jaula en vez del difunto. Como estaban enterados de muchos secretos de la casa, por los cuentos del coaticito, los chicos no desconocerían nada; extrañarían un poco algunas cosas, pero nada más.</p>
<p>Y así pasó en efecto. Volvieron a la casa, y un nuevo coaticito , reemplazó al primero, mientras la madre y el otro hermano se llevaban sujetos a los dientes el cadáver del menor. Lo llevaron despacio al monte, y la cabeza colgaba, balanceándose, y la cola iba arrastrando por el suelo.</p>
<p>Al día siguiente los chicos extrañaron, efectivamente, algunas costumbres raras del coaticito. Pero como éste era tan bueno y cariñoso como el otro, las criaturas no tuvieron la menor sospecha. Formaron la misma familia de cachorritos de antes, y, como antes, los coatís salvajes venían noche a noche a visitar al coaticito civilizado, y se sentaban a su lado a comer pedacitos de huevos duros que él les guardaba, mientras ellos le contaban la vida de la selva.</p>
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		<itunes:subtitle>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga - Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga

Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cab...</itunes:summary>
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		<title>La ciudad de Esteco</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2008/05/la-ciudad-de-esteco/</link>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2008 20:57:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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<span style="text-decoration: underline;"><strong><br />
</strong></span></p>
<p>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><br />
<span style="text-decoration: underline;"><strong><br />
</strong></span></p>
<p>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.</p>
<p>Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.</p>
<p><span id="more-92"></span></p>
<p>Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.</p>
<p>El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto.</p>
<p>El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.</p>
<p>La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.</p>
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		<itunes:subtitle>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata. - </itunes:subtitle>
		<itunes:summary>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.

Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.



Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.

El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto.

El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.

La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.</itunes:summary>
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		<title>Cielito Lindo</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 22:02:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/entre_cada_palabra.jpg" alt="MartaGomez" align="left" height="190" width="190" />At the end of &#8220;El callejón de la Buena Muerte,&#8221; is a beautiful rendition of <em><strong>Cielito Lindo</strong></em> sung by Colombian singer <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/band">Marta Gómez</a>. The song is from her album <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/music"><em>Entre Cada Palabra</em></a> and is a lovely lullaby. Here&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/entre_cada_palabra.jpg" alt="MartaGomez" align="left" height="190" width="190" />At the end of &#8220;El callejón de la Buena Muerte,&#8221; is a beautiful rendition of <em><strong>Cielito Lindo</strong></em> sung by Colombian singer <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/band">Marta Gómez</a>. The song is from her album <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/music"><em>Entre Cada Palabra</em></a> and is a lovely lullaby. Here are the lyrics:</p>
<p><span id="more-87"></span></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><em>De la Sierra Morena,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo vienen bajando,</em></p>
<p align="center"><em>Un par de ojitos negros,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo de contrabando</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"> <strong>Coro:</strong></p>
<p align="center"><em>Ay,ay,ay,ay,</em></p>
<p align="center"><em>Canta, no llores</em></p>
<p align="center"><em>Porque cantando se alegran,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo los corazones </em></p>
<p align="center"><em>Ese lunar que tienes,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo, junto a la boca,</em></p>
<p align="center"><em>No se lo des a nadie,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo que a mí me toca</em></p>
<p align="center"><strong>Coro</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El callejón de la Buena Muerte</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 21:35:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Intermedio]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna. Tanto ella como el niño vestían con ropa viejas y harapientas aunque siempre limpias, y poco era lo que comían; habitaban en una pequeña casa que era solo un cuartito.</p>
<p><span id="more-85"></span></p>
<p>La viejita tenía constantemente la preocupación de que si se moría, el pequeño se quedaría solo y desamparado, había noches en que no podía dormir pensando en ello, pues no tenían ningún pariente; se encontraban solos en el mundo. En una ocasión el niño enfermó gravemente, ella desesperada no hacía más que llorar y rezar, pidiéndole a Dios que no se llevara lo único que tenía. En eso, se le apareció la Muerte diciéndole que debido a sus ruegos, estaba dispuesta a dejarle a su nieto, pero con la condición de que ella quedara ciega por el resto de sus días; trato que, sin pensarlo, la anciana aceptó. Desde entonces el niño le sirvió de lazarillo, y la gente al ver ese triste cuadro, aumentó sus dádivas.<br />
Pasó el tiempo y fue ella la que enfermó; el niño le preguntaba a quién debería rezar, a quién debía encomendarla para que no fuera a morir y a dejarlo solo. La ancianita le contó que al nacer él, su madre había muerto y que, desde entonces, ella había vivido para cuidarlo y quererlo. Se quedaron dormidos y, en el sueño, la anciana volvió a ver a la Muerte; con su figura esquelética vestida de negro, le anunció que venía por ella, la viejecita le suplicó que la dejara un tiempo más, y la Muerte le dijo que lo haría a cambio de los ojos del niño, pero ella no aceptó porque no quería que el pequeño sufriera. La Muerte le dijo entonces que lo único que podía hacer era llevárselos a los dos para que estuvieran juntos para siempre. La anciana aceptó, pidiéndole que lo hiciera en ese momento para que el niño, que estaba durmiendo, para que no sintiera nada.</p>
<p>Así lo hizo la Muerte, llevándoselos al otro mundo y, justo en ese momento, los vecinos oyeron el doblar de las campanas, de una manera tan misteriosa, que su sonido no se parecía a ningún otro. Cuando amaneció, los vecinos se dieron cuenta de lo sucedido, pensando que la abuelita y el nieto habían muerto de frío.</p>
<p>Una vecina corrió la voz de que había sido la propia viejecita quien había pedido a la Muerte que se los llevara juntos, para no padecer más y, con el tiempo se dijo que la Muerte se aparecía frecuentemente por ese callejón y que se le veía por las noches, como una sombra, cerca de aquel cuartito; después a petición de los vecinos, el cuartucho aquel fue derribado, con objeto de levantar allí una capillita en donde se veneraría al Señor del Buen Viaje, en recuerdo de aquel suceso.</p>
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		<itunes:subtitle>Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna. Tanto ella como el niño vestían con ropa viejas y harapientas aunque siempre limpias, y poco era lo que comían; habitaban en una pequeña casa que era solo un cuartito.



La viejita tenía constantemente la preocupación de que si se moría, el pequeño se quedaría solo y desamparado, había noches en que no podía dormir pensando en ello, pues no tenían ningún pariente; se encontraban solos en el mundo. En una ocasión el niño enfermó gravemente, ella desesperada no hacía más que llorar y rezar, pidiéndole a Dios que no se llevara lo único que tenía. En eso, se le apareció la Muerte diciéndole que debido a sus ruegos, estaba dispuesta a dejarle a su nieto, pero con la condición de que ella quedara ciega por el resto de sus días; trato que, sin pensarlo, la anciana aceptó. Desde entonces el niño le sirvió de lazarillo, y la gente al ver ese triste cuadro, aumentó sus dádivas.
Pasó el tiempo y fue ella la que enfermó; el niño le preguntaba a quién debería rezar, a quién debía encomendarla para que no fuera a morir y a dejarlo solo. La ancianita le contó que al nacer él, su madre había muerto y que, desde entonces, ella había vivido para cuidarlo y quererlo. Se quedaron dormidos y, en el sueño, la anciana volvió a ver a la Muerte; con su figura esquelética vestida de negro, le anunció que venía por ella, la viejecita le suplicó que la dejara un tiempo más, y la Muerte le dijo que lo haría a cambio de los ojos del niño, pero ella no aceptó porque no quería que el pequeño sufriera. La Muerte le dijo entonces que lo único que podía hacer era llevárselos a los dos para que estuvieran juntos para siempre. La anciana aceptó, pidiéndole que lo hiciera en ese momento para que el niño, que estaba durmiendo, para que no sintiera nada.

Así lo hizo la Muerte, llevándoselos al otro mundo y, justo en ese momento, los vecinos oyeron el doblar de las campanas, de una manera tan misteriosa, que su sonido no se parecía a ningún otro. Cuando amaneció, los vecinos se dieron cuenta de lo sucedido, pensando que la abuelita y el nieto habían muerto de frío.

Una vecina corrió la voz de que había sido la propia viejecita quien había pedido a la Muerte que se los llevara juntos, para no padecer más y, con el tiempo se dijo que la Muerte se aparecía frecuentemente por ese callejón y que se le veía por las noches, como una sombra, cerca de aquel cuartito; después a petición de los vecinos, el cuartucho aquel fue derribado, con objeto de levantar allí una capillita en donde se veneraría al Señor del Buen Viaje, en recuerdo de aquel suceso.</itunes:summary>
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		<title>Tres Cabritos Broncos (The 3 Billy Goats Gruff)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 May 2008 10:19:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p style="float: right; margin-left: 10px; margin-bottom: 10px">
</p><p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/billygoats.jpg" alt="BillyGoatsGruff" width="500" height="347" align="top" /></p>
<p><span style="font-size: 0.9em; margin-top: 0px"><br />
<em><a href="http://www.flickr.com/photos/paulcrispin/1576130778/">Mr Billy Goat and His Wife</a><br />
Photo by <a href="http://www.flickr.com/people/paulcrispin/">Paul Crispin</a></em><br />
</span></p>
<p>Había una vez, un campo cerca del río.  En ese lugar, vivían tres cabritos, uno cabrito grande, uno cabrito&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float: right; margin-left: 10px; margin-bottom: 10px">
<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/billygoats.jpg" alt="BillyGoatsGruff" width="500" height="347" align="top" /></p>
<p><span style="font-size: 0.9em; margin-top: 0px"><br />
<em><a href="http://www.flickr.com/photos/paulcrispin/1576130778/">Mr Billy Goat and His Wife</a><br />
Photo by <a href="http://www.flickr.com/people/paulcrispin/">Paul Crispin</a></em><br />
</span></p>
<p>Había una vez, un campo cerca del río.  En ese lugar, vivían tres cabritos, uno cabrito grande, uno cabrito mediano y uno pequeño.  Comían el pasto del campo y bebían del agua del río.</p>
<p>El pasto del campo no era muy bueno. Ellos querían más. Cada día ellos miraban, a través del río, el campo que estaba al otro lado. Estaba lleno de un pasto jugoso y alto, con el que soñaban comer.</p>
<p>Desafortunadamente, el campo que tenía el pasto bueno, estaba al otro lado del río y la única forma de llegar a éste, era por un puente de madera.</p>
<p>Por debajo del puente, había un trol grande y hambriento que se quería comer a  los cabritos. Ellos le tenían mucho miedo y no se atrevían a pasar por el puente de madera, por eso, se quedaron en su propio campo, comiendo el pasto duro y enflaqueciendo día tras día.</p>
<p>Un día, el cabrito pequeño se sentó mirando al otro lado del río, al pasto verde y alto.  Estaba triste porque lo único que tenía para comer era el duro pasto de su lado del río.</p>
<p>Pensó en el campo. Pensó en el puente y pensó en el trol.  Luego, se le ocurrió una idea.</p>
<p><span id="more-78"></span></p>
<p>Llamó a sus hermanos y les dijo lo que quería hacer.</p>
<p>A la mañana siguiente, el cabrito más pequeño, comenzó a cruzar por el puente de madera.</p>
<p><em>Tip-tap tip-tap tapatap,</em> sonaba.</p>
<p>El trol grande y hambriento gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?</p>
<p>El cabrito más pequeño respondió: -Soy yo, el cabrito bronco más pequeño.</p>
<p>El trol gritó: -Voy a comerte.</p>
<p>-¡Uyy! ¡No hagas eso! -exclamó el cabrito más pequeño-. Soy pequeño y delgado. No sería una buena cena.</p>
<p>Entonces, el trol se quedó por debajo del puente y el cabrito más pequeño, cruzó el puente y se pasó al campo que estaba lleno del sabroso pasto, de donde comió todo lo que quería.</p>
<p>Por la tarde, el cabrito mediano, comenzó a caminar para cruzar el puente.</p>
<p><em>Tip-tap tip-tap tapatap</em>, resonaba.</p>
<p>El trol, grande y hambriento, empezó  a montarse por el puente y gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?</p>
<p>El cabrito mediana respondió: -Soy yo, el cabrito bronco mediano.</p>
<p>El troll gritó: -¡Voy  a comerte!</p>
<p>-¡Oh, no hagas eso! -dijo el cabrito mediano-. No soy muy gordo y no sería una buena cena. Espera a mi hermano. Él es más grande y más gordo que yo.</p>
<p>Entonces, el trol se quedó por debajo del puente y el cabrito mediano, cruzó hacia el campo que estaba lleno del sabroso pasto, de donde comió todo lo que quería.</p>
<p>Por la noche, el cabrito más grande, comenzó a caminar por el puente.</p>
<p><em>Tip-tap tip-tap tapatap</em>, crujía el puente con el enorme cabra.</p>
<p>El trol grande y hambriento, comenzó a treparse al puente y gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?</p>
<p>El cabrito más grande respondió: -Soy yo, el cabrito bronco más grande.</p>
<p>El trol saltó al puente y gritó: -¡Voy  a comerte!</p>
<p>El cabrito más grande rumió: -¡Qué va! ¡No vas a comerme!</p>
<p style="text-align: center;"><em>Tengo en la frente un par de lanzas.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Y mi cabeza, como una piedra.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Pesuñas duras y fuertes patas.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Y mis dos cuernos contra tu panza.</em></p>
<p>Y, mientras esto decía, corrió hacia el troll y lo empujó con sus cuernos fuera del puente.</p>
<p>¡El trol se cayó al fondo del río! Estaba avergonzado, se escapó y nadie le volvió a ver.</p>
<p>Los tres cabritos broncas se quedaron en el campo que tenía el pasto sabroso y vivieron felices para siempre, engordándose día tras día.</p>
<p align="center"><em>Tip-tap tip-tap tapatap, tip-top tip top tapatop</em></p>
<p align="center"><em>El cabrito ya comió</em></p>
<p align="center"><em>Y este cuento se acabó.</em></p>
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		<itunes:subtitle>Mr Billy Goat and His Wife Photo by Paul Crispin Había una vez, un campo cerca del río.  En ese lugar, vivían tres cabritos, uno cabrito grande, uno cabrito mediano y uno pequeño.  Comían el pasto del campo y bebían del agua del río. - </itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Mr Billy Goat and His Wife
Photo by Paul Crispin


Había una vez, un campo cerca del río.  En ese lugar, vivían tres cabritos, uno cabrito grande, uno cabrito mediano y uno pequeño.  Comían el pasto del campo y bebían del agua del río.

El pasto del campo no era muy bueno. Ellos querían más. Cada día ellos miraban, a través del río, el campo que estaba al otro lado. Estaba lleno de un pasto jugoso y alto, con el que soñaban comer.

Desafortunadamente, el campo que tenía el pasto bueno, estaba al otro lado del río y la única forma de llegar a éste, era por un puente de madera.

Por debajo del puente, había un trol grande y hambriento que se quería comer a  los cabritos. Ellos le tenían mucho miedo y no se atrevían a pasar por el puente de madera, por eso, se quedaron en su propio campo, comiendo el pasto duro y enflaqueciendo día tras día.

Un día, el cabrito pequeño se sentó mirando al otro lado del río, al pasto verde y alto.  Estaba triste porque lo único que tenía para comer era el duro pasto de su lado del río.

Pensó en el campo. Pensó en el puente y pensó en el trol.  Luego, se le ocurrió una idea.



Llamó a sus hermanos y les dijo lo que quería hacer.

A la mañana siguiente, el cabrito más pequeño, comenzó a cruzar por el puente de madera.

Tip-tap tip-tap tapatap, sonaba.

El trol grande y hambriento gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?

El cabrito más pequeño respondió: -Soy yo, el cabrito bronco más pequeño.

El trol gritó: -Voy a comerte.

-¡Uyy! ¡No hagas eso! -exclamó el cabrito más pequeño-. Soy pequeño y delgado. No sería una buena cena.

Entonces, el trol se quedó por debajo del puente y el cabrito más pequeño, cruzó el puente y se pasó al campo que estaba lleno del sabroso pasto, de donde comió todo lo que quería.

Por la tarde, el cabrito mediano, comenzó a caminar para cruzar el puente.

Tip-tap tip-tap tapatap, resonaba.

El trol, grande y hambriento, empezó  a montarse por el puente y gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?

El cabrito mediana respondió: -Soy yo, el cabrito bronco mediano.

El troll gritó: -¡Voy  a comerte!

-¡Oh, no hagas eso! -dijo el cabrito mediano-. No soy muy gordo y no sería una buena cena. Espera a mi hermano. Él es más grande y más gordo que yo.

Entonces, el trol se quedó por debajo del puente y el cabrito mediano, cruzó hacia el campo que estaba lleno del sabroso pasto, de donde comió todo lo que quería.

Por la noche, el cabrito más grande, comenzó a caminar por el puente.

Tip-tap tip-tap tapatap, crujía el puente con el enorme cabra.

El trol grande y hambriento, comenzó a treparse al puente y gritó: -¿Quién es ese que está trotando sobre mi puente?

El cabrito más grande respondió: -Soy yo, el cabrito bronco más grande.

El trol saltó al puente y gritó: -¡Voy  a comerte!

El cabrito más grande rumió: -¡Qué va! ¡No vas a comerme!
Tengo en la frente un par de lanzas.
Y mi cabeza, como una piedra.
Pesuñas duras y fuertes patas.
Y mis dos cuernos contra tu panza.

Y, mientras esto decía, corrió hacia el troll y lo empujó con sus cuernos fuera del puente.

¡El trol se cayó al fondo del río! Estaba avergonzado, se escapó y nadie le volvió a ver.

Los tres cabritos broncas se quedaron en el campo que tenía el pasto sabroso y vivieron felices para siempre, engordándose día tras día.
Tip-tap tip-tap tapatap, tip-top tip top tapatop
El cabrito ya comió
Y este cuento se acabó.</itunes:summary>
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		<title>La Momia</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2008/04/momia-de-guanajuato/</link>
		<comments>http://www.codyscuentos.com/2008/04/momia-de-guanajuato/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 12:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/momia.jpg" alt="LaMomia" width="365" height="233" align="right" /> In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/momia.jpg" alt="LaMomia" width="365" height="233" align="right" /> In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay a burial tax. This tax could be paid once or in yearly installments. If after three years the families couldn&#8217;t pay the fee or just simply stopped paying, the corpses were exhumed from their graves to make more room for other deceased. But when the bodies were exhumed, the grave diggers discovered that the corpses had been unintentionally turned into mummies, due to the extremely dry weather and soil conditions in this part of Mexico.</p>
<p>The mummies of Guanajuato became a tourist attraction starting in the late 1800s and although the practice of exhuming bodies from the local graveyards has ceased, the original mummies found during that time period continue to be on display at the local museum to this day.</p>
<p>So today we leave behind the light-hearted fairy tales and enter a terrain filled with much darker characters. Although this story is probably more appropriate for Halloween, I didn&#8217;t want to wait until the fall to post this scary legend. Make sure you listen to this one with the lights on! <img src='http://www.codyscuentos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>

<p><span id="more-74"></span></p>
<p>Caso verdaderamente extraño e interesante es el que van ustedes a escuchar, el de cuya veracidad espero que su buen juicio lo considere y lo pondere.</p>
<p>Cuentan que hubo un fraile que vestía tosco sayal y calzaba humildes sandalias allá en los tiempos en que los religiosos cumplían más severamente con las obligaciones de su ministerio. Además, se afirma que vivía una vida llena de austeridad y sacrificio, al grado de que usaba constantemente bajo sus ropas un cilicio alrededor de la cintura.</p>
<p>Este sacerdote, por sus virtudes, fue muy querido, pues gustaba de consolar a los pobres y fortalecer a los débiles, de modo que se hizo proverbial entre toda la gente que lo trataba, hasta de aquellos que gozaban de toda clase de comodidades. Dícese que una vez al cruzar por la plaza del Baratillo, tropezó con un sujeto que gozaba de fama de incrédulo quien le dio un empellón, al momento que lanzaba esta expresión al venerable anciano: <em>-Apuesto a que el padre, no se atreve a tomar una copa conmigo</em>.</p>
<p>El ministro, con toda humildad, contestó -<em>Gracias hijo, y que Dios te perdone</em>- y siguió su camino indiferente. El sujeto aquel, a pesar de su embriaguez, pudo darse cuenta, con profundo asombro, que el sacerdote no tocaba con los pies el suelo, y que además se deslizaba a cierta altura del pavimento. De momento lo atribuyó a la bebida, pero viéndolo con más atención, comprobó que más que una persona física era como una sombra, y su espanto cundió de pronto.</p>
<p>Pasó sin embargo esta impresión, y algunos días más tarde el personaje de este relato siendo un minero, sufrió un accidente en su trabajo, junto con otros compañeros. Sintiéndose a punto de morir, se acobardó hasta el grado de implorar que le llevaran a un sacerdote porque iba a morir. Así lo hicieron los compañeros, y poco tiempo después llegó el sacerdote y se puso a su lado.</p>
<p>-<em>Padre</em>- le dijo con voz entrecortada y débil, -<em>acúsome de haber faltado una vez a un sacerdote y de haberme burlado de él</em>.</p>
<p>-<em>Sí</em>- contestó el fraile -<em>¡Ése era yo!</em></p>
<p>El moribundo se estremeció de terror, y con los ojos desorbitados, viendo fijamente al religioso exhaló el último suspiro.</p>
<p>Cuentan que entre las momias que hay en el panteón, se encuentra una que pertenece a aquel minero y que conserva la expresión de horror en su cara, con los ojos exageradamente abiertos, pues aseguran que nadie pudo cerrárselos después de su muerte.</p>
<p><em>Foto de <a href="http://www.flickr.com/photos/clauudiia/2347022132/">una momia de Guanajuato</a> de <a href="http://www.flickr.com/photos/clauudiia/2347022132/">clara</a></em></p>
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		<itunes:subtitle>In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay a burial tax.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay a burial tax. This tax could be paid once or in yearly installments. If after three years the families couldn&#039;t pay the fee or just simply stopped paying, the corpses were exhumed from their graves to make more room for other deceased. But when the bodies were exhumed, the grave diggers discovered that the corpses had been unintentionally turned into mummies, due to the extremely dry weather and soil conditions in this part of Mexico.

The mummies of Guanajuato became a tourist attraction starting in the late 1800s and although the practice of exhuming bodies from the local graveyards has ceased, the original mummies found during that time period continue to be on display at the local museum to this day.

So today we leave behind the light-hearted fairy tales and enter a terrain filled with much darker characters. Although this story is probably more appropriate for Halloween, I didn&#039;t want to wait until the fall to post this scary legend. Make sure you listen to this one with the lights on! :)





Caso verdaderamente extraño e interesante es el que van ustedes a escuchar, el de cuya veracidad espero que su buen juicio lo considere y lo pondere.

Cuentan que hubo un fraile que vestía tosco sayal y calzaba humildes sandalias allá en los tiempos en que los religiosos cumplían más severamente con las obligaciones de su ministerio. Además, se afirma que vivía una vida llena de austeridad y sacrificio, al grado de que usaba constantemente bajo sus ropas un cilicio alrededor de la cintura.

Este sacerdote, por sus virtudes, fue muy querido, pues gustaba de consolar a los pobres y fortalecer a los débiles, de modo que se hizo proverbial entre toda la gente que lo trataba, hasta de aquellos que gozaban de toda clase de comodidades. Dícese que una vez al cruzar por la plaza del Baratillo, tropezó con un sujeto que gozaba de fama de incrédulo quien le dio un empellón, al momento que lanzaba esta expresión al venerable anciano: -Apuesto a que el padre, no se atreve a tomar una copa conmigo.

El ministro, con toda humildad, contestó -Gracias hijo, y que Dios te perdone- y siguió su camino indiferente. El sujeto aquel, a pesar de su embriaguez, pudo darse cuenta, con profundo asombro, que el sacerdote no tocaba con los pies el suelo, y que además se deslizaba a cierta altura del pavimento. De momento lo atribuyó a la bebida, pero viéndolo con más atención, comprobó que más que una persona física era como una sombra, y su espanto cundió de pronto.

Pasó sin embargo esta impresión, y algunos días más tarde el personaje de este relato siendo un minero, sufrió un accidente en su trabajo, junto con otros compañeros. Sintiéndose a punto de morir, se acobardó hasta el grado de implorar que le llevaran a un sacerdote porque iba a morir. Así lo hicieron los compañeros, y poco tiempo después llegó el sacerdote y se puso a su lado.

-Padre- le dijo con voz entrecortada y débil, -acúsome de haber faltado una vez a un sacerdote y de haberme burlado de él.

-Sí- contestó el fraile -¡Ése era yo!

El moribundo se estremeció de terror, y con los ojos desorbitados, viendo fijamente al religioso exhaló el último suspiro.

Cuentan que entre las momias que hay en el panteón, se encuentra una que pertenece a aquel minero y que conserva la expresión de horror en su cara, con los ojos exageradamente abiertos, pues aseguran que nadie pudo cerrárselos después de su muerte.

Foto de una momia de Guanajuato de clara</itunes:summary>
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		<title>Garbancito</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Mar 2008 20:27:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg" alt="Garbancito" width="300" height="274" align="left" />Today&#8217;s <em>audio cuento</em> is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg" alt="Garbancito" width="300" height="274" align="left" />Today&#8217;s <em>audio cuento</em> is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that Cody and I heard the ending to this story we couldn&#8217;t believe it. It was so funny, we couldn&#8217;t stop laughing!</p>
<p>The original version of this story, called <em>Patufet</em>, was written in catalan. That&#8217;s the language spoken in Catalonia (<em>Cataluña en español</em>), a region in Spain. Our friend Megui reads this story. She is from Barcelona, a city in Catalonia, and  she does a great job bringing Garbancito and his amusing story to life.</p>
<p>Get the complete <a title="Garbancito transcript" href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/garbancito/" target="_self">&#8220;Garbancito&#8221; transcript in Spanish</a> in the Cody&#8217;s Cuentos store!</p>
<p><a title="Garbancito" href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg"> </a></p>
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		<itunes:summary>Today&#039;s audio cuento is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that Cody and I heard the ending to this story we couldn&#039;t believe it. It was so funny, we couldn&#039;t stop laughing!

The original version of this story, called Patufet, was written in catalan. That&#039;s the language spoken in Catalonia (Cataluña en español), a region in Spain. Our friend Megui reads this story. She is from Barcelona, a city in Catalonia, and  she does a great job bringing Garbancito and his amusing story to life.

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