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	<title>Cody&#039;s Cuentos &#187; Nivel Avanzado</title>
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	<description>Learn Spanish with Codys Cuentos! Audio cuentos, classic fairy tales in Spanish, audiocuentos infantiles</description>
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	<itunes:summary>Cody&#039;s Cuentos es un programa de audio cuentos clásicos de los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Charles Perrault y muchos más. Cody&#039;s Cuentos is an audio program of classic children&#039;s stories in Spanish. Transcripts of the stories in Spanish are available at www.codyscuentos.com</itunes:summary>
	<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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	<managingEditor>voicesenespanol@gmail.com (Cody&#039;s Cuentos)</managingEditor>
	<copyright>2010</copyright>
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		<title>Cody&#039;s Cuentos &#187; Nivel Avanzado</title>
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		<item>
		<title>La liebre y la tortuga</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jul 2010 18:17:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><em><strong>Una fábula de Esopo</strong></em></p>
<p>Érase una vez en un bosque cuyos linderos se confundían con fértiles campos de cultivo, una hermosa liebre, de poderosas patas, larguísimas orejas, y pelaje mar´ón grisáceo, que centelleaba al sol, cuando sus rayos se filtraban&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Una fábula de Esopo</strong></em></p>
<p>Érase una vez en un bosque cuyos linderos se confundían con fértiles campos de cultivo, una hermosa liebre, de poderosas patas, larguísimas orejas, y pelaje mar´ón grisáceo, que centelleaba al sol, cuando sus rayos se filtraban entre las hojas de los árboles. La liebre era un animal muy vanidoso, que se jactaba de su valía y su prodigiosa velocidad, despreciando a toda la fauna del bosque.</p>
<p>Todos los animales rehuían la compañía de la liebre. Sus primos hermanos, los conejos, decían:</p>
<p>-No sabe vivir con sus semejantes.</p>
<p>Y todos los animales asentían, pues no simpatizaban con la liebre.</p>
<p>En aquellas acaloradas conversaciones en las que unos y otros se dedicaban a poner en evidencia los defectos de la liebre, la tortuga terrestre solía poner fin a las críticas:</p>
<p>-Nuestra amiga es joven y rápida. Ha conseguido escapar de todos los cazadores y también de las trampas que le tienden los agricultores. La edad acabará haciéndola más tolerante y menos vanidosa.</p>
<p>Y no era extraño que la tortuga hablase de edad. Su dilatada experiencia de más de trienta años, la habían convertido en un animal tranquilo, tenaz y prudente, que poseía toda la sabiduría del mundo en su corazón, y a la que los animales solían consultar cuando les asaltaba alguna duda.</p>
<p>Por aquel entonces era el fin del verano. La mayor parte de los animales iba a iniciar su período de hibernación, y muchos no se verían entre sí hasta que llegase la primavera, de modo que, como todos los años, convocaron una bonita fiesta en la que no faltaban sabrosos vegetales que habían recolectado en abundancia.</p>
<p>Todo era alegría, hasta que le liebre hizo su aparición, sola, y fanfarroneando, como era su costumbre:</p>
<p>-En invierno dormís y en primavera os tumbáis al sol. ¡Lentas y perezosas criaturas! –dijo la liebre, con desprecio-.  Antes de que os retiréis a vuestras madrigueras, nidos y escondrijos, os reto a todos a una carrera. Prometo daros ventaja para facilitaros la tarea, y toda la comida de la que dispongo en mi despensa como recompensa, si alguno de vosotros es capaz de ganarme.</p>
<p>Los habitantes del bosque se miraron entre sí, invitándose mutuamente a desafiar a la vanidosa liebre.</p>
<p>-Yo estoy en desventaja –dijo el ciervo, célebre por su velocidad-. Mis cuernos se enredan en las ramas y no terminaré la carrera.</p>
<p>-Yo debo guardar mis fuerzas para huir de los cazadores –afirmó el zorro-. No voy a jugarme mi preciado pellejo por una tonta apuesta.</p>
<p>-Nosotros no podemos –piaron al unísono las aves del bosque-, porque no sabemos correr, sólo volar… Y eso no es lo mismo.</p>
<p>-Y yo sólo sé saltar –comentó la rana con un suspiro.</p>
<p>Los conejos intervinieron:</p>
<p>-No podemos llamar al lobo, podría aprovechar y merendarse nuestra carne suculenta –dijeron abrazándose los unos a los otros.</p>
<p>Un incómodo silencio amenazaba con arruinar la fiesta del otoño, cuando la tortuga sabía dio un paso hacia delante:</p>
<p>-Yo competiré con la liebre.</p>
<p>Tras un instante de perplejidad, comenzaron a oírse algunas carcajadas y multitud de murmullos escandalizados.</p>
<p>-¡Pero eso no puede ser! –gorjeaban los pájaros-. No hay animal más lento en el bosque.</p>
<p>Sólo el búho asentía, aprobando la decisión de su sabia amiga la tortuga:  -Será una carrera muy justa.</p>
<p>Disimulando su hilaridad, la liebre aceptó el ofrecimiento, con toda la solemnidad de la que fue capaz. La tortuga empezó por nombrar árbitro al búho, ya que lo consideraba imparcial, y así fijaron el día de la carrera, el recorrido de ésta y las normas, que no daban la más mínima ventaja a ninguno de los participantes.</p>
<p>Fijada la carrera para dos días más tarde, la liebre se marchó a alimentarse de zanahorias y coles de los campos vecinos, y la tortuga comenzó un plan intensivo de entrenamiento.</p>
<p>Al amanecer del día señalado para la gran carrera, todos los animales del bosque ya se habían apostado a uno y otro lado del camino, con distintas intenciones. Unos iban porque no tenían otra cosa que hacer; otros deseaban dar ánimos a la buena tortuga, la única capaz de aceptar el desafío, pese a sus nulas oportunidades de salir victoriosa… Otros deseaban ver la carrera espectacular de la liebre.</p>
<p>A la hora convenida, la tortuga y la liebre estaban en la línea de salida, y a la señal del búho, ambas iniciaron la carrera.</p>
<p>A tres pasos escasos de la salida, la liebre se detuvo bruscamente e hizo un exagerado ademán de cortesía, dejando el paso a la tortuga, con una arrogancia tan irritante, que provocó la indignación de buena parte del público.</p>
<p>-¡<em>Buuuuuuuhhhhhhh!</em> -abucheaban los presentes.</p>
<p>La tortuga, concentrada como estaba en la carrera, ignoró el incidente y prosiguió su paso regular y decidido. La liebre se detuvo un buen rato dejando una ventaja a la tortuga que ésta nunca había pedido.</p>
<p>Como parecía que el espectáculo había perdido animación. La liebre llamó la atención de la concurrencia.</p>
<p>-¡Observen, queridos amigos! ¡Van a contemplar al animal más rápido del mundo, ejecutando una carrera ejemplar de cien metros!</p>
<p>Y visto y no visto, la liebre recorrió los cien metros que le separaban de la tortuga en menos de cinco segundos. El público comenzó a exclamar con admiración, y se oyeron unos tímidos gritos de ánimo.</p>
<p>-No dejes que te intimide, tortuga. ¡Serás la ganadora!</p>
<p>Y la tortuga siguió con determinación la carrera.</p>
<p>La carrera discurría ahora por el lado del bosque más cercano a los huertos, y como la liebre tenía hambre, pues se aproximab a la hora del almuerzo, se desvió al huerto más cercano a comer algunas zanahorias y vegetales.</p>
<p>La tortuga apenas se permitió una mirada de reojo a su contrincante, que se alejaba por los campos en busca de un tentempié.</p>
<p>El sol ya estaba bien alto en el cielo cuando la liebre dio por concluida su copiosa comida. Era un día claro y cálido del otoño y la temperatura era muy agradable. Una intensa pereza comenzó a entornar los párpados de la liebre, que sentía el vientre un poco pesado de tanta comida.</p>
<p>-Creo que merezco una siesta. Descansada, acabaré la carrera mucho mejor.</p>
<p>Buscó un árbol alejado del recorrido de la carrera, que aquel día estaba muy frecuentado, y se echó a dormir.</p>
<p>La tortuga no se detuvo. Previsora, había resulto llevar consigo algunos frutos secos y agua, y sin detenerse ni un instante, de vez en cuando se llevaba a la boca una nuez o una avellana y un pequeño trago de agua.</p>
<p>Los animales que seguían a la tortuga por el recorrido de la carrera, admiraban la tenacidad de ésta, ya que ellos debían sentarse con frecuencia a descansar un poco a un lado del sendero.</p>
<p>Debían de quedar menos de tres horas para el anochecer cuando la liebre se despertó sobresaltada. Los animales que desambulaban por las cercanías habían desaparecido, siguiendo a la tortuga a su paso regular y tenaz y ya no había ni rastro de ellos.</p>
<p>La liebre corrió un buen trecho, intentando scudirse la modorra de aquella siesta larga, y decidió buscar un arroyo donde remojarse y ponerse en forma para correr el final de la carrera y vencer a la tortuga.</p>
<p>La liebre tuvo que emprender una alocada carrera. Era incapaz de ver exactamente dónde estaba la tortuga. Los habitantes del bosque la seguían, cada uno a la distancia a la que sus ojos y su tamaño le permitían contemplar al animalillo cómodamente, y la línea de meta ya parecía cercana.</p>
<p>La liebre comenzó a correr, gritando a los animales, que le abrían un pasillo, admirados por su velocidad.</p>
<p>La tortuga no aceleró su paso al oír los gritos de la liebre, y las protestas de algunos animales. Tranquila y sin sobresaltos, cruzó con limpieza la línea de meta, sin jactarse al escuchar el enorme griterío que celebraba su victoria.</p>
<p>Unos pasos por detrás, la liebre, aturdida y humillada, intentaba escabullirse sin ver vista, para no tener que soportar las burlas de sus vecinos.</p>
<p>Y es que la constancia y la tenacidad son herramientas más valiosas que las cualidades más brillantes, cuando no van acompañadas del esfuerzo.</p>
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		<itunes:subtitle>Una fábula de Esopo - Érase una vez en un bosque cuyos linderos se confundían con fértiles campos de cultivo, una hermosa liebre, de poderosas patas, larguísimas orejas, y pelaje mar´ón grisáceo, que centelleaba al sol,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Una fábula de Esopo

Érase una vez en un bosque cuyos linderos se confundían con fértiles campos de cultivo, una hermosa liebre, de poderosas patas, larguísimas orejas, y pelaje mar´ón grisáceo, que centelleaba al sol, cuando sus rayos se filtraban entre las hojas de los árboles. La liebre era un animal muy vanidoso, que se jactaba de su valía y su prodigiosa velocidad, despreciando a toda la fauna del bosque.

Todos los animales rehuían la compañía de la liebre. Sus primos hermanos, los conejos, decían:

-No sabe vivir con sus semejantes.

Y todos los animales asentían, pues no simpatizaban con la liebre.

En aquellas acaloradas conversaciones en las que unos y otros se dedicaban a poner en evidencia los defectos de la liebre, la tortuga terrestre solía poner fin a las críticas:

-Nuestra amiga es joven y rápida. Ha conseguido escapar de todos los cazadores y también de las trampas que le tienden los agricultores. La edad acabará haciéndola más tolerante y menos vanidosa.

Y no era extraño que la tortuga hablase de edad. Su dilatada experiencia de más de trienta años, la habían convertido en un animal tranquilo, tenaz y prudente, que poseía toda la sabiduría del mundo en su corazón, y a la que los animales solían consultar cuando les asaltaba alguna duda.

Por aquel entonces era el fin del verano. La mayor parte de los animales iba a iniciar su período de hibernación, y muchos no se verían entre sí hasta que llegase la primavera, de modo que, como todos los años, convocaron una bonita fiesta en la que no faltaban sabrosos vegetales que habían recolectado en abundancia.

Todo era alegría, hasta que le liebre hizo su aparición, sola, y fanfarroneando, como era su costumbre:

-En invierno dormís y en primavera os tumbáis al sol. ¡Lentas y perezosas criaturas! –dijo la liebre, con desprecio-.  Antes de que os retiréis a vuestras madrigueras, nidos y escondrijos, os reto a todos a una carrera. Prometo daros ventaja para facilitaros la tarea, y toda la comida de la que dispongo en mi despensa como recompensa, si alguno de vosotros es capaz de ganarme.

Los habitantes del bosque se miraron entre sí, invitándose mutuamente a desafiar a la vanidosa liebre.

-Yo estoy en desventaja –dijo el ciervo, célebre por su velocidad-. Mis cuernos se enredan en las ramas y no terminaré la carrera.

-Yo debo guardar mis fuerzas para huir de los cazadores –afirmó el zorro-. No voy a jugarme mi preciado pellejo por una tonta apuesta.

-Nosotros no podemos –piaron al unísono las aves del bosque-, porque no sabemos correr, sólo volar… Y eso no es lo mismo.

-Y yo sólo sé saltar –comentó la rana con un suspiro.

Los conejos intervinieron:

-No podemos llamar al lobo, podría aprovechar y merendarse nuestra carne suculenta –dijeron abrazándose los unos a los otros.

Un incómodo silencio amenazaba con arruinar la fiesta del otoño, cuando la tortuga sabía dio un paso hacia delante:

-Yo competiré con la liebre.

Tras un instante de perplejidad, comenzaron a oírse algunas carcajadas y multitud de murmullos escandalizados.

-¡Pero eso no puede ser! –gorjeaban los pájaros-. No hay animal más lento en el bosque.

Sólo el búho asentía, aprobando la decisión de su sabia amiga la tortuga:  -Será una carrera muy justa.

Disimulando su hilaridad, la liebre aceptó el ofrecimiento, con toda la solemnidad de la que fue capaz. La tortuga empezó por nombrar árbitro al búho, ya que lo consideraba imparcial, y así fijaron el día de la carrera, el recorrido de ésta y las normas, que no daban la más mínima ventaja a ninguno de los participantes.

Fijada la carrera para dos días más tarde, la liebre se marchó a alimentarse de zanahorias y coles de los campos vecinos, y la tortuga comenzó un plan intensivo de entrenamiento.

Al amanecer del día señalado para la gran carrera, todos los animales del bosque ya se habían apostado a uno y otro lado del camino, con distintas intenciones.</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<item>
		<title>Charlando con Melisa y Marina</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2010/07/charlando-con-melisa-y-marina/</link>
		<comments>http://www.codyscuentos.com/2010/07/charlando-con-melisa-y-marina/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jul 2010 02:34:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LenaD</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
		<category><![CDATA[children speaking spanish]]></category>
		<category><![CDATA[native spanish speakers]]></category>
		<category><![CDATA[spanish]]></category>
		<category><![CDATA[spanish accents]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>Melisa</strong> <em>(She spells it with only one &#8220;s&#8221;)</em>: Hola, mi nombre es Melisa y tengo doce años. Voy a un colegio bilingüe y vivo en España. Tengo unos padres muy buenos y estoy aquí con mi mejor amiga, Marina.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong>:</span>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Melisa</strong> <em>(She spells it with only one &#8220;s&#8221;)</em>: Hola, mi nombre es Melisa y tengo doce años. Voy a un colegio bilingüe y vivo en España. Tengo unos padres muy buenos y estoy aquí con mi mejor amiga, Marina.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong>: </span>Hola, soy Marina. ¿Qué tal, Mel? ¿Qué tal el colegio?</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Ehhhh, bien.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> ¿Cuál es la música que más te gusta?</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Bueno a mí más que la música lo que me gusta es bailar. Y ¿a ti? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> También, me encanta bailar. ¿Tú haces baile clásico o baile moderno?</p>
<p><strong>Melisa</strong>: Hago clásico. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> Pues la verdad lo que más me gustaría cambiar es todo lo que contaminamos en la Tierra.</p>
<p><strong>Melisa:</strong> ¿Qué te hace feliz?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> Pues la verdad tengo un perro que me hace feliz. Estoy feliz con ella,  bueno con él, porque tiene nombre de chica pero es un chico.</p>
<p><em>Melisa se rie. </em></p>
<p><strong><span style="color: #000000;">Eleena:</span></strong> ¿Cómo se llama?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> Se llama <em><a href="http://smallville.wikia.com/wiki/Kal-El" target="_self">Kal-el</a>.*</em> ¿Lo sabías? Es un nombre muy raro. Es de una serie.</p>
<p><strong>Melisa: </strong>¿De qué serie?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina: </span></strong>Una serie inglesa que se llama &#8220;Smallville.&#8221;*<em> [Read footnote below.]</em></p>
<p><strong>Melisa: </strong>¿Y es tu serie favorita?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina: </span></strong>No, tengo más. Oye…por cierto…</p>
<p><strong>Melisa:</strong> ¿Y cuál es?</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina:</span></strong> Pues, hay muchas series, por ejemplo tengo la de &#8220;V&#8221;.</p>
<p><strong>Melisa: </strong>No lo conozco.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina</span></strong>:  Es una abre&#8230; es una abrevia&#8230;una abreviatura de &#8220;visitantes&#8221;.  Ah, por cierto, ¿cuál es tu comida favorita?</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Bueno lo que más me gusta comer es arroz a la cubana, que se compone (de) arroz, tomates, salchichas y huevos.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Marina</span></strong>: Mmmm, ¡qué rico!</p>
<p><strong>Melisa</strong>: Pero mi madre me dice que no puedo tomarlo todos los días porque me puedo poner muy gorda.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong></span>:  Chaa, bueno. Eso es normalmente. Una pregunta, una muy típica. ¿Si tuvieras una caja fuerte, ¿qué guardarías en ella?</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Bueno, pues,  no sé, guardaría muchas casas. El dinero, mis cosas más preciadas, los regalos de mis mejores amigas, es decir los tuyos y más cosas… ¿y tú?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong></span>:  Pues, no sé. A lo mejor…a mi perro, un recuerdo, una foto.</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Melisa</strong></span>: ¿Y cuál es tu mayor deseo?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina:</strong></span> Mi mayor deseo es volar a la luna. Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías y por qué?</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Pues, sería un oso panda o un delfín. Un oso panda porque vive en la tierra y es muy manso, come bambú, y es muy mono y es uno de mis animales favoritos. Y el delfin porque vive en el mar, me encanta el agua, y nada muy rápido pero la verdad no lo sería porque aquí en la tierra, pues matan muchas veces a los deflines y a los osos panda se llevan a una selva y se cuidan mejor.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong></span>: Bueno, Mel, ¿qué te parece los niños que aprenden español?</p>
<p><strong>Melisa</strong>: Bueno, pues, es un gran avance al igual que nosotras que aprendemos inglés.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Marina</strong></span>: Es verdad….que…que…en un futuro seremos buenas inglesas igual que españolas.  Adiós, Melisa. Te veo mañana.</p>
<p><strong>Melisa:</strong> Adiós, Marina….<em>Good-bye!</em></p>
<p><em>[Footnote: <a href="http://smallville.wikia.com/wiki/Kal-El" target="_self">"Kal-el"</a> is the Kryptonian name for Clark Kent, Superman. Marina didn't realize  that it was a guy's name, not a girl`s name. Also, Smallville is a U.S. TV show, not a British one, as Marina indicated.]</em></p>
]]></content:encoded>
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		<itunes:subtitle>Melisa (She spells it with only one &quot;s&quot;): Hola, mi nombre es Melisa y tengo doce años. Voy a un colegio bilingüe y vivo en España. Tengo unos padres muy buenos y estoy aquí con mi mejor amiga, Marina. - Marina: Hola, soy Marina. ¿Qué tal, Mel?</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Melisa (She spells it with only one &quot;s&quot;): Hola, mi nombre es Melisa y tengo doce años. Voy a un colegio bilingüe y vivo en España. Tengo unos padres muy buenos y estoy aquí con mi mejor amiga, Marina.

Marina: Hola, soy Marina. ¿Qué tal, Mel? ¿Qué tal el colegio?

Melisa: Ehhhh, bien.

Marina: ¿Cuál es la música que más te gusta?

Melisa: Bueno a mí más que la música lo que me gusta es bailar. Y ¿a ti? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?

Marina: También, me encanta bailar. ¿Tú haces baile clásico o baile moderno?

Melisa: Hago clásico. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?

Marina: Pues la verdad lo que más me gustaría cambiar es todo lo que contaminamos en la Tierra.

Melisa: ¿Qué te hace feliz?

Marina: Pues la verdad tengo un perro que me hace feliz. Estoy feliz con ella,  bueno con él, porque tiene nombre de chica pero es un chico.

Melisa se rie. 

Eleena: ¿Cómo se llama?

Marina: Se llama Kal-el.* ¿Lo sabías? Es un nombre muy raro. Es de una serie.

Melisa: ¿De qué serie?

Marina: Una serie inglesa que se llama &quot;Smallville.&quot;* [Read footnote below.]

Melisa: ¿Y es tu serie favorita?

Marina: No, tengo más. Oye…por cierto…

Melisa: ¿Y cuál es?

Marina: Pues, hay muchas series, por ejemplo tengo la de &quot;V&quot;.

Melisa: No lo conozco.

Marina:  Es una abre... es una abrevia...una abreviatura de &quot;visitantes&quot;.  Ah, por cierto, ¿cuál es tu comida favorita?

Melisa: Bueno lo que más me gusta comer es arroz a la cubana, que se compone (de) arroz, tomates, salchichas y huevos.

Marina: Mmmm, ¡qué rico!

Melisa: Pero mi madre me dice que no puedo tomarlo todos los días porque me puedo poner muy gorda.

Marina:  Chaa, bueno. Eso es normalmente. Una pregunta, una muy típica. ¿Si tuvieras una caja fuerte, ¿qué guardarías en ella?

Melisa: Bueno, pues,  no sé, guardaría muchas casas. El dinero, mis cosas más preciadas, los regalos de mis mejores amigas, es decir los tuyos y más cosas… ¿y tú?

Marina:  Pues, no sé. A lo mejor…a mi perro, un recuerdo, una foto.

Melisa: ¿Y cuál es tu mayor deseo?

Marina: Mi mayor deseo es volar a la luna. Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías y por qué?

Melisa: Pues, sería un oso panda o un delfín. Un oso panda porque vive en la tierra y es muy manso, come bambú, y es muy mono y es uno de mis animales favoritos. Y el delfin porque vive en el mar, me encanta el agua, y nada muy rápido pero la verdad no lo sería porque aquí en la tierra, pues matan muchas veces a los deflines y a los osos panda se llevan a una selva y se cuidan mejor.

Marina: Bueno, Mel, ¿qué te parece los niños que aprenden español?

Melisa: Bueno, pues, es un gran avance al igual que nosotras que aprendemos inglés.

Marina: Es verdad….que…que…en un futuro seremos buenas inglesas igual que españolas.  Adiós, Melisa. Te veo mañana.

Melisa: Adiós, Marina….Good-bye!

[Footnote: &quot;Kal-el&quot; is the Kryptonian name for Clark Kent, Superman. Marina didn&#039;t realize  that it was a guy&#039;s name, not a girl`s name. Also, Smallville is a U.S. TV show, not a British one, as Marina indicated.]</itunes:summary>
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		<item>
		<title>La cigarra y la hormiga</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Mar 2010 20:08:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LenaD</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1083" title="HormigaCigarra" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/03/HormigaCigarra-300x231.jpg" alt="HormigaCigarra" width="300" height="231" /></p>
<p>This is a modern (extended) version of Aesop&#8217;s fable about the  cicada and the ant. (The reader is from Spain.)</p>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1083" title="HormigaCigarra" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/03/HormigaCigarra-300x231.jpg" alt="HormigaCigarra" width="300" height="231" /></p>
<p>This is a modern (extended) version of Aesop&#8217;s fable about the  cicada and the ant. (The reader is from Spain.)</p>
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		<title>El acertijo (The Riddle)</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 09:46:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<h2><em><img class="alignleft size-full wp-image-1049" title="QuestionMarkSign" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/02/QuestionMarkSign.jpg" alt="QuestionMarkSign" width="150" height="150" />El acertijo</em></h2>
<h4 style="text-align: center;">de los hermanos Grimm</h4>
<p>Érase una vez el hijo de un rey, a quien entraron deseos de conocer el mundo, y se partió sin más compañía que la de un fiel criado. Llegó un día a&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><em><img class="alignleft size-full wp-image-1049" title="QuestionMarkSign" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2010/02/QuestionMarkSign.jpg" alt="QuestionMarkSign" width="150" height="150" />El acertijo</em></h2>
<h4 style="text-align: center;">de los hermanos Grimm</h4>
<p>Érase una vez el hijo de un rey, a quien entraron deseos de conocer el mundo, y se partió sin más compañía que la de un fiel criado. Llegó un día a un extenso bosque, y al anochecer, no encontrando ningún albergue, no sabía dónde pasar la noche. Vio entonces a una muchacha que se dirigía a una casita y, al acercarse, se dio cuenta de que era joven y hermosa. Se dirigió a ella y le dijo:</p>
<p>-Mi buena niña, ¿no nos acogerías por una noche en la casita, a mí y a mi criado?</p>
<p>-De buen grado lo haría -respondió la muchacha con voz triste-; pero no se los aconsejo. Mejor es que busquen otro alojamiento.</p>
<p>-¿Por qué? -preguntó el príncipe.</p>
<p>-Mi madrastra tiene malas tretas y odia a los forasteros -contestó la niña, suspirando.</p>
<p>Bien se dio cuenta el príncipe de que aquella era la casa de una bruja; pero como no era posible seguir andando en la noche cerrada, y, por otra parte, no era miedoso, entró. La vieja, que estaba sentada en un sillón junto al fuego, miró a los viajeros con sus ojos rojizos:</p>
<p>-¡Buenas noches! -dijo con voz gangosa, que quería ser amable-. Siéntense a descansar.</p>
<p>Y sopló los carbones, en los que se cocía algo en un puchero.</p>
<p>La hija advirtió a los dos hombres que no comiesen ni bebiesen nada, pues la vieja estaba confeccionando brebajes nocivos. Ellos durmieron apaciblemente hasta la madrugada, y cuando se dispusieron a reemprender la ruta, estando ya el príncipe montado en su caballo, dijo la vieja:</p>
<p>-Aguarda un momento, que tomarás un trago como despedida.</p>
<p>Mientras entraba a buscar la bebida, el príncipe se alejó a toda prisa, y cuando volvió a salir la bruja con la bebida, sólo halló al criado, que se había entretenido arreglando la silla.</p>
<p>-¡Lleva esto a tu señor! -le dijo.</p>
<p>Pero en el mismo momento se rompió la vasija y el veneno salpicó al caballo; tan virulento era, que el animal se desplomó muerto, como herido por un rayo. El criado echó a correr para dar cuenta a su amo de lo sucedido; pero, no queriendo perder la silla, volvió a buscarla. Al llegar junto al cadáver del caballo, encontró que un cuervo lo estaba devorando.</p>
<p>«¿Quién sabe si cazaré hoy algo mejor?», se dijo el criado; mató, pues, al cuervo y se lo metió en el zurrón.</p>
<p>Durante toda la jornada estuvieron errando por el bosque, sin encontrar la salida. Al anochecer dieron con una hospedería y entraron en ella. El criado dio el cuervo al posadero, a fin de que se lo guisara para cenar. Pero resultó que había ido a parar a una guarida de ladrones, y ya entrada la noche se presentaron doce bandidos que concibieron el propósito de asesinar y robar a los forasteros. Sin embargo, antes de llevarlo a la práctica se sentaron a la mesa, junto con el posadero y la bruja, y se comieron una sopa hecha con la carne del cuervo. Pero apenas hubieron tomado un par de cucharadas, cayeron todos muertos, pues el cuervo estaba contaminado con el veneno del caballo.</p>
<p>Ya no quedó en la casa sino la hija del posadero, que era una buena muchacha, inocente por completo de los crímenes de aquellos hombres. Abrió a los forasteros todas las puertas y les mostró los tesoros acumulados. Pero el príncipe le dijo que podía quedarse con todo, pues él nada quería de aquello, y siguió su camino con su criado.</p>
<p>Después de vagar mucho tiempo sin rumbo fijo, llegaron a una ciudad donde residía una orgullosa princesa, hija del Rey, que había mandado pregonar su decisión de casarse con el hombre que fuera capaz de plantearle un acertijo que ella no supiera descifrar, con la condición de que, si lo adivinaba, el pretendiente sería decapitado. Tenía tres días de tiempo para resolverlo; pero eran tan inteligente, que siempre lo había resuelto antes de aquel plazo. Eran ya nueve los pretendientes que habían sucumbido de aquel modo, cuando llegó el príncipe y, deslumbrado por su belleza, quiso poner en juego su vida. Se presentó a la doncella y le planteó su enigma:</p>
<p>-¿Qué es -le dijo- una cosa que no mató a ninguno y, sin embargo, mató a doce? En vano la princesa daba mil y mil vueltas a la cabeza, pero no acertaba a resolver el acertijo. Consultó su libro de enigmas, pero no encontró nada; había terminado sus recursos. No sabiendo ya qué hacer, mandó a su doncella que se introdujese a escondidas en el dormitorio del príncipe y se pusiera al acecho, pensando que tal vez hablaría en sueños y revelaría la respuesta del enigma. Pero el criado, que era muy listo, se metió en la cama en vez de su señor, y cuando se acercó la doncella, arrebatándole de un tirón el manto en que venía envuelta, la echó del aposento a palos. A la segunda noche, la princesa envió a su camarera a ver si tenía mejor suerte. Pero el criado le quitó también el manto y la echó a palos.</p>
<p>Creyó entonces el príncipe que la tercera noche estaría seguro, y se acostó en el lecho. Pero fue la propia princesa la que acudió, envuelta en una capa de color gris, y se sentó a su lado. Cuando creyó que dormía y soñaba, se puso a hablarle en voz queda, con la esperanza de que respondería en sueños, como muchos hacen. Pero él estaba despierto y lo oía todo perfectamente.</p>
<p>Preguntó ella:</p>
<p>-Uno mató a ninguno, ¿qué es esto?</p>
<p>Respondió él:</p>
<p>-Un cuervo que comió de un caballo envenenado y murió a su vez.</p>
<p>Siguió ella preguntando:</p>
<p>-Y mató, sin embargo, a doce, ¿qué es esto?</p>
<p>-Son doce bandidos, que se comieron el cuervo y murieron envenenados.</p>
<p>Sabiendo ya lo que quería, la princesa trató de escabullirse, pero el príncipe la sujetó por la capa, que ella hubo de abandonar. A la mañana, la hija del Rey anunció que había descifrado el enigma y, mandando venir a los doce jueces, dio la solución ante ellos. Pero el joven solicitó ser escuchado y dijo:</p>
<p>-Durante la noche la princesa se deslizó hasta mi lecho y me lo preguntó; sin esto, nunca habría acertado.</p>
<p>Dijeron los jueces:</p>
<p>-Danos una prueba.</p>
<p>Entonces el criado entró con los tres mantos, y cuando los jueces vieron el gris que solía llevar la princesa, fallaron la sentencia siguiente:</p>
<p>-Que este manto se borde en oro y plata; será el de la boda de ustedes.</p>
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		<itunes:subtitle>El acertijo de los hermanos Grimm Érase una vez el hijo de un rey, a quien entraron deseos de conocer el mundo, y se partió sin más compañía que la de un fiel criado. Llegó un día a un extenso bosque, y al anochecer, no encontrando ningún albergue,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>El acertijo
de los hermanos Grimm
Érase una vez el hijo de un rey, a quien entraron deseos de conocer el mundo, y se partió sin más compañía que la de un fiel criado. Llegó un día a un extenso bosque, y al anochecer, no encontrando ningún albergue, no sabía dónde pasar la noche. Vio entonces a una muchacha que se dirigía a una casita y, al acercarse, se dio cuenta de que era joven y hermosa. Se dirigió a ella y le dijo:

-Mi buena niña, ¿no nos acogerías por una noche en la casita, a mí y a mi criado?

-De buen grado lo haría -respondió la muchacha con voz triste-; pero no se los aconsejo. Mejor es que busquen otro alojamiento.

-¿Por qué? -preguntó el príncipe.

-Mi madrastra tiene malas tretas y odia a los forasteros -contestó la niña, suspirando.

Bien se dio cuenta el príncipe de que aquella era la casa de una bruja; pero como no era posible seguir andando en la noche cerrada, y, por otra parte, no era miedoso, entró. La vieja, que estaba sentada en un sillón junto al fuego, miró a los viajeros con sus ojos rojizos:

-¡Buenas noches! -dijo con voz gangosa, que quería ser amable-. Siéntense a descansar.

Y sopló los carbones, en los que se cocía algo en un puchero.

La hija advirtió a los dos hombres que no comiesen ni bebiesen nada, pues la vieja estaba confeccionando brebajes nocivos. Ellos durmieron apaciblemente hasta la madrugada, y cuando se dispusieron a reemprender la ruta, estando ya el príncipe montado en su caballo, dijo la vieja:

-Aguarda un momento, que tomarás un trago como despedida.

Mientras entraba a buscar la bebida, el príncipe se alejó a toda prisa, y cuando volvió a salir la bruja con la bebida, sólo halló al criado, que se había entretenido arreglando la silla.

-¡Lleva esto a tu señor! -le dijo.

Pero en el mismo momento se rompió la vasija y el veneno salpicó al caballo; tan virulento era, que el animal se desplomó muerto, como herido por un rayo. El criado echó a correr para dar cuenta a su amo de lo sucedido; pero, no queriendo perder la silla, volvió a buscarla. Al llegar junto al cadáver del caballo, encontró que un cuervo lo estaba devorando.

«¿Quién sabe si cazaré hoy algo mejor?», se dijo el criado; mató, pues, al cuervo y se lo metió en el zurrón.

Durante toda la jornada estuvieron errando por el bosque, sin encontrar la salida. Al anochecer dieron con una hospedería y entraron en ella. El criado dio el cuervo al posadero, a fin de que se lo guisara para cenar. Pero resultó que había ido a parar a una guarida de ladrones, y ya entrada la noche se presentaron doce bandidos que concibieron el propósito de asesinar y robar a los forasteros. Sin embargo, antes de llevarlo a la práctica se sentaron a la mesa, junto con el posadero y la bruja, y se comieron una sopa hecha con la carne del cuervo. Pero apenas hubieron tomado un par de cucharadas, cayeron todos muertos, pues el cuervo estaba contaminado con el veneno del caballo.

Ya no quedó en la casa sino la hija del posadero, que era una buena muchacha, inocente por completo de los crímenes de aquellos hombres. Abrió a los forasteros todas las puertas y les mostró los tesoros acumulados. Pero el príncipe le dijo que podía quedarse con todo, pues él nada quería de aquello, y siguió su camino con su criado.

Después de vagar mucho tiempo sin rumbo fijo, llegaron a una ciudad donde residía una orgullosa princesa, hija del Rey, que había mandado pregonar su decisión de casarse con el hombre que fuera capaz de plantearle un acertijo que ella no supiera descifrar, con la condición de que, si lo adivinaba, el pretendiente sería decapitado. Tenía tres días de tiempo para resolverlo; pero eran tan inteligente, que siempre lo había resuelto antes de aquel plazo. Eran ya nueve los pretendientes que habían sucumbido de aquel modo, cuando llegó el príncipe y, deslumbrado por su belleza, quiso poner en juego su vida. Se presentó a la doncella y le planteó su enigma:

-¿Qué es -le dijo- una cosa que no mató a ninguno y,</itunes:summary>
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		<title>Madre Nieve</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jan 2010 14:03:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<h2><img class="alignleft size-medium wp-image-202" title="Fairy stars" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy-300x299.jpg" alt="Fairy stars" width="300" height="299" /><em><strong>Madre Nieve</strong></em></h2>
<p><em><strong>de los hermanos Grimm<br />
</strong></em></p>
<p>Érase una vez una viuda que tenía dos hijas; una bonita e inteligente y la otra fea y perezosa. Sin embargo, como ésta última llevaba su sangre, la trataba mucho mejor y&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><img class="alignleft size-medium wp-image-202" title="Fairy stars" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy-300x299.jpg" alt="Fairy stars" width="300" height="299" /><em><strong>Madre Nieve</strong></em></h2>
<p><em><strong>de los hermanos Grimm<br />
</strong></em></p>
<p>Érase una vez una viuda que tenía dos hijas; una bonita e inteligente y la otra fea y perezosa. Sin embargo, como ésta última llevaba su sangre, la trataba mucho mejor y obligaba a la otra a realizar los menesteres de la casa. Todos los días se sentaba al lado del pozo, que estaba al lado del camino, y tejía hasta que los dedos le sangraban. Un día cayeron algunas gotas de sangre sobre la rueca. Al verla manchada, la metió en el agua para enjuagarla. Cuando la estaba limpiando, la mala suerte quiso que se le escurriera de las manos y se hundiera en el fondo del pozo. La joven corrió sollozando en busca de su madrastra para contarle lo que le había ocurrido, pero sólo recibió de su parte malas palabras y amenazas.</p>
<p>-Puesto que se te ha caído  -le dijo-, tendrás que recuperarla. No vuelvas hasta que lo hayas logrado.</p>
<p>La joven regresó al pozo y, sin saber que hacer, se dejó llevar por la desesperación y se tiró a él. Durante un rato perdió el conocimiento; luego, cuando lo recobró, se dio cuenta de que estaba en un hermoso prado con cientos de flores que brillaban bajo el sol. Se levantó y deambuló por los alrededores hasta que llegó a un horno lleno de pan. Los panes le gritaron al verla pasar:</p>
<p>-¡Sácanos, sácanos! Si no lo haces, nos coceremos más de la cuenta.</p>
<p>La joven corrió en dirección al horno y sacó los panes que había dentro. Luego siguió  caminando y vio un hermoso árbol cargado de manzanas rojas. Al verla pasar, las frutas le gritaron:</p>
<p>-¡Recógenos, recógenos! Ya estamos más que maduras.</p>
<p>Se acercó hasta el árbol y sacudió las ramas hasta que no quedó ninguna. Luego hizo un montón con ellas y prosiguió su camino hasta que vio una casita con una anciana sentada en el porche. La anciana tenía los dientes tan largos que la joven, al verlos, salió huyendo. La anciana, sin embargo, le gritó:</p>
<p>-No temas. Quédate conmigo y ayúdame en las tareas de la casa. Si haces bien tu trabajo, te recompensaré  con creces, pero tienes que tener cuidado de sacudir mi colchón hasta que las plumas vuelen para que la gente crea que está nevando, ya que soy Madre Nieve.</p>
<p>Le habló con tanta dulzura que la joven se apiadó de ella y aceptó quedarse a su servicio. Trató de complacer a la anciana en lo que pudo y todos los días sacudía con tanta fuerza el colchón que las plumas caían como copos de nieve. La anciana se portaba bien con ella y jamás la reñía. Las dos llevaban una vida sencilla y no les faltaba de nada.</p>
<p>Poco a poco, sin embargo, la joven empezó a sentirse triste. Al principio ni ella misma sabía la razón de ello, pero luego se dio cuenta de que añoraba su hogar, por eso fue a hablar con Madre Nieve.</p>
<p>-Sé que no me ha faltado de nada desde que estoy aquí  -dijo la joven-, pero echo de menos mi casa y creo que necesito ver a mi familia. Lamento tener que dejaros.</p>
<p>-Tu deseo de regresar a casa me complace  -respondió la anciana-, y, como me has servido con lealtad, yo misma te enseñaré el camino de vuelta al mundo.</p>
<p>Cogió de la mano a la joven y la condujo a una puerta abierta. Al pasarla una lluvia de oro le cayó por encima. Cuando le llegó al cuello, la anciana le dijo:</p>
<p>-Ésa es tu recompensa por haberme servido con tanta lealtad.</p>
<p>Le entregó también la rueca que se le había caído al pozo y cerró la puerta. La joven se vio de nuevo en el mundo y no lejos de la casa donde vivía. Cuando entró por el corral, una de las gallinas más viejas que estaba subida en el muro dijo:</p>
<p>-¡Quiquiriquí, nuestra doncella de oro viene por aquí!</p>
<p>La joven entró en la casa en busca de su madrastra. Como venía cubierta de oro, la recibieron con alegría.</p>
<p>La joven le contó a la madrastra todo lo que le había sucedido. Ésta, al enterarse de la forma en que se había hecho rica, quiso que su otra hija corriera la misma suerte. Le dijo a la joven fea y perezosa que se sentara al lado del pozo e hilara, pero, como deseaba trabajar, parar que le sangrara el dedo le tuvo que pinchar con un seto de espinas. Luego tiró la rueca al fondo del pozo y saltó detrás de ella. Al igual que su hermana, llegó al hermoso prado y siguió el sendero que le llevaba hasta el horno de pan.</p>
<p>-¡Sácanos, sácanos!  -le gritaron los panes-.  Si no lo haces, nos coceremos más de la cuenta.</p>
<p>La joven fea y perezosa les respondió:  -¿Qué os habéis creído? ¿Qué pienso mancharme las manos por vosotros?</p>
<p>La joven siguió caminando. Poco después se encontró con el manzano:</p>
<p>-¡Recógenos, recógenos!  -le gritaron las manzanas-, que ya estamos más que maduras.</p>
<p>-Ya he podido comprobarlo  -respondió la joven-, una me ha dado en la cabeza.</p>
<p>Continuó su camino hasta que llegó a casa de Madre Nieve. Al verla no le entró el pánico, pues ya le habían hablado de los dientes tan largos que tenía. Aceptó convertirse en su sirvienta y el primer día trabajó  con mucha tenacidad haciendo todo lo que le pedía porque no dejaba de pensar en el oro que sacaría con ello. Sin embargo, el segundo día empezó a haraganear y el tercero ni siquiera quiso levantarse de la cama. Tampoco sacudía el colchón de Madre Nieve con la fuerza necesaria, por lo que nunca nevaba. Madre Nieve se enfadó tanto que la despidió, cosa que agradó a aquella holgazana.</p>
<p>-Ahora me regará con oro  -pensó la joven fea.</p>
<p>Madre Nieve la condujo hasta la misma puerta donde había llevaba a su hermana, pero en lugar de oro la roció con brea.</p>
<p>-Ésa es tu recompensa por tu servicio  -dijo Madre Nieve cerrando la puerta.</p>
<p>La joven regresó a su casa cubierta de brea. La vieja gallina, al verla, dijo:</p>
<p>-¡Quiquiriquí, una guarra viene por aquí!</p>
<p>La joven trató de quitarse la brea, pero por más que se lavaba, no lo conseguía. No se pudo desprender de ella durante el resto de su vida.</p>
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		<itunes:subtitle>Madre Nieve de los hermanos Grimm Érase una vez una viuda que tenía dos hijas; una bonita e inteligente y la otra fea y perezosa. Sin embargo, como ésta última llevaba su sangre, la trataba mucho mejor y obligaba a la otra a realizar los menester...</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Madre Nieve
de los hermanos Grimm


Érase una vez una viuda que tenía dos hijas; una bonita e inteligente y la otra fea y perezosa. Sin embargo, como ésta última llevaba su sangre, la trataba mucho mejor y obligaba a la otra a realizar los menester...</itunes:summary>
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		<title>Sherlock Holmes y el caso de la joya azul</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2009/12/sherlock-holmes-en-espanol/</link>
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		<pubDate>Fri, 25 Dec 2009 12:08:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LenaD</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><strong>Sherlock Holmes y el caso de la joya azul</strong></p>
<p><em>Escrito por Sir Arthur Conan Doyle</em></p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-976" title="SherlockHolmes" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/12/SherlockHolmes-300x199.jpg" alt="SherlockHolmes" width="300" height="199" />Hoy te presentamos un cuento diferente. Es un cuento del detective más famoso de la historia – Sherlock Holmes. En este relato, Sherlock Holmes y&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sherlock Holmes y el caso de la joya azul</strong></p>
<p><em>Escrito por Sir Arthur Conan Doyle</em></p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-976" title="SherlockHolmes" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/12/SherlockHolmes-300x199.jpg" alt="SherlockHolmes" width="300" height="199" />Hoy te presentamos un cuento diferente. Es un cuento del detective más famoso de la historia – Sherlock Holmes. En este relato, Sherlock Holmes y su querido amigo y compañero, Watson, investigan el misterioso robo de una joya. Una piedra preciosa que, sorprendentemente, ha desaparecido de un cofre de un hotel y ha ido a parar al buche de una oca.  ¿Cómo resolverán este extraño caso? Manténte a la escucha para averiguarlo.</p>
<p><em><strong>cofre</strong></em>: jewelry box</p>
<p><em><strong>buche</strong></em>: digestive tract in a bird</p>
<p><em><strong>oca</strong></em>: goose</p>
<p>Get the<a href="http://www.codyscuentos.com/advanced/" target="_self"> <strong>complete transcript</strong></a><strong> </strong>of this story in Spanish, along with more definitions, in the <a href="http://www.codyscuentos.com/advanced/" target="_self"><strong>ADVANCED</strong> </a>section of the Cody&#8217;s Cuentos online store.</p>
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		<itunes:subtitle>Sherlock Holmes y el caso de la joya azul - Escrito por Sir Arthur Conan Doyle - Hoy te presentamos un cuento diferente. Es un cuento del detective más famoso de la historia – Sherlock Holmes. En este relato,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Sherlock Holmes y el caso de la joya azul

Escrito por Sir Arthur Conan Doyle

Hoy te presentamos un cuento diferente. Es un cuento del detective más famoso de la historia – Sherlock Holmes. En este relato, Sherlock Holmes y su querido amigo y compañero, Watson, investigan el misterioso robo de una joya. Una piedra preciosa que, sorprendentemente, ha desaparecido de un cofre de un hotel y ha ido a parar al buche de una oca.  ¿Cómo resolverán este extraño caso? Manténte a la escucha para averiguarlo.

cofre: jewelry box

buche: digestive tract in a bird

oca: goose

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		<title>La reina de las abejas</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 22:02:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-945" title="HoneyJar" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/10/HoneyJar-300x199.jpg" alt="HoneyJar" width="300" height="199" />Este es un cuento en el que el héroe no es valiente, ni super inteligente, no debe luchar contra dragones y para romper el hechizo que le plantean no le anima la ambición ni el amor, sino salvar a sus&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-945" title="HoneyJar" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/10/HoneyJar-300x199.jpg" alt="HoneyJar" width="300" height="199" />Este es un cuento en el que el héroe no es valiente, ni super inteligente, no debe luchar contra dragones y para romper el hechizo que le plantean no le anima la ambición ni el amor, sino salvar a sus dos imprudentes hermanos. La moraleja de este cuento es que no hubiera podido realizar su gran hazaña sin la ayuda de las criaturas más humildes.</p>
<h3><em><strong>La reina de las abejas </strong></em></h3>
<p><strong>de los hermanos Grimm</strong></p>
<p>Érase una vez en un pequeño reino un rey que tenía tres hijos. Los dos mayores, audaces y aventureros, habían salido a recorrer el mundo años atrás y no habían regresado.</p>
<p>Por fin el Rey, que ya deseaba abdicar del peso de la corona, envió a su hijo pequeño, Bobalicón, en busca de sus hermanos.</p>
<p>Mucho se alegraron de su encuentro los tres hermanos. Se abrazaron felices y se dispusieron a regresar al reino. Pero los mayores propusieron volver dando un rodeo para tener oportunidad de ver más mundo.</p>
<p>Para descansar de su largo camino, se detuvieron en un claro del bosque y, allí, entre la hierba, el hermano mayor encontró un hormiguero.</p>
<p>-¡Un hormiguero! ¡Vamos a destruirlo para ver cómo se dispersan las hormigas!  -propuso, tomando una piedra.</p>
<p>El segundo hermano ya se disponía a ayudar al primero, cuando intervino Bobalicón:</p>
<p>-¡No lo hagáis! ¡Dejad en paz a las criaturas de la Creación!</p>
<p>Y su vehemencia disuadió a sus hermanos.</p>
<p>El sol estaba bien alto en el cielo y el hambre comenzó a acuciar a los tres vigorosos jóvenes, cuando éstos llegaron a un lago en cuyas aguas nadaban cientos de patos.</p>
<p>-¡Tomemos a un par de ellos para asarlos y comerlos!  -propuso el segundo hermano.</p>
<p>-¡No lo hagáis! Vosotros seréis reyes y debe moveros la clemencia  -suplicó Bobalicón.</p>
<p>Y su vehemencia disuadió a sus hermanos.</p>
<p>Comenzaba a ponerse el sol tras las montañas que festoneaban el horizaonte, cuando los hermanos, en el tronco medio vacío de un viejo roble, encontraron un panal, rezumante de miel, en el que se afanaban incansables las abejas.</p>
<p>Los dos hermanos mayores se aprestaron a encender fuego para alejar a las abejas y apoderarse de la miel, pues la dura jornada con el estómago vacío ya les hacía sentirse débiles y sin fuerzas.</p>
<p>Bobalicón impidió que quemaran el panal:</p>
<p>-¡No lo hagáis! Destruir el fruto de un trabajo duro y honrado para saciar el propio apetito, no es digno de futuros monarcas.</p>
<p>Y su vehemencias disuadió a sus hermanos, aunque a duras penas.</p>
<p>Los postreros rayos del sol, perfilaron el majestuoso contorno de una fortaleza. Bobalicón aventuró que tal vez entre sus abrigados muros les cobijaran y dieran un mendrugo de pan para pasar la noche, y sin elección, los jóvenes se dirigieron al edificio, cuyas troneras se iluminaban con antorchas.</p>
<p>Al pie de la fortaleza, los muchachos se asombraron al no ver movimiento, ni hombres, mujeres o animales en los alrededores. Se asomaron a una ventana de sombríos cristales y vieron a  un oscuro y siniestro hombrecillo gris, que se calentaba los pies al calor de la chimenea.</p>
<p>El hombrecillo volvió se rostro ceniciento hacia los jóvenes, invitándoles a pasar al interior del palacio con un gesto.</p>
<p>Grande fue la sorpresa de los tres hermanos cuando, al llegar a la sala que antes habían visto vacía, vieron una espléndida mesa puesta, con toda clase de manjares, licores y  pasteles dispuestos sobre un rico mantel bordado en or y en plata. Se sentaron a la mesa y satisficeron su hambre y su sed.</p>
<p>Se dirigieron hacia la puerta, con la intención de dar las gracias al hombrecillos gris, que les había dejado a solas y, al darse la vueta, descubrieron asombrados que la mesa había desaparecido con todos sus manjares, y en su lugar se habían dispuesto tres camas cómodas y limpias, que les invitaban a descansar.</p>
<p>A la mañana siguiente, los tres jóvenes se despertaron descansados y con todas sus fuerzas para proseguir su camino. Se lavaron, despacharon un apetitoso desayuno y, cuando se disponáin a partir, vieron al hombrecillo que les hacía una seña para que le siguiesen.</p>
<p>Como no querían pecar de descorteses, los tres hermanos apresuraron el paso tras el extraño personaje, quedando aterrorizados al ver un palacio en el que lebreles, sirvientes, doncellas, guardianes y truhanes, incluso la comida en sus calderos, se habían convertido en piedra.  Por fin, el  hombrecillo habló:</p>
<p>-Tenéis tres oportunidades para escapar del poderoso hechizo que ha convertido en piedra cuanto contenían estos muros…</p>
<p>El hombrecillo los condujo a una sala en la que una multitud de vigorosos y apuestos jóvenes, como ellos, convertidos en piedra en las posturas más insólitas, les contemplaban desde sus ojos sin vida.</p>
<p>-Cada uno de vosotros, por orden, de mayor a menor, deberá salir airoso de tres pruebas consecutivas. La primera de ellas, encontrar entre el musgo y las rocas las mil perlas del collar que se le rompió a la Reina, antes de que el sol se ponga. La segunda preuba consiste en encontrar la llave del joyero que contiene el sello real y que cayó al lago en el último paseo en botes que dio el rey con sus coretesanos antes de convertirse en piedra. La tercera prueba es discernir, entre tres jóvenes idénticas cual de ellas es la más pequeña. Si falláis en alguna de estas pruebas, os convertiréis en piedra.</p>
<p>Conducido a un lugar sombrío y húmedo en el bosque, el hermano mayor se dispuso con ánimo a superar la prueba. Pero a mediodía apenas había podido reunir cien, y para cuando el último rayo de sol desapreció en el horizonte, el montón había crecido a duras penas a menos de trescientas perlas. No hubo oportunidad de pedir clemencia.</p>
<p>El joven se transformó en piedra tal y como estaba, en cuclillas, con una expresión de horror y asombro en su rostro, que heló la sangre a sus hermanos cuando le vieron enetre el mudo ejército de aspirantes de piedra con el que habían quedado encerrados.</p>
<p>El amanecer del segundo día fue el turno del segundo hermano. No se dio un momento de descanso. Se juró que slavaría a su hermano de su triste destino.</p>
<p>Cuando el sol estaba en lo alto del horizonte, el joven había conseguido reunir trescientas perlas, que se escondían entre las grietas de las rocas, entre hojarasca seca, en el lecho de  un débil arroyo.</p>
<p>Cuando el último rayo de sol se puso, las seiscientas perlas reunidas no salvaron al joven de un triste destino de piedra.</p>
<p>Una expresión de abatimiento y profunda resignación transformó su rostro. El joven aguardó en pie, con dignidad, a convertirse en piedra.</p>
<p>Bobalicón se sentó sobre una roca cuando fue conducido al bosque, convencideo de que si sus valientes hermanos, los más inteligentes, los más arrojados, no habían podido superar con éxito la pruebo, él, el más pequeño y menos brillante, no conseguiría salvar a todos aquellos jóvenes y el radiante palacio.</p>
<p>Pero mientras él intentaba esforzarse pensando qué otro camino podía seguir para liberar a todos del hechizo, las hormigas del hormiguero que salvó surgieron de todas las grietas, de bajo la hojarasca y de los troncos de los árboles, reuniendo para él las mil perlas del collar de la Reina, una hora antes de la puesta de sol.</p>
<p>El segundo día, después de una abundante cena y un cómodo descanso, el hombrecillo gris llevó a Bobalicón a orillas de un lago de aguas oscuras.</p>
<p>-La llave del joyero que guarda el sello real está en el fondo –y le dejó abandonado a su suerte.</p>
<p>Bobalicón se quitó la ropa, se sumergió en las aguas y pronto perdió pie. El agua estaba helada, el fondo oscuro y poblado de algas yrocas. Aquello iba a ser el fin.</p>
<p>Pronto vio una bandada de patos dirigirse hacia el centro exacto del lago. Uno a uno comezaron a sumergirse hasta que, antes del mediodía, un majestuoso pato le llevó la llave en su pico. Se trataba de los patos por los que había intercedido.</p>
<p>Al amanecer del tercer día, el hombrecillo gris guió a Bobalicón por un intrincado laberinto hasta una cámara secreta, donde descansaban profundamente dormidas tres princesas.</p>
<p>-Debes descubrir cuál es la más pequeña antes del anochecer. No puedes tocarlas, sólo contemplarlas, pero como has sido un joven valiente, te daré una pista  -dijo el hombrecillo gris-.   La mayor, antes del hechizo había probado un poco de caramelo; la mediana, había mojado los labios en azúcar; la pequeña había tomado una cucharadita de miel.</p>
<p>¡Eran tan iguales! Bobalicón comenzó a contemplar sus rostros, sus manos… desconcertado,  hasta que vio una pequeña abeja, <strong><em>la abeja reina</em></strong>, revolotear sobre ellas y posarse brevemente sobre los labios de cada una, comenzando a volar en círculo sobre el rostro de la más pequeña.</p>
<p>Tan pronto señaló Bobalicón a la más pequeña, el hombrecillo gris se esfumó en el aire, las tres jóvenes se desperezaron, el ejército de aspirantes a desencantar el palacio, incluidos sus hermanos, recuperaron su carne, su flexiblidad y su color. Los perros alegraron con sonoros ladridos los pasillos y salones; el contendio de los calderos, que comenezaron de nuevo a hervir, esparcieron aromas deliciosos por aquellos muros. Sirvientes, doncellas, damas, soldados  y visitantes prosiguieron su actividad como si nada hubiera sucedido…</p>
<p>Sólo la más pequeña de las hijas del Rey se acercó a Bobalicón para abrazarle y darle las gracias, lo mismo que sucedió con el Rey en persona.</p>
<p>No recibió la mano de las más pequeña de las hijas del Rey y el trono mismo del reino por su arrojo y su valentía.  Lo ganaron para él su clemencia, su bondad, su afán de justicia y sus cualidades únicas para sere el rey más adorado por sus súbditos.</p>
<p>También sus hermanos desposaron con las otras princesas, y aprendieron la lección para gobernar con prudencia sus propios reinos.</p>
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		<title>La fruta misteriosa</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Sep 2009 20:19:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-932" title="MangoPhoto" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/09/MangoPhoto-201x300.jpg" alt="MangoPhoto" width="201" height="300" />Escuchad con gran atención este cuento sobre unos viajeros que llegaron una noche a las afueras de un pueblo. Como estaban cansados, decidieron detenerse para darse un merecido descanso. Es decir, hasta que descubrieron un fruto exótico y de pronto&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-932" title="MangoPhoto" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/09/MangoPhoto-201x300.jpg" alt="MangoPhoto" width="201" height="300" />Escuchad con gran atención este cuento sobre unos viajeros que llegaron una noche a las afueras de un pueblo. Como estaban cansados, decidieron detenerse para darse un merecido descanso. Es decir, hasta que descubrieron un fruto exótico y de pronto todo cambió por completo. ¿Queréis saber lo que ocurrió? ¡Vamos a ver si lo descubrimos!</p>
<p><strong><em>La fruta misteriosa</em></strong></p>
<p>Pues…acampar era una tarea que les daba mucho trabajo a los viajeros. Todos iban de aquí para allá afanosamente mientras sacaban las alfombras de vivos colores de los carromatos y las tendían en el suelo.</p>
<p>Después fueron a recoger leña e hicieron una gran hoguera. Enseguida se oyó el alegre burbujear de las ollas y sartenes sobre el fuego y empezaron a flotar por el pequeño campamento unos deliciosos aromas de comida. Y cuando la cena estuvo lista, todos se reunieron y la compartieron alrededor del fuego.</p>
<p>Después de haber comido su ración, una niña llamada Polly, que formaba parte de los pequeños del grupo, se volvió hacia su mare y le señaló un árbol muy grande lleno de jugosos frutos anaranjados.</p>
<p><em><strong>(Show your support for this podcast by purchasing the complete transcript of this story. Click<a title="Advanced-level transcripts" href="http://www.codyscuentos.com/advanced/" target="_self"> here</a> to buy and download. Price: $1.99.)</strong><br />
</em></p>
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		<itunes:summary>Escuchad con gran atención este cuento sobre unos viajeros que llegaron una noche a las afueras de un pueblo. Como estaban cansados, decidieron detenerse para darse un merecido descanso. Es decir, hasta que descubrieron un fruto exótico y de pronto todo cambió por completo. ¿Queréis saber lo que ocurrió? ¡Vamos a ver si lo descubrimos!

La fruta misteriosa

Pues…acampar era una tarea que les daba mucho trabajo a los viajeros. Todos iban de aquí para allá afanosamente mientras sacaban las alfombras de vivos colores de los carromatos y las tendían en el suelo.

Después fueron a recoger leña e hicieron una gran hoguera. Enseguida se oyó el alegre burbujear de las ollas y sartenes sobre el fuego y empezaron a flotar por el pequeño campamento unos deliciosos aromas de comida. Y cuando la cena estuvo lista, todos se reunieron y la compartieron alrededor del fuego.

Después de haber comido su ración, una niña llamada Polly, que formaba parte de los pequeños del grupo, se volvió hacia su mare y le señaló un árbol muy grande lleno de jugosos frutos anaranjados.

(Show your support for this podcast by purchasing the complete transcript of this story. Click here to buy and download. Price: $1.99.)</itunes:summary>
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		<title>Los deseos ridículos</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2009/07/los-deseos-ridiculos/</link>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 04:27:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[charles perrault]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><em><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-919" title="hopefulgirl" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/hopefulgirl-200x300.jpg" alt="hopefulgirl" width="200" height="300" />Los deseos ridículos</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p>Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que,&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-919" title="hopefulgirl" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/07/hopefulgirl-200x300.jpg" alt="hopefulgirl" width="200" height="300" />Los deseos ridículos</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p>Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor, jamás el Cielo cruel no había querido concederle ni uno de sus deseos.</p>
<p>Un día que se quejaba en el bosque, Júpiter, con el rayo en la mano, se le apareció; difícilmente podría pintar el miedo que sobrecogió al buen hombre.</p>
<p>-No quiero nada -exclamó, arrojándose al suelo-; no deseo nada, ni truenos ni nada. Vamos a hablar, Señor, de igual a igual.</p>
<p>-Deja de temblar -le dijo Júpiter-; vengo compadecido de tus quejas, para demostrarte que eres injusto en tus quejas. Escucha. Yo te prometo, yo que soy el dueño soberano del mundo entero, atender plenamente tus tres primeros deseos, los primeros que quieras formular sobre cualquier cosa. Mira bien lo que pueda satisfacerte, y como tu felicidad depende de tus votos, piénsalo bien antes de formular tus deseos.</p>
<p>En diciendo estas palabras, Júpiter ascendió a los Cielos, y el leñador, muy contento, echándose el haz de leña a la espalda, emprendió el camino de regreso. Nunca le pareció la carga menos pesada.</p>
<p>-No hay que obrar a la ligera -decía trotando-. El caso es importante; hay que pedir consejo a la parienta.</p>
<p>Cuando entró bajo el techo de la cabaña la carga de helechos, le dijo:</p>
<p>-Fanchon, hagamos un buen fuego y una buena comida; somos muy ricos. Y sólo necesitamos formular nuestros deseos.</p>
<p>Y allí, punto por punto, le cuenta todo lo sucedido. Al oír su relato, la esposa, viva y presurosa, concibe mil proyectos en su mente; pero considerando la importancia de conducirse con prudencia, le dice a su esposo:</p>
<p>-Blas, amigo mío, para no cometer una tontería debido a nuestra impaciencia, examinemos juntos lo que nos conviene hacer en una situación así. Dejemos para mañana nuestro primer deseo y consultemos con la almohada.</p>
<p>-Estoy de acuerdo -dice el buen Blas-. Anda, vete y trae vino añejo.</p>
<p>Cuando volvió con él, bebió y, saboreando cómodamente, cerca del fuego, aquel dulce reposo, dijo apoyándose en el respaldo de su silla:</p>
<p>-¡Con estas brasas tan buenas, qué bien vendría una vara de morcilla!</p>
<p>Apenas acabó de pronunciar estas palabras, que su mujer, muy asombrada, vio una larga morcilla que, saliendo de una esquina de la chimenea, se aproximaba a ella serpenteando. Al instante lanzó un grito; pero juzgando que esta aventura tenía por causa el deseo que, por pura torpeza, había formulado el imprudente de su marido, no hubo injuria, ni pulla, ni improperio que, hecha una furia, no dijera a su pobre marido.</p>
<p>-¡Cuando se podría obtener un Imperio, oro, perlas, rubíes, diamantes, vestidos! ¿Y no se te ocurre desear más que una morcilla?</p>
<p>-Bueno, me he equivocado -dijo-. Mi elección ha sido desacertada. He cometido una gran falta; lo haré mejor la próxima vez.</p>
<p>-Bueno, bueno -repuso ella-. Espérame sentado. ¡Se necesita ser un animal para formular ese deseo!</p>
<p>El esposo, más de una vez, llevado de la cólera, se sintió tentado de formular un deseo mudo. Y, dicho entre nosotros, habría sido lo mejor que hubiera podido hacer.</p>
<p>-Los hombres -se decía- hemos venido al mundo a padecer. ¡Maldita sea la morcilla, plegue a Dios, maldita pécora que se te quede colgada de la nariz!</p>
<p>Esta súplica, al instante, fue escuchada por el Cielo y, apenas el marido profirió sus palabras, la vara de morcilla se quedó pegada a su nariz. Este prodigio imprevisto irritó muchísimo a Fanchon. Fanchon era bonita, muy graciosa, y a decir verdad este adorno en su nariz no hacía buen efecto, salvo que al colgarla sobre la boca la impedía hablar tranquilamente, lo cual era una ventaja para su esposo, tan grande que en aquel feliz momento pensó no desear más.</p>
<p>-Ya podría, -pensaba para su adentros-, después de una desgracia tan terrible, con el deseo que me queda, convertirme de una vez en Rey. Desde luego, nada iguala la grandeza soberana, pero hay que pensar qué tristeza tendría la Reina cuando, al sentarse en su trono, se viera con la nariz más larga que una vara. Voy a ver qué dice y que decida ella si prefiere convertirse en una gran Princesa y conservar esa horrible nariz o quedarse de simple leñadora con la nariz corriente, como las demás personas, tal como la tenía antes de la desgracia.</p>
<p>Al fin, la cosa bien examinada, aun sabiendo que el poder que proporciona el cetro y la corona y que cuando se está coronada siempre se tiene la nariz bien hecha, como no existe nada que posea la fuerza de agradar, ella prefirió conservar su cofia antes que hacerse Reina y ser fea.</p>
<p>Así, pues, el leñador no cambió de estado, no se convirtió en un potentado, no llenó su bolsa de escudos, y fue feliz de emplear el deseo que le quedaba para volver a su mujer a su primitivo estado, débil felicidad, pobre recurso.</p>
<p>Qué cierto es que los hombres miserables, ciegos, imprudentes y variables no deben formular deseo alguno, y qué pocos hay entre ellos que sean capaces de hacer buen uso de los dones que Dios les ha concedido.</p>
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		<itunes:subtitle>Los deseos ridículos de Charles Perrault - Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Los deseos ridículos de Charles Perrault

Érase una vez un pobre leñador que estaba harto de la vida tan penosa que llevaba y solía decir que tenía ganas de ir a reposar a los bordes del Aqueronte; porque veía que, en su profundo dolor, jamás el Cielo cruel no había querido concederle ni uno de sus deseos.

Un día que se quejaba en el bosque, Júpiter, con el rayo en la mano, se le apareció; difícilmente podría pintar el miedo que sobrecogió al buen hombre.

-No quiero nada -exclamó, arrojándose al suelo-; no deseo nada, ni truenos ni nada. Vamos a hablar, Señor, de igual a igual.

-Deja de temblar -le dijo Júpiter-; vengo compadecido de tus quejas, para demostrarte que eres injusto en tus quejas. Escucha. Yo te prometo, yo que soy el dueño soberano del mundo entero, atender plenamente tus tres primeros deseos, los primeros que quieras formular sobre cualquier cosa. Mira bien lo que pueda satisfacerte, y como tu felicidad depende de tus votos, piénsalo bien antes de formular tus deseos.

En diciendo estas palabras, Júpiter ascendió a los Cielos, y el leñador, muy contento, echándose el haz de leña a la espalda, emprendió el camino de regreso. Nunca le pareció la carga menos pesada.

-No hay que obrar a la ligera -decía trotando-. El caso es importante; hay que pedir consejo a la parienta.

Cuando entró bajo el techo de la cabaña la carga de helechos, le dijo:

-Fanchon, hagamos un buen fuego y una buena comida; somos muy ricos. Y sólo necesitamos formular nuestros deseos.

Y allí, punto por punto, le cuenta todo lo sucedido. Al oír su relato, la esposa, viva y presurosa, concibe mil proyectos en su mente; pero considerando la importancia de conducirse con prudencia, le dice a su esposo:

-Blas, amigo mío, para no cometer una tontería debido a nuestra impaciencia, examinemos juntos lo que nos conviene hacer en una situación así. Dejemos para mañana nuestro primer deseo y consultemos con la almohada.

-Estoy de acuerdo -dice el buen Blas-. Anda, vete y trae vino añejo.

Cuando volvió con él, bebió y, saboreando cómodamente, cerca del fuego, aquel dulce reposo, dijo apoyándose en el respaldo de su silla:

-¡Con estas brasas tan buenas, qué bien vendría una vara de morcilla!

Apenas acabó de pronunciar estas palabras, que su mujer, muy asombrada, vio una larga morcilla que, saliendo de una esquina de la chimenea, se aproximaba a ella serpenteando. Al instante lanzó un grito; pero juzgando que esta aventura tenía por causa el deseo que, por pura torpeza, había formulado el imprudente de su marido, no hubo injuria, ni pulla, ni improperio que, hecha una furia, no dijera a su pobre marido.

-¡Cuando se podría obtener un Imperio, oro, perlas, rubíes, diamantes, vestidos! ¿Y no se te ocurre desear más que una morcilla?

-Bueno, me he equivocado -dijo-. Mi elección ha sido desacertada. He cometido una gran falta; lo haré mejor la próxima vez.

-Bueno, bueno -repuso ella-. Espérame sentado. ¡Se necesita ser un animal para formular ese deseo!

El esposo, más de una vez, llevado de la cólera, se sintió tentado de formular un deseo mudo. Y, dicho entre nosotros, habría sido lo mejor que hubiera podido hacer.

-Los hombres -se decía- hemos venido al mundo a padecer. ¡Maldita sea la morcilla, plegue a Dios, maldita pécora que se te quede colgada de la nariz!

Esta súplica, al instante, fue escuchada por el Cielo y, apenas el marido profirió sus palabras, la vara de morcilla se quedó pegada a su nariz. Este prodigio imprevisto irritó muchísimo a Fanchon. Fanchon era bonita, muy graciosa, y a decir verdad este adorno en su nariz no hacía buen efecto, salvo que al colgarla sobre la boca la impedía hablar tranquilamente, lo cual era una ventaja para su esposo, tan grande que en aquel feliz momento pensó no desear más.

-Ya podría, -pensaba para su adentros-, después de una desgracia tan terrible, con el deseo que me queda, convertirme de una vez en Rey. Desde luego, nada iguala la grandeza soberana,</itunes:summary>
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		<title>Pulgarcito: El héroe más pequeño</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 02:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><em><strong>Pulgarcito (Little Tom Thumb)</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-862" title="pulgarcito" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/06/pulgarcito-200x300.jpg" alt="pulgarcito" width="200" height="300" />Érase una vez un matrimonio de leñadores que vivía en una casa vieja y destartalada. El matrimonio era tan pobre que apenas podía alimentar a sus siete hijos.</p>
<p>Al menor, sus padres lo&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Pulgarcito (Little Tom Thumb)</strong></em> de Charles Perrault</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-862" title="pulgarcito" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/06/pulgarcito-200x300.jpg" alt="pulgarcito" width="200" height="300" />Érase una vez un matrimonio de leñadores que vivía en una casa vieja y destartalada. El matrimonio era tan pobre que apenas podía alimentar a sus siete hijos.</p>
<p>Al menor, sus padres lo llamaron Pulgarcito, porque cuando nació no era más grande que un dedo pulgar. Aparte de su tamaño, Pulgarcito llamaba la atención por sus ojos grandes y vivos. Parecían dos luceros tocados por el brillo de la inteligencia. Y es que Pulgarcito era un niño muy, pero que muy espabilado.</p>
<p>Es verdad que cabía en la palma de una mano, pero su pequeña cabeza albergaba una inteligencia tan grande como una montaña.</p>
<p>Un día, Pulgarcito y sus hermanos fueron a jugar al bosque. Como sel lo estaban pasando bomba, ni siquiera se dieron cuenta de que se habían alejado mucho de casa. En esas estaban cuando cayó la noche.</p>
<p>De pronto, el bosque se tornó oscuro y amenazador. El viento agitaba las ramas de los árboles, y los animales lanzaban  unos gruñidos que ponían los pelos de punta.</p>
<p>-¡Papá, mamá! ¿Dónde estáis? ¡Nos hemos perdido! –gritaban asustados los niños.</p>
<p><strong><em>Continue reading the story of Pulgarcito by getting <a href="http://www.codyscuento.com/advanced" target="_self">the full transcript</a> in Spanish from the <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page" target="_self">Cody&#8217;s Cuentos store</a>.</em></strong></p>
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		<itunes:subtitle>Pulgarcito (Little Tom Thumb) de Charles Perrault - Érase una vez un matrimonio de leñadores que vivía en una casa vieja y destartalada. El matrimonio era tan pobre que apenas podía alimentar a sus siete hijos. - Al menor,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Pulgarcito (Little Tom Thumb) de Charles Perrault

Érase una vez un matrimonio de leñadores que vivía en una casa vieja y destartalada. El matrimonio era tan pobre que apenas podía alimentar a sus siete hijos.

Al menor, sus padres lo llamaron Pulgarcito, porque cuando nació no era más grande que un dedo pulgar. Aparte de su tamaño, Pulgarcito llamaba la atención por sus ojos grandes y vivos. Parecían dos luceros tocados por el brillo de la inteligencia. Y es que Pulgarcito era un niño muy, pero que muy espabilado.

Es verdad que cabía en la palma de una mano, pero su pequeña cabeza albergaba una inteligencia tan grande como una montaña.

Un día, Pulgarcito y sus hermanos fueron a jugar al bosque. Como sel lo estaban pasando bomba, ni siquiera se dieron cuenta de que se habían alejado mucho de casa. En esas estaban cuando cayó la noche.

De pronto, el bosque se tornó oscuro y amenazador. El viento agitaba las ramas de los árboles, y los animales lanzaban  unos gruñidos que ponían los pelos de punta.

-¡Papá, mamá! ¿Dónde estáis? ¡Nos hemos perdido! –gritaban asustados los niños.

Continue reading the story of Pulgarcito by getting the full transcript in Spanish from the Cody&#039;s Cuentos store.</itunes:summary>
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		<title>Los cisnes salvajes</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2009 16:08:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><strong><em><img class="alignleft size-medium wp-image-850" title="swans" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/swans-300x226.jpg" alt="swans" width="300" height="226" />The Wild Swans</em> by Hans Christian Andersen</strong></p>
<p><em><span style="color: #0000ff;">Read by Maclovia, a Cody&#8217;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!</span> </em><br />
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><img class="alignleft size-medium wp-image-850" title="swans" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/swans-300x226.jpg" alt="swans" width="300" height="226" />The Wild Swans</em> by Hans Christian Andersen</strong></p>
<p><em><span style="color: #0000ff;">Read by Maclovia, a Cody&#8217;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!</span> </em><br />
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.</p>
<p>Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.</p>
<p>&#8220;Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre&#8221;, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.</p>
<p>La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.</p>
<p>-¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más.</p>
<p>Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.</p>
<p>La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.</p>
<p>-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.</p>
<p>Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.</p>
<p>-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.</p>
<p>Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:</p>
<p>-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.</p>
<p>Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.</p>
<p>Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.</p>
<p>Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.</p>
<p>-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.</p>
<p>-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.</p>
<p>-Es una<span style="text-decoration: underline;"><strong> </strong>pordiosera</span> [<em>una persona que pide limosna</em>] que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.</p>
<p>-¡Llévensela! -ordenó el rey.</p>
<p>Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.</p>
<p>En ese momento, una vieja mujer se le acercó.</p>
<p>-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.</p>
<p>-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.</p>
<p>Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza.<br />
Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.</p>
<p>Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que eran sus hermanos.</p>
<p>-¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos.</p>
<p>Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo.</p>
<p>¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.</p>
<p>-De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos.</p>
<p>-Encontraré la manera de romper el hechizo -les aseguró Elisa.</p>
<p>Los hermanos encontraron un pedazo de lienzo lo suficientemente grande para llevar a Elisa en él. Al amanecer del día siguiente, la alzaron en vuelo con suavidad. Sebastián, el menor de todos, le daba bayas para comer. Cuando el sol empezó a ocultarse otra vez, llegaron a una cueva secreta, en un bosque apartado. Esa noche, Elisa soñó con un hada que volaba en una hoja.</p>
<p>-Podrás romper el hechizo si estás dispuesta a sufrir -susurró el hada-. Debes recoger ortigas y tejer once camisas con el lino que saques. Cuando las hayas terminado, deberás lanzárselas a tus hermanos para romper el hechizo. ¡Pero escucha bien! No puedes ni hablar ni reírte hasta no haber terminado.</p>
<p>-Eso no importa -respondió Elisa en sus sueños-. ¡Haré lo que sea necesario para salvar a mis hermanos!</p>
<p>Cuando Elisa se despertó esa mañana, sus hermanos ya se habían ido.</p>
<p>En el suelo, junto a ella, había una pila de hojas de ortiga. Elisa se puso a trabajar de inmediato. Al regresar los príncipes a la cueva, encontraron a su hermana tejiendo una prenda bastante curiosa. Elisa tenía las manos llenas de heridas.</p>
<p>-¿Qué haces? -preguntó Sebastián. Pero su hermana no podía decir nada.</p>
<p>Sebastián no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando se inclinó a mirar las manos de Elisa. Las lágrimas cayeron en sus dedos y las heridas desaparecieron inmediatamente. Ella le sonrió agradecida, pero no se atrevió a decir ni una sola palabra.</p>
<p>Los hermanos observaron durante un rato. El asunto era muy misterioso, pero ellos sospecharon que algo mágico debía estar ocurriendo. A lo mejor, Elisa estaba tratando de salvarlos.<br />
Al otro día, cuando ya sus hermanos se habían ido, Elisa salió de la cueva.</p>
<p>&#8220;Haré mi trabajo a la sombra de aquel roble&#8221;, pensó. &#8220;Allá no me verán.&#8221;</p>
<p>Sin embargo, un grupo de cazadores la descubrió.</p>
<p>-¿Tú quien eres? -preguntó uno de ellos con voz áspera. Al no obtener respuesta, la levantó a la fuerza.</p>
<p>-Quietos -dijo una voz. Era un joven rey.</p>
<p>-¿Cómo te llamas? -preguntó amablemente el rey. Elisa se limitó a sacudir la cabeza y a sonreír.</p>
<p>-Ella vendrá conmigo -dijo el rey y ordenó a los cazadores retirarse.</p>
<p>De regreso en el castillo, el joven rey intentó hablarle a Elisa en diferentes idiomas, pero ella no hacía más que tejer. Aunque la muchacha no decía nada, su mirada dulce y su linda cara cautivaron el corazón del rey.</p>
<p>Elisa vivía ahora rodeada de lujos, pero pasaba la mayor parte del tiempo tejiendo en silencio. El rey se sentaba junto a ella y era feliz en su compañía. Un día, decidió hablar con el arzobispo.</p>
<p>-Amo a esta dulce doncella -anunció-, y deseo casarme con ella.</p>
<p>-Su majestad no sabe nada sobre esta muchacha -replicó el arzobispo-. Bien podría ser una bruja. Ese tejido es bastante extraño.</p>
<p>Sin embargo, el rey estaba decidido. Elisa escuchó en silencio la propuesta del rey y le apretó suavemente la mano. La boda tuvo lugar poco después.</p>
<p>Elisa siguió tejiendo hasta que un día se le acabaron las ortigas. Una noche, se fue al cementerio a recoger más hojas. Aunque allí había tres brujas reunidas, Elisa no hizo caso y pensó sólo en las camisas de sus hermanos.</p>
<p>El arzobispo, que la había seguido, se fue a alertar al rey:</p>
<p>-Le dije a su Majestad que su esposa tenía trato con las brujas -afirmó el arzobispo.</p>
<p>El rey queriendo comprobar tal acusación se fue al cementerio. Aterrado, vio a Elisa cerca de las brujas, en torno a una tumba.</p>
<p>-No lo puedo creer -dijo el rey, desconsolado-. Castígala, si eso es lo que debes hacer.</p>
<p>Elisa fue acusada de brujería.</p>
<p>-Esposa mía, te ruego que hables en tu defensa -suplicó el rey. Pero Elisa no podía más que mirarlo con ojos tristes.</p>
<p>Al otro día, la llevaron a la plaza para quemarla en la hoguera. Elisa seguía tejiendo y llevaba con ella las diez camisas para sus hermanos. La muchedumbre enfurecida gritaba:</p>
<p>-¡Quemen a la bruja!</p>
<p>De repente, en el cielo aparecieron once cisnes salvajes que descendieron hacia Elisa.</p>
<p>Al verlos, ella les lanzó de inmediato las camisas. La gente se quedó atónita al ver que los cisnes se convertían en príncipes.</p>
<p>Sebastián, quien recibió la undécima camisa con una manga sin terminar, tenía todavía un ala.</p>
<p>-¡Sálvenme! -gritó por fin Elisa-. ¡Soy inocente!</p>
<p>Rodeada de sus hermanos, Elisa se presentó ante el rey. Las lágrimas le rodaban por las mejillas a medida que iba relatando la historia de la madrastra, del encuentro con sus hermanos y el motivo de su silencio.</p>
<p>El rey también lloró de felicidad y abrazó a su esposa con ternura. -Sólo alguien con un corazón tan bueno como el tuyo haría ese sacrificio -dijo el rey.</p>
<p>La multitud gritaba alborozada:</p>
<p>-¡Dios bendiga a la reina!</p>
<p>Fue entonces cuando Elisa notó el ala de Sebastián.</p>
<p>-¡Tu brazo, mi pobre hermano! -dijo Elisa llorando.</p>
<p>-No llores -la consoló Sebastián-. Llevaré con orgullo esta ala de cisne como prueba de tu amor generoso e incondicional.</p>
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		<itunes:subtitle>The Wild Swans by Hans Christian Andersen - Read by Maclovia, a Cody&#039;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia!  Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>The Wild Swans by Hans Christian Andersen

Read by Maclovia, a Cody&#039;s Cuentos fan from Mexico. Gracias, Maclovia! 
Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.

Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.

&quot;Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre&quot;, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.

La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.

-¡Fuera de aquí! -gritó-. No los quiero volver a ver nunca más.

Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.

La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.

-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.

Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.

-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.

Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:

-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.

Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.

Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.

Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.

-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.

-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.

-Es una pordiosera [una persona que pide limosna] que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.

-¡Llévensela! -ordenó el rey.

Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.

En ese momento, una vieja mujer se le acercó.

-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.

-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.

Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza.
Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.

Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que eran sus hermanos.

-¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! -gritó, mientras corría a abrazarlos.

Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo.

¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.

-De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos -explicó Antonio, el mayor de los hermanos.

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		<title>Blancanieve y Rojaflor</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2009 23:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-841" title="Cute brown bear" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/istock_000002600384xsmall-300x200.jpg" alt="Cute brown bear" width="300" height="200" />Don&#8217;t let the title of this week&#8217;s tale fool you. This &#8220;Snow White&#8221; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.<br />
<strong><br />
<em>Blancanieve y Rojaflor</em></strong> (&#8220;Snow-White and Rose-Red&#8221;) is a German&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-841" title="Cute brown bear" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/05/istock_000002600384xsmall-300x200.jpg" alt="Cute brown bear" width="300" height="200" />Don&#8217;t let the title of this week&#8217;s tale fool you. This &#8220;Snow White&#8221; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.<br />
<strong><br />
<em>Blancanieve y Rojaflor</em></strong> (&#8220;Snow-White and Rose-Red&#8221;) is a German fairy tale. According to <a title="History of &quot;Blancanieve y Rojaflor&quot;" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Snow-White_and_Rose-Red" target="_self">Wikipedia</a>, the Brothers Grimm compiled the best-known version, called <em>Schneeweißchen und Rosenrot</em>. It is listed as tale #161 in their collection of fairy tales.</p>
<p>In a nutshell, Blancanieve and Rojaflor are two young sisters who live with their mother in the woods. One day a bear comes knocking on their cottage door and eventually the two sisters and the cuddly animal become good friends. But it wouldn&#8217;t be a Grimm fairy tale if there wasn&#8217;t some evil lurking in the background. The version you&#8217;ll hear in this podcast has been modernized and adapted for a 21st-century audience. It&#8217;s heavy on the girl power (in other words, there&#8217;s no prince charming who comes to the rescue) and the importance of being loyal to one&#8217;s friends, no matter who (or what) they are.</p>
<p>There&#8217;s a line in the story where it sounds like Megui, the reader of the story, says <em>ciervo</em> (deer) instead of <em>cuervo</em> (crow.). The full sentence in the story is: <em>&#8220;El graznido inoportuno de algún cuervo añadía al paisaje un toque de inquietud.&#8221;</em> (&#8220;The untimely caw of a random crow added a bit of unease to the scenery.&#8221;)</p>
<p>Find the complete five-page Spanish transcript of this <a title="Cody's Cuentos Products Page" href="http://www.codyscuentos.com/advanced" target="_self">advanced-level story</a> in Cody&#8217;s online store.</p>
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		<itunes:subtitle>Don&#039;t let the title of this week&#039;s tale fool you. This &quot;Snow White&quot; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs. - Blancanieve y Rojaflor (&quot;Snow-White and Rose-Red&quot;) is a German fairy tale. According to Wikipedia,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Don&#039;t let the title of this week&#039;s tale fool you. This &quot;Snow White&quot; is a different girl from the classic Snow White who hung out with the seven dwarfs.

Blancanieve y Rojaflor (&quot;Snow-White and Rose-Red&quot;) is a German fairy tale. According to Wikipedia, the Brothers Grimm compiled the best-known version, called Schneeweißchen und Rosenrot. It is listed as tale #161 in their collection of fairy tales.

In a nutshell, Blancanieve and Rojaflor are two young sisters who live with their mother in the woods. One day a bear comes knocking on their cottage door and eventually the two sisters and the cuddly animal become good friends. But it wouldn&#039;t be a Grimm fairy tale if there wasn&#039;t some evil lurking in the background. The version you&#039;ll hear in this podcast has been modernized and adapted for a 21st-century audience. It&#039;s heavy on the girl power (in other words, there&#039;s no prince charming who comes to the rescue) and the importance of being loyal to one&#039;s friends, no matter who (or what) they are.

There&#039;s a line in the story where it sounds like Megui, the reader of the story, says ciervo (deer) instead of cuervo (crow.). The full sentence in the story is: &quot;El graznido inoportuno de algún cuervo añadía al paisaje un toque de inquietud.&quot; (&quot;The untimely caw of a random crow added a bit of unease to the scenery.&quot;)

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		<title>La brizna de paja, la brasa y la judía verde</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2009 14:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Here&#8217;s an entertaining story from the Brothers Grimm about three girlfriends who make a pact and then suffer from Murphy&#8217;s Law. Everything that can go wrong, does go wrong!</p>
<p>Megui is our reader on this tale and she blasts through&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Here&#8217;s an entertaining story from the Brothers Grimm about three girlfriends who make a pact and then suffer from Murphy&#8217;s Law. Everything that can go wrong, does go wrong!</p>
<p>Megui is our reader on this tale and she blasts through it. If you have difficulty keeping up, get an enhanced transcript which includes definitions of 28 Spanish words and a practice exercise, to further your comprehension of the story&#8217;s vocabulary.</p>
<p>P.S. In Spain, a &#8220;judia verde&#8221;<em> </em> is a green bean. In Latin America, several different words are used to mean &#8220;grean bean,&#8221; depending on the country. Here are some examples: <em>habichuela, ejote, chaucha,  poroto verde,</em> <em>vainita</em>. The words &#8220;<em>judío</em>&#8221; and <em>&#8220;judía&#8221;</em> also mean &#8220;Jewish&#8221; in Spanish.</p>
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		<itunes:subtitle>Here&#039;s an entertaining story from the Brothers Grimm about three girlfriends who make a pact and then suffer from Murphy&#039;s Law. Everything that can go wrong, does go wrong! - Megui is our reader on this tale and she blasts through it.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Here&#039;s an entertaining story from the Brothers Grimm about three girlfriends who make a pact and then suffer from Murphy&#039;s Law. Everything that can go wrong, does go wrong!

Megui is our reader on this tale and she blasts through it. If you have difficulty keeping up, get an enhanced transcript which includes definitions of 28 Spanish words and a practice exercise, to further your comprehension of the story&#039;s vocabulary.

P.S. In Spain, a &quot;judia verde&quot;  is a green bean. In Latin America, several different words are used to mean &quot;grean bean,&quot; depending on the country. Here are some examples: habichuela, ejote, chaucha,  poroto verde, vainita. The words &quot;judío&quot; and &quot;judía&quot; also mean &quot;Jewish&quot; in Spanish.</itunes:summary>
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		<title>Las medias de los flamencos</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 18:14:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-536" title="flamingo" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg" alt="" /></a></p>
<p><em><strong>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga </strong></em></p>
<p><em><strong><a href="http://www.flickr.com/photos/pedrosz/1955192221/in/set-72157603066506298/" target="_self">Foto de Szeke</a></strong></em></p>
<p><em>Click <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/03/glossary-for-las-medias-de-los-flamencos/" target="_self">here</a> for a Spanish-English glossary of some words in this story.</em></p>
<p>Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-536" title="flamingo" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/flamingo.jpg" alt="" /></a></p>
<p><em><strong>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga </strong></em></p>
<p><em><strong><a href="http://www.flickr.com/photos/pedrosz/1955192221/in/set-72157603066506298/" target="_self">Foto de Szeke</a></strong></em></p>
<p><em>Click <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/03/glossary-for-las-medias-de-los-flamencos/" target="_self">here</a> for a Spanish-English glossary of some words in this story.</em></p>
<p>Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los peces estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola.</p>
<p>Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de plátanos, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de peces en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los peces les gritaban haciéndoles burla.</p>
<p>Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Además, cada una llevaba colgada, como un farolito, una luciérnaga que se balanceaba.</p>
<p>Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas, sin excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada víbora. Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.</p>
<p>Y las más espléndidas de todas eran las víboras de que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas, y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudían como locos.</p>
<p><span id="more-535"></span></p>
<p>Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen como ahora la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morían de envidia.</p>
<p>Un flamenco dijo entonces:</p>
<p>—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.</p>
<p>Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el río y fueron a golpear en un almacén del pueblo.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> —pegaron con las patas.</p>
<p>—¿Quién es? —respondió el almacenero.</p>
<p>—Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>—No, no hay —contestó el almacenero—. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.</p>
<p>Los flamencos fueron entonces a otro almacén.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>El almacenero contestó:</p>
<p>—¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en ninguna parte. Ustedes están locos. ¿Quiénes son?</p>
<p>—Somos los flamencos— respondieron ellos.</p>
<p>Y el hombre dijo:</p>
<p>—Entonces son con seguridad flamencos locos.</p>
<p>Fueron a otro almacén.</p>
<p>—<em>¡Tan-tan!</em> ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?</p>
<p>El almacenero gritó :</p>
<p>—¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras ? Solamente a pájaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse en seguida!</p>
<p>Y el hombre los echó con la escoba.</p>
<p>Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.<br />
Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:<br />
—¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.</p>
<p>Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron:</p>
<p>—¡Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos esas medias, las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.</p>
<p>—¡Con mucho gusto! —respondió la lechuza—. Esperen un segundo, y vuelvo en seguida.</p>
<p>Y echando a volar, dejó solos a los flamencos; y al rato volvió con las medias. Pero no eran medias, sino cueros de víboras de coral, lindísimos cueros, recién sacados a las víboras que la lechuza había cazado.</p>
<p>—Aquí están las medias —les dijo la lechuza—. No se preocupen de nada, sino de una sola cosa: bailen toda la noche, bailen sin parar un momento, bailen de costado, de cabeza, como ustedes quieran; pero no paren un momento, porque en vez de bailar entonces van a llorar.</p>
<p>Pero los flamencos, como son tan tontos, no comprendían bien qué gran peligro había para ellos en eso, y locos de alegría se pusieron los cueros de las víboras como medias, metiendo las patas dentro de los cueros, que eran como tubos. Y muy contentos se fueron volando al baile.</p>
<p>Cuando vieron a tos flamencos con sus hermosísimas medias, todos les tuvieron envidia. Las víboras querían bailar con ellos únicamente, y como los flamencos no dejaban un Instante de mover las patas, las víboras no podían ver bien de qué estaban hechas aquellas preciosas medias.</p>
<p>Pero poco a poco, sin embargo, las víboras comenzaron a desconfiar. Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban hasta el suelo para ver bien.</p>
<p>Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban la vista de las medias, y se agachaban también tratando de tocar con la lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de la víbora es como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban sin cesar, aunque estaban cansadísimos y ya no podían más.</p>
<p>Las víboras de coral, que conocieron esto, pidieron en seguida a las ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a que los flamencos se cayeran de cansados.</p>
<p>Efectivamente, un minuto después, un flamenco, que ya no podía más, tropezó con un yacaré, se tambaleó y cayó de costado. En seguida las víboras de coral corrieron con sus farolitos y alumbraron bien las patas de! flamenco. Y vieron qué eran aquellas medias, y lanzaron un silbido que se oyó desde la otra orilla del Paraná.</p>
<p>—¡No son medias!— gritaron las víboras—. ¡Sabemos lo que es! ¡Nos han engañado! ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como medias! ¡Las medias que tienen son de víboras de coral!</p>
<p>Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo porque estaban descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una sola pata. Entonces las víboras de coral se lanzaron sobre ellos, y enroscándose en sus patas les deshicieron a mordiscones las medias. Les arrancaron las medias a pedazos, enfurecidas y les mordían también las patas, para que murieran.</p>
<p>Los flamencos, locos de dolor, saltaban de un lado para otro sin que las víboras de coral se desenroscaran de sus patas, Hasta que al fin, viendo que ya no quedaba un solo pedazo de medias, las víboras los dejaron libres, cansadas y arreglándose las gasas de sus trajes de baile.</p>
<p>Además, las víboras de coral estaban seguras de que los flamencos iban a morir, porque la mitad, por lo menos, de las víboras de coral que los habían mordido eran venenosas.</p>
<p>Pero los flamencos no murieron. Corrieron a echarse al agua, sintiendo un grandísimo dolor y sus patas, que eran blancas, estaban entonces coloradas por el veneno de las víboras. Pasaron días y días, y siempre sentían terrible ardor en las patas, y las tenían siempre de color de sangre, porque estaban envenenadas.</p>
<p>De esto hace muchísimo tiempo. Y ahora todavía están los flamencos casi todo el día con sus patas coloradas metidas en el agua, tratando de calmar el ardor que sienten en ellas.</p>
<p>A veces se apartan de la orilla, y dan unos pasos por tierra, para ver cómo se encuentran. Pero los dolores del veneno vuelven en seguida, y corren a meterse en el agua. A veces el ardor que sienten es tan grande, que encogen una pata y quedan así horas enteras, porque no pueden estirarla.</p>
<p>Esta es la historia de los flamencos, que antes tenían las patas blancas y ahora las tienen coloradas. Todos los peces saben por qué es, y se burlan de ellos. Pero los flamencos, mientras se curan en el agua, no pierden ocasión de vengarse, comiéndose a cuanto pececito se acerca demasiado a burlarse de ellos.</p>
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		<itunes:subtitle>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga  - Foto de Szeke - Click here for a Spanish-English glossary of some words in this story. - Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Un cuento uruguayo, escrito por Horacio Quiroga 

Foto de Szeke

Click here for a Spanish-English glossary of some words in this story.

Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los peces estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola.

Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de plátanos, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de peces en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los peces les gritaban haciéndoles burla.

Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Además, cada una llevaba colgada, como un farolito, una luciérnaga que se balanceaba.

Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas, sin excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada víbora. Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.

Y las más espléndidas de todas eran las víboras de que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas, y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudían como locos.



Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen como ahora la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morían de envidia.

Un flamenco dijo entonces:

—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.

Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el río y fueron a golpear en un almacén del pueblo.

—¡Tan-tan! —pegaron con las patas.

—¿Quién es? —respondió el almacenero.

—Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?

—No, no hay —contestó el almacenero—. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.

Los flamencos fueron entonces a otro almacén.

—¡Tan-tan! ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero contestó:

—¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en ninguna parte. Ustedes están locos. ¿Quiénes son?

—Somos los flamencos— respondieron ellos.

Y el hombre dijo:

—Entonces son con seguridad flamencos locos.

Fueron a otro almacén.

—¡Tan-tan! ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero gritó :

—¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras ? Solamente a pájaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse en seguida!

Y el hombre los echó con la escoba.

Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.
Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:
—¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.

Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron:

—¡Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos esas medias,</itunes:summary>
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		<title>Glossary for &#8220;Las medias de los flamencos&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 18:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Although Horacio Quiroga wrote this story for his children, there are plenty of words in this tale that may be unfamiliar to even advanced Spanish speakers. Here are a few definitions. The words are listed in order of their appearance&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Although Horacio Quiroga wrote this story for his children, there are plenty of words in this tale that may be unfamiliar to even advanced Spanish speakers. Here are a few definitions. The words are listed in order of their appearance in the story.</p>
<p><strong>víbora</strong>: viper, a very poisonous snake</p>
<p><strong>yácares</strong>: alligators, caiman reptiles</p>
<p><strong>pescuezo</strong>: snout of an animal</p>
<p><strong>escamas de peces</strong>: scales of a fish (the skin of a fish is covered in scales)</p>
<p><strong>menearse</strong>: to wiggle oneself</p>
<p><strong>burla</strong>: teasing, to mock someone</p>
<p><strong>farolito</strong>: a small lantern</p>
<p><strong>luciérnaga</strong>: a firefly</p>
<p><strong>pollerita</strong>: a very small skirt</p>
<p><strong>tul</strong>: tulle, a very frilly, lightweight fabric found on ballerina outfits</p>
<p><strong>gasa roja</strong>: red chiffon (chiffon is an extremely thin, lightweight fabric used in fancy dresses)</p>
<p><strong>almacenero</strong>: a man who works in a warehouse</p>
<p><strong>narigudo</strong>: stuck-up, snobby</p>
<p><strong>encomienda</strong>: parcel, package</p>
<p><strong>lechuza</strong>: an owl</p>
<p><strong>agacharse</strong>: to crouch down, to bend down</p>
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		<title>El niño malo</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2009/02/nino-malo-hans-christian-andersen/</link>
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		<pubDate>Sat, 14 Feb 2009 14:34:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<category><![CDATA[valentine's day]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Happy Valentine&#8217;s Day! Read more about Cupid, in Spanish, in &#8220;El niño malo&#8221; transcript. (Update: Revised transcript available sometime in May 2009. Will update this entry when it is available.) </p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Happy Valentine&#8217;s Day! Read more about Cupid, in Spanish, in &#8220;El niño malo&#8221; transcript. (Update: Revised transcript available sometime in May 2009. Will update this entry when it is available.) </p>
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		<itunes:subtitle>Happy Valentine&#039;s Day! Read more about Cupid, in Spanish, in &quot;El niño malo&quot; transcript. (Update: Revised transcript available sometime in May 2009. Will update this entry when it is available.)</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Happy Valentine&#039;s Day! Read more about Cupid, in Spanish, in &quot;El niño malo&quot; transcript. (Update: Revised transcript available sometime in May 2009. Will update this entry when it is available.)</itunes:summary>
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		<title>Anita Bonita, ¡Hay un pájaro en tu cabello!</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2009/02/anita-bonita-franny-kranny/</link>
		<comments>http://www.codyscuentos.com/2009/02/anita-bonita-franny-kranny/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 04 Feb 2009 22:35:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos originales]]></category>
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		<category><![CDATA[franny b kranny]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><em>This is a Spanish translation of  <a href="http://www.amazon.com/gp/product/B0006L89NS?ie=UTF8&#38;tag=wwwvoicesenes-20&#38;linkCode=as2&#38;camp=1789&#38;creative=9325&#38;creativeASIN=B0006L89NS">&#8220;Franny B. Kranny, There&#8217;s a Bird in Your Hair!&#8221;</a><img style="border:none !important; margin:0px !important;" src="http://www.assoc-amazon.com/e/ir?t=wwwvoicesenes-20&#38;l=as2&#38;o=1&#38;a=B0006L89NS" border="0" alt="" width="1" height="1" /><br />
written by <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/02/interview-with-harriet-lerner/" target="_self">Harriet Lerner</a> and Susan Goldhor. This is a Latin American Spanish translation, so you will hear &#8220;ustedes&#8221; instead of &#8220;vosotros&#8221;</em>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>This is a Spanish translation of  <a href="http://www.amazon.com/gp/product/B0006L89NS?ie=UTF8&amp;tag=wwwvoicesenes-20&amp;linkCode=as2&amp;camp=1789&amp;creative=9325&amp;creativeASIN=B0006L89NS">&#8220;Franny B. Kranny, There&#8217;s a Bird in Your Hair!&#8221;</a><img style="border:none !important; margin:0px !important;" src="http://www.assoc-amazon.com/e/ir?t=wwwvoicesenes-20&amp;l=as2&amp;o=1&amp;a=B0006L89NS" border="0" alt="" width="1" height="1" /><br />
written by <a href="http://www.codyscuentos.com/2009/02/interview-with-harriet-lerner/" target="_self">Harriet Lerner</a> and Susan Goldhor. This is a Latin American Spanish translation, so you will hear &#8220;ustedes&#8221; instead of &#8220;vosotros&#8221; in this story. Complete Spanish transcript available as part of the Cody&#8217;s Cuentos&#8217; <a href="http://www.codyscuentos.com/advanced" target="_self">Advanced Story Pack</a>.<br />
</em></p>
<p><a href="http://www.amazon.com/Franny-Kranny-Theres-Bird-Your/dp/0060517859/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1233787525&amp;sr=8-1"><img class="alignleft size-full wp-image-442" title="Franny B. Kranny" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/02/18118044.jpg" alt="" width="185" height="231" /></a>Anita Bonita tiene una larga e hirsuta cabellera, que siempre la mete en problemas. El pelo de Anita Bonita se enreda con él mismo, en nudos terribles con los botones de su vestido.</p>
<p>El pelo de Anita Bonita ha hecho estornudar todos los días a la niña que se sienta junto a ella en el autobús escolar.</p>
<p>La cabellera de Anita Bonita incluso se atoró en la puerta del refrigerador, pero Anita Bonita ama su largo e hirsuto cabello. Entre más hirsuto y largo, le gusta más.</p>
<p>Continue reading this story by purchasing the complete Anita Bonita transcript, which is part of the <a href="http://www.codyscuentos.com/advanced">Advanced Story Pack</a>, only available here at Cody&#8217;s Cuentos.</p>
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		<itunes:subtitle>This is a Spanish translation of  &quot;Franny B. Kranny, There&#039;s a Bird in Your Hair!&quot; written by Harriet Lerner and Susan Goldhor. This is a Latin American Spanish translation, so you will hear &quot;ustedes&quot; instead of &quot;vosotros&quot; in this story.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>This is a Spanish translation of  &quot;Franny B. Kranny, There&#039;s a Bird in Your Hair!&quot;
written by Harriet Lerner and Susan Goldhor. This is a Latin American Spanish translation, so you will hear &quot;ustedes&quot; instead of &quot;vosotros&quot; in this story. Complete Spanish transcript available as part of the Cody&#039;s Cuentos&#039; Advanced Story Pack.


Anita Bonita tiene una larga e hirsuta cabellera, que siempre la mete en problemas. El pelo de Anita Bonita se enreda con él mismo, en nudos terribles con los botones de su vestido.

El pelo de Anita Bonita ha hecho estornudar todos los días a la niña que se sienta junto a ella en el autobús escolar.

La cabellera de Anita Bonita incluso se atoró en la puerta del refrigerador, pero Anita Bonita ama su largo e hirsuto cabello. Entre más hirsuto y largo, le gusta más.

Continue reading this story by purchasing the complete Anita Bonita transcript, which is part of the Advanced Story Pack, only available here at Cody&#039;s Cuentos.</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>La bella durmiente</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jan 2009 09:47:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
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		<category><![CDATA[bella durmiente]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/emotions/294126-sunflower-dreams.php?id=294126"><img class="aligncenter size-medium wp-image-391" title="sunflowerdreams" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/sunflowerdreams.jpg" alt="" width="442" height="271" /></a></p>
<p><em>Escrito por Charles Perrault</em></p>
<p>Érase una vez una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada.&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/emotions/294126-sunflower-dreams.php?id=294126"><img class="aligncenter size-medium wp-image-391" title="sunflowerdreams" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/sunflowerdreams.jpg" alt="" width="442" height="271" /></a></p>
<p><em>Escrito por Charles Perrault</em></p>
<p>Érase una vez una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada. A pesar de ello, esta hada maligna se presentó igualmente al castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: -¡A los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás!</p>
<p>Un hada buena que había cerca, al oír el maleficio, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: al pincharse, en vez de morir la muchacha permanecería dormida durante cien años y sólo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño.</p>
<p>(Revised transcript available later in May, 2009. Will update this post when available.)</p>
<p><em><strong>Photo: <a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/emotions/294126-sunflower-dreams.php?id=294126" target="_self">Sunflower Dreams by Debi Bishop</a>, used under license from iStockPhoto.com</strong></em></p>
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		<itunes:subtitle>Escrito por Charles Perrault - Érase una vez una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada. A pesar de ello,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Escrito por Charles Perrault

Érase una vez una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada. A pesar de ello, esta hada maligna se presentó igualmente al castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: -¡A los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás!

Un hada buena que había cerca, al oír el maleficio, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: al pincharse, en vez de morir la muchacha permanecería dormida durante cien años y sólo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño.

(Revised transcript available later in May, 2009. Will update this post when available.)

Photo: Sunflower Dreams by Debi Bishop, used under license from iStockPhoto.com</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>La gallina de los huevos de oro</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Jan 2009 03:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/goldenegg.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-373" title="Golden Nest Egg" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/goldenegg.jpg" alt="" /></a></p>
<p>In English, this story is called &#8220;The Goose that Laid the Golden Eggs.&#8221; Through the ages there have been many different takes of this story in different cultures. Here is a Spanish version we found, author unknown, where the&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/goldenegg.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-373" title="Golden Nest Egg" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2009/01/goldenegg.jpg" alt="" /></a></p>
<p>In English, this story is called &#8220;The Goose that Laid the Golden Eggs.&#8221; Through the ages there have been many different takes of this story in different cultures. Here is a Spanish version we found, author unknown, where the goose is a chicken and the action takes place somewhere during the Middle Ages. Despite the age of this story, it is a classic tale which is more relevant than ever. (Find the <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/la-gallina-de-los-huevos-de-oro/" target="_self">complete story in Spanish</a> in the Cody&#8217;s Cuentos <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/advanced/la-gallina-de-los-huevos-de-oro/" target="_self">online store</a>.)</p>
<p><em><strong>La gallina de los huevos de oro</strong></em></p>
<p><em>Érase una vez en un país rico y próspero, un agricultor que vivía en los confines de las propiedades de un adinerado  y déspota  señor. Sucedió que durante cuatro años las malas cosechas fueron privando  al agricultor de todos sus recursos, y llegó un momento en el que no tenía ni pan para comer, ni una sola moneda con la que pagar su derecho a cultivar sus tierras.</em></p>
<p><em>Una mañana en la que el buen agricultor y su esposa se preguntaban cómo dar de comer a sus hijos, se presentó un recaudador  para reclamar los impuestos .</em></p>
<p><em>De nada sirvieron los llantos  de la pareja. Lo máximo que consiguieron arrancar del hombre que les reclamaba los beneficios de una cosecha inexistente, fue un plazo de una semana para liquidar su cuantiosa deuda.</em></p>
<p>Click<strong> <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/la-gallina-de-los-huevos-de-oro/" target="_self">here</a></strong> for the complete story.</p>
<p><em></em></p>
<p><em><br />
</em><br />
<em>Photo: <a href="http://www.istockphoto.com/file_closeup/concepts-and-ideas/time/5680547-golden-nest-egg.php?id=5680547" target="_self">Golden Nest Egg</a>, used under license from iStockPhoto.com</em></p>
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		<itunes:subtitle>In English, this story is called &quot;The Goose that Laid the Golden Eggs.&quot; Through the ages there have been many different takes of this story in different cultures. Here is a Spanish version we found, author unknown,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>In English, this story is called &quot;The Goose that Laid the Golden Eggs.&quot; Through the ages there have been many different takes of this story in different cultures. Here is a Spanish version we found, author unknown, where the goose is a chicken and the action takes place somewhere during the Middle Ages. Despite the age of this story, it is a classic tale which is more relevant than ever. (Find the complete story in Spanish in the Cody&#039;s Cuentos online store.)

La gallina de los huevos de oro

Érase una vez en un país rico y próspero, un agricultor que vivía en los confines de las propiedades de un adinerado  y déspota  señor. Sucedió que durante cuatro años las malas cosechas fueron privando  al agricultor de todos sus recursos, y llegó un momento en el que no tenía ni pan para comer, ni una sola moneda con la que pagar su derecho a cultivar sus tierras.

Una mañana en la que el buen agricultor y su esposa se preguntaban cómo dar de comer a sus hijos, se presentó un recaudador  para reclamar los impuestos .

De nada sirvieron los llantos  de la pareja. Lo máximo que consiguieron arrancar del hombre que les reclamaba los beneficios de una cosecha inexistente, fue un plazo de una semana para liquidar su cuantiosa deuda.

Click here for the complete story.





Photo: Golden Nest Egg, used under license from iStockPhoto.com</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>La sirenita</title>
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		<comments>http://www.codyscuentos.com/2008/12/la-sirenita-audiocuento/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 22:51:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><em>Escrito por Hans Christian Andersen</em></p>
<p><a href="http://www.codyscuentos.com"><img class="alignright size-medium wp-image-322" title="littlemermaid" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/12/littlemermaid.jpg" alt="" width="375" height="500" /></a>Había una vez, en el fondo del océano, un maravilloso palacio construido con corales multicolores, caracolas de nácar, burbujas saltarinas y perlas de todos los tamaños.</p>
<p>En el palacio vivían el rey y la reina&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Escrito por Hans Christian Andersen</em></p>
<p><a href="http://www.codyscuentos.com"><img class="alignright size-medium wp-image-322" title="littlemermaid" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/12/littlemermaid.jpg" alt="" width="375" height="500" /></a>Había una vez, en el fondo del océano, un maravilloso palacio construido con corales multicolores, caracolas de nácar, burbujas saltarinas y perlas de todos los tamaños.</p>
<p>En el palacio vivían el rey y la reina de los mares y sus seis hijas.</p>
<p>La Sirenita, la más pequeña de todas, solía cantar con voz muy dulce. Y pulsaba, como se fuesen las cuerdas de un arpa, los rayos del sol, que apenas se filtraban a través de las aguas profundas.</p>
<p>-Madre –le decía la Sirenita a la reina-, dicen que allí arriba, en tierra firme, se levanta el gran mundo de los seres humanos…. ¿Cuándo podré visitarlo?</p>
<p>-¡Eres demasiado joven!  -exclamó la madre-.  Cuando cumplas 15 años, tu padre te dejará que subas a la superficie y lo conozcas…</p>
<p>Por fin el día ansiado llegó. Su sabio padre, el Rey Tritón, la llamó y le hizo la siguiente advertencia:</p>
<p>-Ahora tienes suficiente edad para subir a la superficie…Pero debes recordar que el aire que vas a respirar, el cielo que tus ojos van a ver, no forman parte de nuestro mundo. Nuestro mundo es el mar y, como criaturas del mar que somos, nosostros no tenemos alma, como los hombres. De modo que pon especial cuidado en no encontrarte con ninguno de ellos.</p>
<p><em>A transcript of this <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/la-sirenita/" target="_self">ADVANCED story</a> is available in the <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/" target="_self">Cody&#8217;s Cuentos online store</a>.<br />
</em></p>
<p><em><strong>Photo: <a href="http://www.flickr.com/photos/dragonflydoces/2869620595/in/set-72157607072485687/" target="_self">Little Mermaid Cake</a> by Dragonfly Doces</strong></em></p>
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		<itunes:subtitle>Escrito por Hans Christian Andersen - Había una vez, en el fondo del océano, un maravilloso palacio construido con corales multicolores, caracolas de nácar, burbujas saltarinas y perlas de todos los tamaños. - </itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Escrito por Hans Christian Andersen

Había una vez, en el fondo del océano, un maravilloso palacio construido con corales multicolores, caracolas de nácar, burbujas saltarinas y perlas de todos los tamaños.

En el palacio vivían el rey y la reina de los mares y sus seis hijas.

La Sirenita, la más pequeña de todas, solía cantar con voz muy dulce. Y pulsaba, como se fuesen las cuerdas de un arpa, los rayos del sol, que apenas se filtraban a través de las aguas profundas.

-Madre –le decía la Sirenita a la reina-, dicen que allí arriba, en tierra firme, se levanta el gran mundo de los seres humanos…. ¿Cuándo podré visitarlo?

-¡Eres demasiado joven!  -exclamó la madre-.  Cuando cumplas 15 años, tu padre te dejará que subas a la superficie y lo conozcas…

Por fin el día ansiado llegó. Su sabio padre, el Rey Tritón, la llamó y le hizo la siguiente advertencia:

-Ahora tienes suficiente edad para subir a la superficie…Pero debes recordar que el aire que vas a respirar, el cielo que tus ojos van a ver, no forman parte de nuestro mundo. Nuestro mundo es el mar y, como criaturas del mar que somos, nosostros no tenemos alma, como los hombres. De modo que pon especial cuidado en no encontrarte con ninguno de ellos.

A transcript of this ADVANCED story is available in the Cody&#039;s Cuentos online store.


Photo: Little Mermaid Cake by Dragonfly Doces</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<item>
		<title>Peter Pan</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2008/11/peter-pan-audiocuento/</link>
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		<pubDate>Wed, 19 Nov 2008 17:11:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<category><![CDATA[spanish stories]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/peterpan.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-263" title="peterpan" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/peterpan.jpg" alt="" width="266" height="400" /></a></p>
<p><em>Érase una vez en el centro de una ciudad que era Londres una familia, la familia Darling, compuesta por el señor Darling, el papá bonachón;  la siempre dulce mamá, la señora Darling; Wendy, la hija mayor a punto de</em>&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/peterpan.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-263" title="peterpan" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/peterpan.jpg" alt="" width="266" height="400" /></a></p>
<p><em>Érase una vez en el centro de una ciudad que era Londres una familia, la familia Darling, compuesta por el señor Darling, el papá bonachón;  la siempre dulce mamá, la señora Darling; Wendy, la hija mayor a punto de salir de la niñez; John, el hermano mediano y decidido y Michael, pequeño, valiente y tierno…</em></p>
<p><em>Una noche, la noche especial en la que transcurre esta historia, el señor y la señora Darling debían asistir a una fiesta, y John y Michael ya celebraban la nueva aventura de Peter Pan, su héroe predilecto,  que su hermana Wendy les relataría antes de dormir: piratas, hadas, sirenas, indios… Todo era posible en el lejano País de Nunca Jamás&#8230;.</em></p>
<p>Would you like to read the entire story as well as get a glossary of Spanish words with their definitions from this fairy tale? The <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/advanced" target="_self"><strong>ADVANCED Enhanced Transcript</strong></a> is available in <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/" target="_self">Cody&#8217;s transcript store</a>. (REVISED VERSION COMING LATE MAY 2009. WILL UPDATE THIS SPACE WILL AVAILABLE.)</p>
<p><em>Photo: <a href="http://www.flickr.com/photos/wallyspam/2310668349/" target="_self">Wendy Darling and Peter Pan</a> by WallySpam </em></p>
]]></content:encoded>
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		<itunes:subtitle>Érase una vez en el centro de una ciudad que era Londres una familia, la familia Darling, compuesta por el señor Darling, el papá bonachón;  la siempre dulce mamá, la señora Darling; Wendy, la hija mayor a punto de salir de la niñez; John,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Érase una vez en el centro de una ciudad que era Londres una familia, la familia Darling, compuesta por el señor Darling, el papá bonachón;  la siempre dulce mamá, la señora Darling; Wendy, la hija mayor a punto de salir de la niñez; John, el hermano mediano y decidido y Michael, pequeño, valiente y tierno…

Una noche, la noche especial en la que transcurre esta historia, el señor y la señora Darling debían asistir a una fiesta, y John y Michael ya celebraban la nueva aventura de Peter Pan, su héroe predilecto,  que su hermana Wendy les relataría antes de dormir: piratas, hadas, sirenas, indios… Todo era posible en el lejano País de Nunca Jamás....

Would you like to read the entire story as well as get a glossary of Spanish words with their definitions from this fairy tale? The ADVANCED Enhanced Transcript is available in Cody&#039;s transcript store. (REVISED VERSION COMING LATE MAY 2009. WILL UPDATE THIS SPACE WILL AVAILABLE.)

Photo: Wendy Darling and Peter Pan by WallySpam</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>El músico maravilloso</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2008 23:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/mozart.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-231" title="mozart" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/mozart.jpg" alt="" /></a>Some of my most vivid childhood memories involve classical music and Wolfgang Amadeus Mozart is at the heart of many of them. You see, when I was a kid I wasn&#8217;t allowed to listen to the radio, go to the&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/mozart.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-231" title="mozart" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/11/mozart.jpg" alt="" /></a>Some of my most vivid childhood memories involve classical music and Wolfgang Amadeus Mozart is at the heart of many of them. You see, when I was a kid I wasn&#8217;t allowed to listen to the radio, go to the movies or watch much television. My parents didn&#8217;t see much value in &#8220;pop culture,&#8221; so I was raised in a household where reading books and listening to classical music were considered the best ways to unwind. My father had (still does to this day) an extensive collection of classic music albums. When he came home from work, he&#8217;d take off his suit jacket and tie and then turn on the stereo to play some Bach, Mozart, Haydn or Vivaldi to relax. Some people fix themselves a stiff drink or zone out in front of the TV after work. My dad listened to classical music.</p>
<p>In any case, I was imprinted at a very early age to not only enjoy classical music but to love it. My parents spent a lot of money for me to take piano and violin lessons. I even went to summer music camp and eventually got good enough, as a teen, to be made the church pianist at two different churches! While other kids would say they wanted to be a doctor, a fireman or a professional athlete when they grew up, I&#8217;d tell people I wanted to be a concert pianist. It wasn&#8217;t until I was well in my teens that reality sunk in and it was clear I wasn&#8217;t going to have what it took to be a concert pianist. But my love for the music of Mozart has never dimmed.</p>
<p>Today&#8217;s podcast is an audio biography of one of the greatest music composers who ever lived. An enhanced transcript of this ADVANCED story is available in Cody&#8217;s online store. The <strong><a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/el-msico-maravilloso/" target="_self">10-page transcript</a></strong> contains the full story plus definitions of 48 Spanish words and a question and answer worksheet. You can find the enhanced transcript in <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/" target="_self">Cody&#8217;s online store</a>. Enjoy!</p>
<p><em>Portrait of Mozart by Barbara Krofft</em></p>
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		<itunes:subtitle>Some of my most vivid childhood memories involve classical music and Wolfgang Amadeus Mozart is at the heart of many of them. You see, when I was a kid I wasn&#039;t allowed to listen to the radio, go to the movies or watch much television.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Some of my most vivid childhood memories involve classical music and Wolfgang Amadeus Mozart is at the heart of many of them. You see, when I was a kid I wasn&#039;t allowed to listen to the radio, go to the movies or watch much television. My parents didn&#039;t see much value in &quot;pop culture,&quot; so I was raised in a household where reading books and listening to classical music were considered the best ways to unwind. My father had (still does to this day) an extensive collection of classic music albums. When he came home from work, he&#039;d take off his suit jacket and tie and then turn on the stereo to play some Bach, Mozart, Haydn or Vivaldi to relax. Some people fix themselves a stiff drink or zone out in front of the TV after work. My dad listened to classical music.

In any case, I was imprinted at a very early age to not only enjoy classical music but to love it. My parents spent a lot of money for me to take piano and violin lessons. I even went to summer music camp and eventually got good enough, as a teen, to be made the church pianist at two different churches! While other kids would say they wanted to be a doctor, a fireman or a professional athlete when they grew up, I&#039;d tell people I wanted to be a concert pianist. It wasn&#039;t until I was well in my teens that reality sunk in and it was clear I wasn&#039;t going to have what it took to be a concert pianist. But my love for the music of Mozart has never dimmed.

Today&#039;s podcast is an audio biography of one of the greatest music composers who ever lived. An enhanced transcript of this ADVANCED story is available in Cody&#039;s online store. The 10-page transcript contains the full story plus definitions of 48 Spanish words and a question and answer worksheet. You can find the enhanced transcript in Cody&#039;s online store. Enjoy!

Portrait of Mozart by Barbara Krofft</itunes:summary>
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		<title>Sapos y diamantes (El hada)</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2008 23:09:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-202" title="Fairy stars" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy.jpg" alt="" /></a></p>
<p>In this classic tale from the French fairy tale master Charles Perrault (<em>the same man who gave us Sleeping Beauty, Little Red Riding Hood, among others</em>) we meet two sisters. The older sister has got an ugly personality while&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-202" title="Fairy stars" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/10/thefairy.jpg" alt="" /></a></p>
<p>In this classic tale from the French fairy tale master Charles Perrault (<em>the same man who gave us Sleeping Beauty, Little Red Riding Hood, among others</em>) we meet two sisters. The older sister has got an ugly personality while the younger sister has a sweet disposition. The two girls meet the same fairy in the woods but the results of their encounters are totally different.</p>
<p>SPOILER ALERT: This story in Spanish is also called <em><strong>&#8220;</strong><strong>Sapos y diamantes</strong><strong>&#8220;</strong></em> but I don&#8217;t like that title because it gives away a big part of the plot! <img src='http://www.codyscuentos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>An <a title="El Hada (The Fairy) transcript" href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/el-hada-the-fairy/" target="_self">enhanced transcript</a> of this Advanced-level story is <a href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/" target="_self">available in the store.</a> Feel free to leave your comments or feedback here on the blog or via <a href="http://www.codyscuentos.com/contact" target="_self">Cody&#8217;s Mailbox</a>.</p>
<p><em>Photo: &#8220;Fairy stars&#8221; used under license from iStockPhoto.com</em></p>
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		<itunes:summary>In this classic tale from the French fairy tale master Charles Perrault (the same man who gave us Sleeping Beauty, Little Red Riding Hood, among others) we meet two sisters. The older sister has got an ugly personality while the younger sister has a sweet disposition. The two girls meet the same fairy in the woods but the results of their encounters are totally different.

SPOILER ALERT: This story in Spanish is also called &quot;Sapos y diamantes&quot; but I don&#039;t like that title because it gives away a big part of the plot! :)

An enhanced transcript of this Advanced-level story is available in the store. Feel free to leave your comments or feedback here on the blog or via Cody&#039;s Mailbox.

Photo: &quot;Fairy stars&quot; used under license from iStockPhoto.com</itunes:summary>
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		<title>La historia de dos cachorros de coatí y dos cachorros de hombre</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jul 2008 03:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-109" title="coati" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg" alt="\" /></a><em>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga</em></p>
<p>Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-109" title="coati" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg" alt="\" /></a><em>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga</em></p>
<p>Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.</p>
<p>Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así:</p>
<p>—Coaticitos: ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso.</p>
<p>&#8220;Coaticitos hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. Si no lo hacen así, los matarán con seguridad de un tiro&#8221;.</p>
<p>Así habló la madre. Todos se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los coatís.</p>
<p><strong><em>Foto: &#8220;Coatí Close-up&#8221;, por <a class="aligncenter" href="http://www.flickr.com/photos/trinity-of-one/" target="_blank">David Asch</a></em></strong></p>
<p><span id="more-108"></span></p>
<p>El mayor, que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán, que tenía tres huevos, y uno de tórtolas, que tenia sólo dos. Total, cinco huevos chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito tenia tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte. Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre.</p>
<p>—¿Por qué no querrá mamá —se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?</p>
<p>Estaba pensando así cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro. .</p>
<p>—¡Qué canto tan fuerte! —dijo admirado—. ¡qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!</p>
<p>El canto se repitió. Y entonces el coatí se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque el canto había sonado muy a su derecha. El sol caía ya, pero el coatí volaba con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo. Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el coaticito se golpeó la frente y dijo:</p>
<p>—¡Qué zonzo soy! Ahora ya sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un día de arriba de un árbol. Los gallos tienen un canto lindísimo, y tienen muchas gallinas que ponen huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!&#8230;</p>
<p>Es sabido que nada gusta tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más, y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir al gallinero.</p>
<p>La noche cerró por fin, y entonces, en puntas de pie y paso a paso, se encaminó a la casa. Llegó allá y escuchó atentamente: no se sentía el menor ruido. El coaticito, loco de alegría porque iba a comer cien, mil, dos mil huevos de gallina, entró en el gallinero, y lo primero que vio bien en la entrada fue un huevo que estaba solo en el suelo. Pensó un instante en dejarlo para el final, como postre, porque era un huevo muy grande, pero la boca se le hizo agua, y clavó los dientes en el huevo.</p>
<p>Apenas lo mordió, ¡TRAC!, un terrible golpe en la cara y un inmenso dolor en el hocico.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —gritó, loco de dolor, saltando a todos lados. Pero estaba sujeto, y en ese momento oyó el ronco ladrido de un perro.</p>
<p>Mientras el coatí esperaba en la orilla del monte que cerrara bien la noche para ir al gallinero, el hombre de la casa jugaban sobre la gramilla con sus hijos, dos criaturas rubias de cinco y seis años, que corrían riendo, se caían, se levantaban riendo otra vez, y volvían a caerse. El padre se caía también, con gran alegría de los chicos. Dejaron por fin de jugar porque ya era de noche, y el hombre dijo entonces:</p>
<p>—Voy a poner la trampa para cazar a la comadreja que viene a matar los pollos y robar los huevos.</p>
<p>Y fue y armó la trampa. Después comieron y se acostaron. Pero las criaturas no tenían sueño, y saltaban de la cama del uno a la del otro y se enredaban en el camisón. El padre, que leía en el comedor, los dejaba hacer. Pero los chicos de repente se detuvieron en sus saltos y gritaron:</p>
<p>—¡Papá! ¡Ha caído la comadreja en la trampa! ¡Tuké esta ladrando! ¡Nosotros también queremos ir, papá!</p>
<p>El padre consintió, pero no sin que las criaturas se pusieran las sandalias, pues nunca los dejaba andar descalzos de noche, por temor a las víboras.</p>
<p>Fueron. ¿Qué vieron allí? Vieron a su padre que se agachaba, teniendo al perro con una mano, mientras con la otra levantaba por la cola a un coatí, un coaticito chico aún, que gritaba con un chillido rapidísimo y estridente, como un grillo.</p>
<p>—¡Papá, no lo mates! —dijeron las criaturas—. ¡Es muy chiquito! ¡Dánoslo para nosotros!</p>
<p>—Bueno, se los voy a dar —respondió el padre—. Pero cuídenlo bien, y sobre todo no se olviden de que los coatís toman agua como ustedes.</p>
<p>Esto lo decía porque los chicos habían tenido una vez un gatito montés al cual a cada rato le llevaban carne, que sacaban de la fiambrera pero nunca le dieron agua, y se murió.</p>
<p>En consecuencia, pusieron al coatí en la misma jaula del gato montés, que estaba cerca del gallinero, y se acostaron todos otra vez.</p>
<p>Y cuando era más de medianoche y había un gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban con gran sigilo. El corazón le dio un vuelco al pobre coaticito al reconocer a su madre y sus dos hermanos que lo estaban buscando.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —murmuró el prisionero en voz muy baja para no hacer ruido—. ¡Estoy aquí! ¡Sáquenme de aquí! ¡No quiero quedarme, ma&#8230; má! —y lloraba desconsolado.</p>
<p>Pero a pesar de todo estaban contentos porque se habían encontrado, y se hacían mil caricias en el hocico.</p>
<p>Se trató en seguida de hacer salir al prisionero. Probaron primero cortar el alambre tejido, y los cuatro se pusieron a trabajar con los dientes; mas no conseguían nada. Entonces a la madre se le ocurrió de repente una idea, y dijo:</p>
<p>—¡Vamos a buscar las herramientas del hombre! Los hombres tienen herramientas para cortar fierro. Se llaman limas. Tienen tres lados como las víboras de cascabel. Se empuja y se retira. ¡Vamos a buscarla!</p>
<p>Fueron al taller del hombre y volvieron con la lima. Creyendo que uno solo no tendría fuerzas bastantes, sujetaron la lima entre los tres y empezaron el trabajo. Y se entusiasmaron tanto, que al rato la jaula entera temblaba con las sacudidas y hacía un terrible ruido. Tal ruido hacía, que el perro se despertó, lanzando un ronco ladrido. Mas los coatís no esperaron a que el perro les pidiera cuenta de ese escándalo y dispararon al monte, dejando la lima tirada.</p>
<p>Al día siguiente, los chicos fueron temprano a ver a su nuevo huésped, que estaba muy triste.</p>
<p>—¿Qué nombre le pondremos? —preguntó la nena a su hermano.</p>
<p>—¡Ya sé! —respondió el varoncito—. ¡Le pondremos Diecisiete!</p>
<p>¿Por qué Diecisiete? Nunca hubo bicho del monte con nombre más raro. Pero el varoncito estaba aprendiendo a contar, y tal vez le había llamado la atención aquel número.</p>
<p>El caso es que se llamó Diecisiete. Le dieron pan, uvas, chocolate, carne, langostas, huevos, riquísimos huevos de gallina, lograron que en un solo día se dejara rascar la cabeza; y tan grande es la sinceridad del cariño de las criaturas, que, al llegar la noche, el coatí estaba casi resignado con su cautiverio. Pensaba a cada momento en las cosas ricas que había para comer allí, y pensaba en aquellos rubios cachorritos de hombre que tan alegres y buenos eran.</p>
<p>Durante dos noches seguidas, el perro durmió tan cerca de la jaula, que la familia del prisionero no se atrevió a acercarse, con gran sentimiento. Cuando a la tercera noche llegaron de nuevo a buscar la lima para dar libertad al coaticito, éste les dijo:</p>
<p>—Mamá: yo no quiero irme más de aquí. Me dan huevos y son muy buenos conmigo. Hoy me dijeron que si me portaba bien me iban a dejar suelto muy pronto. son como nosotros son cachorritos también, y jugamos juntos.</p>
<p>Los coatís salvajes quedaron muy tristes, pero se resignaron, prometiendo al coaticito venir todas las noches a visitarlo.</p>
<p>Efectivamente, todas las noches, lloviera o no, su madre y sus hermanos iban a pasar un rato con él. El coaticito les daba pan por entre el tejido de alambre, y los coatís salvajes se sentaban a comer frente a la jaula.</p>
<p>Al cabo de quince días, el coaticito andaba suelto y él mismo se iba de noche a su jaula. Salvo algunos tirones de orejas que se llevaba por andar muy cerca del gallinero, todo marchaba bien. Él y las criaturas se querían mucho, y los mismos coatís salvajes, al ver lo buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían concluido por tomar cariño a las dos criaturas.</p>
<p>Hasta que una noche muy oscura, en que hacía mucho calor y tronaba, los coatís salvajes llamaron al coaticito y nadie les respondió. Se acercaron muy inquietos y vieron entonces, en el momento en que casi la pisaban, una enorme víbora que estaba enroscada en la entrada de la jaula. Los coatís comprendieron en seguida que el coaticito había sido mordido al entrar, y no había respondido a su llamado porque acaso estaba ya muerto. Pero lo iban a vengar bien. En un segundo, entre los tres, enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.</p>
<p>Corrieron entonces adentro, y allí estaba en efecto el coaticito, tendido, hinchado, con las patas temblando y muriéndose. En balde los coatís salvajes lo movieron; lo lamieron en balde por todo el cuerpo durante un cuarto de hora. El coaticito abrió por fin la boca y dejó de respirar, porque estaba muerto.</p>
<p>Los coatís son casi refractarios como se dice, al veneno de las víboras. No les hace casi nada el veneno, y hay otros animales, como la mangosta que resisten muy bien el veneno de las víboras. Con toda seguridad el coaticito había sido mordido en una arteria o una vena porque entonces la sangre se envenena en seguida, y el animal muere. Esto le había pasado al coaticito.</p>
<p>Al verlo así, su madre y sus hermanos lloraron un largo rato. Después, como nada más tenían que hacer allí, salieron de la jaula, se dieron vuelta para mirar por última vez la casa donde tan feliz había sido el coaticito, y se fueron otra vez al monte.</p>
<p>Pero los tres coatís, sin embargo, iban muy preocupados, y su preocupación era ésta: ¿qué iban a decir los chicos, cuando, al día siguiente, vieran muerto a su querido coaticito? Los chicos le querían muchísimo, y ellos, los coatís, querían también a los cachorritos rubios. Así es que los tres coatís tenían el mismo pensamiento, y era evitarles ese gran dolor a los chicos.</p>
<p>Hablaron un largo rato y al fin decidieron lo siguiente: el segundo de los coatís, que se parecía muchísimo al menor en cuerpo y en modo de ser, iba a quedarse en la jaula en vez del difunto. Como estaban enterados de muchos secretos de la casa, por los cuentos del coaticito, los chicos no desconocerían nada; extrañarían un poco algunas cosas, pero nada más.</p>
<p>Y así pasó en efecto. Volvieron a la casa, y un nuevo coaticito , reemplazó al primero, mientras la madre y el otro hermano se llevaban sujetos a los dientes el cadáver del menor. Lo llevaron despacio al monte, y la cabeza colgaba, balanceándose, y la cola iba arrastrando por el suelo.</p>
<p>Al día siguiente los chicos extrañaron, efectivamente, algunas costumbres raras del coaticito. Pero como éste era tan bueno y cariñoso como el otro, las criaturas no tuvieron la menor sospecha. Formaron la misma familia de cachorritos de antes, y, como antes, los coatís salvajes venían noche a noche a visitar al coaticito civilizado, y se sentaban a su lado a comer pedacitos de huevos duros que él les guardaba, mientras ellos le contaban la vida de la selva.</p>
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		<itunes:subtitle>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga - Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga

Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cab...</itunes:summary>
		<itunes:author>Cody&#039;s Cuentos</itunes:author>
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		<title>Blancanieves y los 7 enanitos</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2008 22:11:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/blanca-nieve.jpg" alt="Blancanieves" width="300" height="347" align="left" /> <em>&#8220;Mirror, mirror, on the wall. Who&#8217;s the fairest of them all?&#8221;</em><br />
<strong>Blancanieves y los 7 enanitos</strong><br />
de los hermanos Grimm</p>
<p>Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/blanca-nieve.jpg" alt="Blancanieves" width="300" height="347" align="left" /> <em>&#8220;Mirror, mirror, on the wall. Who&#8217;s the fairest of them all?&#8221;</em><br />
<strong>Blancanieves y los 7 enanitos</strong><br />
de los hermanos Grimm</p>
<p>Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: &#8220;¡Ah, si pudiere tener una hija que fuere blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!&#8221;. No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la madera de ébano; y por eso le pusieron por nombre Blancanieves. Pero al nacer ella, murió la Reina.</p>
<p>Un año más tarde, el Rey volvió a casarse. La nueva Reina era muy bella, pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir que nadie la aventajase en hermosura. Tenía un espejo prodigioso, y cada vez que se miraba en él, le preguntaba:</p>
<p>&#8220;<em>Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?</em>&#8221;</p>
<p>Y el espejo le contestaba, invariablemente:</p>
<p><em>&#8220;Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país.&#8221;</em></p>
<p><span id="more-103"></span></p>
<p>La Reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la verdad. Blancanieves fue creciendo y se hacía más bella cada día. Cuando cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más que la misma Reina. Al preguntar ésta un día al espejo:</p>
<p><em>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;</em></p>
<p>Respondió el espejo:</p>
<p><em>&#8220;Señora Reina, tú eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella.&#8221;</em></p>
<p>Se espantó la Reina, palideciendo de envidia y, desde entonces, cada vez que veía a Blancanieves sentía que se le revolvía el corazón; tal era el odio que abrigaba contra ella. Y la envidia y la soberbia, como las malas hierbas, crecían cada vez más altas en su alma, no dejándole un instante de reposo, de día ni de noche.</p>
<p>Finalmente, llamó un día a un servidor y le dijo:</p>
<p>-Llévate a la niña al bosque; no quiero tenerla más tiempo ante mis ojos. La matarás, y en prueba de haber cumplido mi orden, me traerás sus pulmones y su hígado.</p>
<p>Obedeció el cazador y se marchó al bosque con la muchacha. Pero cuando se disponía a clavar su cuchillo de monte en el inocente corazón de la niña, se echó ésta a llorar:</p>
<p>-¡Piedad, buen cazador, déjame vivir! -suplicaba-. Me quedaré en el bosque y jamás volveré al palacio.</p>
<p>Y era tan hermosa, que el cazador, apiadándose de ella, le dijo:</p>
<p>-¡Márchate entonces, pobrecilla!</p>
<p>Y pensó: &#8220;No tardarán las fieras en devorarte&#8221;.</p>
<p>Sin embargo, le pareció como si se le quitase una piedra del corazón por no tener que matarla. Y como acertara a pasar por allí un cachorro de jabalí, lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado, y se los llevó a la Reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves.</p>
<p>La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque. Se moría de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles le daba un sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por entre espinos y piedras puntiagudas, y los animales de la selva pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño. Siguió corriendo mientras la llevaron los pies y hasta que se ocultó el sol. Entonces vio una casita y entró en ella para descansar.</p>
<p>Todo era diminuto en la casita, pero tan primoroso y limpio, que no hay palabras para describirlo. Había una mesita cubierta con un mantel blanquísimo, con siete minúsculos platitos y siete vasitos; y al lado de cada platito había su cucharilla, su cuchillito y su tenedorcito. Alineadas junto a la pared se veían siete camitas, con sábanas de inmaculada blancura.</p>
<p>Blancanieves, como estaba muy hambrienta, comió un poquito de legumbres y un bocadito de pan de cada plato, y bebió una gota de vino de cada copita, pues no quería tomarlo todo de uno solo. Luego, sintiéndose muy cansada, quiso echarse en una de las camitas; pero ninguna era de su medida: resultaba demasiado larga o demasiado corta; hasta que, por fin, la séptima le vino bien; se acostó en ella, se encomendó a Dios y se quedó dormida.</p>
<p>Cerrada ya la noche, llegaron los dueños de la casita, que eran siete enanos que se dedicaban a excavar minerales en el monte. Encendieron sus siete lamparillas y, al iluminarse la habitación, vieron que alguien había entrado, pues las cosas no estaban en el orden en que ellos las habían dejado al marcharse.</p>
<p>Dijo el primero:</p>
<p>-¿Quién se sentó en mi sillita?</p>
<p>El segundo:</p>
<p>-¿Quién ha comido de mi platito?</p>
<p>El tercero:</p>
<p>-¿Quién ha cortado un poco de mi pan?</p>
<p>El cuarto:</p>
<p>-¿Quién ha comido de mi verdurita?</p>
<p>El quinto:</p>
<p>-¿Quién ha pinchado con mi tenedorcito?</p>
<p>El sexto:</p>
<p>-¿Quién ha cortado con mi cuchillito?</p>
<p>Y el séptimo:</p>
<p>-¿Quién ha bebido de mi vasito?</p>
<p>Luego, el primero, recorrió la habitación y, viendo un pequeño hueco en su cama, exclamó alarmado:</p>
<p>-¿Quién se ha subido en mi camita?</p>
<p>Acudieron corriendo los demás y exclamaron todos:</p>
<p>-¡Alguien estuvo echado en la mía!</p>
<p>Pero el séptimo, al examinar la suya, descubrió a Blancanieves, dormida en ella. Llamó entonces a los demás, los cuales acudieron presurosos y no pudieron reprimir sus exclamaciones de admiración cuando, acercando las siete lamparillas, vieron a la niña.</p>
<p>-¡Oh, Dios mío; oh, Dios mío! -decían-, ¡qué criatura más hermosa!</p>
<p>Y fue tal su alegría, que decidieron no despertarla, sino dejar que siguiera durmiendo en la camita. El séptimo enano se acostó junto a sus compañeros, una hora con cada uno, y así transcurrió la noche. Al clarear el día se despertó Blancanieves y, al ver a los siete enanos, tuvo un sobresalto. Pero ellos la saludaron afablemente y le preguntaron:</p>
<p>-¿Cómo te llamas?</p>
<p>-Me llamo Blancanieves -respondió ella.</p>
<p>-¿Y cómo llegaste a nuestra casa? -siguieron preguntando los hombrecillos. Entonces ella les contó que su madrastra había dado orden de matarla, pero que el cazador le había perdonado la vida, y ella había estado corriendo todo el día, hasta que, al atardecer, encontró la casita.</p>
<p>Dijeron los enanos:</p>
<p>-¿Quieres cuidar de nuestra casa? ¿Cocinar, hacer las camas, lavar, remendar la ropa y mantenerlo todo ordenado y limpio? Si es así, puedes quedarte con nosotros y nada te faltará.</p>
<p>-¡Sí! -exclamó Blancanieves-. Con mucho gusto -y se quedó con ellos.</p>
<p>A partir de entonces, cuidaba la casa con todo esmero. Por la mañana, ellos salían a la montaña en busca de mineral y oro, y al regresar, por la tarde, encontraban la comida preparada. Durante el día, la niña se quedaba sola, y los buenos enanitos le advirtieron:</p>
<p>-Guárdate de tu madrastra, que no tardará en saber que estás aquí. ¡No dejes entrar a nadie!</p>
<p>La Reina, entretanto, desde que creía haberse comido los pulmones y el hígado de Blancanieves, vivía segura de volver a ser la primera en belleza. Se acercó un día al espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>La Reina se sobresaltó, pues sabía que el espejo jamás mentía, y se dio cuenta de que el cazador la había engañado, y que Blancanieves no estaba muerta. Pensó entonces en otra manera de deshacerse de ella, pues mientras hubiese en el país alguien que la superase en belleza, la envidia no la dejaría reposar. Finalmente, ideó un medio. Se tiznó la cara y se vistió como una vieja buhonera, quedando completamente desconocida.</p>
<p>Así disfrazada se dirigió a las siete montañas y, llamando a la puerta de los siete enanitos, gritó:</p>
<p>-¡Vendo cosas buenas y bonitas!</p>
<p>Se asomó Blancanieves a la ventana y le dijo:</p>
<p>-¡Buenos días, buena mujer! ¿Qué traes para vender?</p>
<p>-Cosas finas, cosas finas -respondió la Reina-. Lazos de todos los colores -y sacó uno trenzado de seda multicolor.</p>
<p>&#8220;Bien puedo dejar entrar a esta pobre mujer&#8221;, pensó Blancanieves y, abriendo la puerta, compró el primoroso lacito.</p>
<p>-¡Qué linda eres, niña! -exclamó la vieja-. Ven, que yo misma te pondré el lazo.</p>
<p>Blancanieves, sin sospechar nada, se puso delante de la vendedora para que le atase la cinta alrededor del cuello, pero la bruja lo hizo tan bruscamente y apretando tanto, que a la niña se le cortó la respiración y cayó como muerta.</p>
<p>-¡Ahora ya no eres la más hermosa! -dijo la madrastra, y se alejó precipitadamente.</p>
<p>Al cabo de poco rato, ya anochecido, regresaron los siete enanos. Imagínense su susto cuando vieron tendida en el suelo a su querida Blancanieves, sin moverse, como muerta. Corrieron a incorporarla y viendo que el lazo le apretaba el cuello, se apresuraron a cortarlo. La niña comenzó a respirar levemente, y poco a poco fue volviendo en sí. Al oír los enanos lo que había sucedido, le dijeron:</p>
<p>-La vieja vendedora no era otra que la malvada Reina. Guárdate muy bien de dejar entrar a nadie, mientras nosotros estemos ausentes.</p>
<p>La mala mujer, al llegar a palacio, corrió ante el espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo, como la vez anterior:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>Al oírlo, del despecho, toda la sangre le afluyó al corazón, pues supo que Blancanieves continuaba viviendo. &#8220;Esta vez -se dijo- idearé una trampa de la que no te escaparás&#8221;, y, valiéndose de las artes diabólicas en que era maestra, fabricó un peine envenenado. Luego volvió a disfrazarse, adoptando también la figura de una vieja, y se fue a las montañas y llamó a la puerta de los siete enanos.</p>
<p>-¡Buena mercancía para vender! -gritó.</p>
<p>Blancanieves, asomándose a la ventana, le dijo:</p>
<p>-Sigue tu camino, que no puedo abrirle a nadie.</p>
<p>-¡Al menos podrás mirar lo que traigo! -respondió la vieja y, sacando el peine, lo levantó en el aire. Pero le gustó tanto el peine a la niña que, olvidándose de todas las advertencias, abrió la puerta.</p>
<p>Cuando se pusieron de acuerdo sobre el precio dijo la vieja:</p>
<p>-Ven que te peinaré como Dios manda.</p>
<p>La pobrecilla, no pensando nada malo, dejó hacer a la vieja; mas apenas hubo ésta clavado el peine en el cabello, el veneno produjo su efecto y la niña se desplomó insensible.</p>
<p>-¡Dechado de belleza -exclamó la malvada bruja-, ahora sí que estás lista! -y se marchó.</p>
<p>Pero, afortunadamente, faltaba poco para la noche, y los enanitos no tardaron en regresar. Al encontrar a Blancanieves inanimada en el suelo, enseguida sospecharon de la madrastra y, buscando, descubrieron el peine envenenado. Se lo quitaron rápidamente y, al momento, volvió la niña en sí y les explicó lo ocurrido. Ellos le advirtieron de nuevo que debía estar alerta y no abrir la puerta a nadie.</p>
<p>La Reina, de regreso en palacio, fue directamente a su espejo:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y como las veces anteriores, respondió el espejo, al fin:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>Al oír estas palabras del espejo, la malvada bruja se puso a temblar de rabia.</p>
<p>-¡Blancanieves morirá -gritó-, aunque me haya de costar a mí la vida!</p>
<p>Y, bajando a una cámara secreta donde nadie tenía acceso sino ella, preparó una manzana con un veneno de lo más virulento. Por fuera era preciosa, blanca y sonrosada, capaz de hacer la boca agua a cualquiera que la viese. Pero un solo bocado significaba la muerte segura. Cuando tuvo preparada la manzana, se pintó nuevamente la cara, se vistió de campesina y se encaminó a las siete montañas, a la casa de los siete enanos. Llamó a la puerta. Blancanieves asomó la cabeza a la ventana y dijo:</p>
<p>-No debo abrir a nadie; los siete enanitos me lo han prohibido.</p>
<p>-Como quieras -respondió la campesina-. Pero yo quiero deshacerme de mis manzanas. Mira, te regalo una.</p>
<p>-No -contestó la niña-, no puedo aceptar nada.</p>
<p>-¿Temes acaso que te envenene? -dijo la vieja-. Fíjate, corto la manzana en dos mitades: tú te comes la parte roja, y yo la blanca.</p>
<p>La fruta estaba preparada de modo que sólo el lado encarnado tenía veneno. Blancanieves miraba la fruta con ojos codiciosos, y cuando vio que la campesina la comía, ya no pudo resistir. Alargó la mano y tomó la mitad envenenada. Pero no bien se hubo metido en la boca el primer trocito, cayó en el suelo, muerta. La Reina la contempló con una mirada de rencor, y, echándose a reír, dijo:</p>
<p>-¡Blanca como la nieve; roja como la sangre; negra como el ébano! Esta vez, no te resucitarán los enanos.</p>
<p>Y cuando, al llegar a palacio, preguntó al espejo:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Le respondió el espejo, al fin:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país&#8221;.</p>
<p>Sólo entonces se aquietó su envidioso corazón, suponiendo que un corazón envidioso pudiera aquietarse.</p>
<p>Los enanitos, al volver a su casa aquella noche, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, sin que de sus labios saliera el hálito más leve. Estaba muerta. La levantaron, miraron si tenía encima algún objeto emponzoñado, la desabrocharon, le peinaron el pelo, la lavaron con agua y vino, pero todo fue inútil. La pobre niña estaba muerta y bien muerta. La colocaron en un ataúd, y los siete, sentándose alrededor, la estuvieron llorando por espacio de tres días. Luego pensaron en darle sepultura; pero viendo que el cuerpo se conservaba lozano, como el de una persona viva, y que sus mejillas seguían sonrosadas, dijeron:</p>
<p>-No podemos enterrarla en el seno de la negra tierra -y mandaron fabricar una caja de cristal transparente que permitiese verla desde todos los lados. La colocaron en ella y grabaron su nombre con letras de oro: &#8220;Princesa Blancanieves&#8221;. Después transportaron el ataúd a la cumbre de la montaña, y uno de ellos, por turno, estaba siempre allí velándola. Y hasta los animales acudieron a llorar a Blancanieves: primero, una lechuza; luego, un cuervo y, finalmente, una palomita.</p>
<p>Y así estuvo Blancanieves mucho tiempo, reposando en su ataúd, sin descomponerse, como dormida, pues seguía siendo blanca como la nieve, roja como la sangre y con el cabello negro como el ébano. Sucedió, entonces, que un príncipe que se había metido en el bosque se dirigió a la casa de los enanitos, para pasar la noche. Vio en la montaña el ataúd que contenía a la hermosa Blancanieves y leyó la inscripción grabada en letras de oro. Dijo entonces a los enanos:</p>
<p>-Denme el ataúd, pagaré por él lo que me pidan.</p>
<p>Pero los enanos contestaron:</p>
<p>-Ni por todo el oro del mundo lo venderíamos.</p>
<p>-En tal caso, regálenmelo -propuso el príncipe-, pues yo no podré vivir sin ver a Blancanieves. La honraré y reverenciaré como a lo que más quiero.</p>
<p>Al oír estas palabras, los hombrecillos sintieron compasión del príncipe y le regalaron el féretro. El príncipe mandó a sus criados, mandó que sus criados lo transportasen en hombros. Pero ocurrió que en el camino tropezaron contra una mata, y de la sacudida saltó de la garganta de Blancanieves el bocado de la manzana envenenada, que todavía tenía atragantado. Y, al poco rato, la princesa abrió los ojos y recobró la vida.</p>
<p>Levantó la tapa del ataúd, se incorporó y dijo:</p>
<p>-¡Dios Santo!, ¿dónde estoy?</p>
<p>Y el príncipe le respondió, loco de alegría:</p>
<p>-Estás conmigo -y, después de explicarle todo lo ocurrido, le dijo:</p>
<p>-Te quiero más que a nadie en este mundo. Ven al castillo de mi padre y serás mi esposa.</p>
<p>Accedió Blancanieves y se marchó con él al palacio, donde enseguida se dispuso la boda, que debía celebrarse con gran magnificencia y esplendor.</p>
<p>A la fiesta fue invitada también la malvada madrastra de Blancanieves. Una vez que se hubo ataviado con sus vestidos más lujosos, fue al espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella, pero la reina joven es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>La malvada mujer soltó una palabrota y tuvo tal sobresalto, que quedó como fuera de sí. Su primer propósito fue no ir a la boda. Pero la inquietud la roía, y no pudo resistir al deseo de ver a aquella joven reina. Al entrar en el salón reconoció a Blancanieves, y fue tal su espanto y pasmo, que se quedó clavada en el suelo sin poder moverse. Pero habían puesto ya al fuego unas zapatillas de hierro y estaban incandescentes. Tomándolas con tenazas, la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta.</p>
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		<itunes:summary>&quot;Mirror, mirror, on the wall. Who&#039;s the fairest of them all?&quot;
Blancanieves y los 7 enanitos
de los hermanos Grimm

Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: &quot;¡Ah, si pudiere tener una hija que fuere blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!&quot;. No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la madera de ébano; y por eso le pusieron por nombre Blancanieves. Pero al nacer ella, murió la Reina.

Un año más tarde, el Rey volvió a casarse. La nueva Reina era muy bella, pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir que nadie la aventajase en hermosura. Tenía un espejo prodigioso, y cada vez que se miraba en él, le preguntaba:

&quot;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&quot;

Y el espejo le contestaba, invariablemente:

&quot;Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país.&quot;



La Reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la verdad. Blancanieves fue creciendo y se hacía más bella cada día. Cuando cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más que la misma Reina. Al preguntar ésta un día al espejo:

&quot;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&quot;

Respondió el espejo:

&quot;Señora Reina, tú eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella.&quot;

Se espantó la Reina, palideciendo de envidia y, desde entonces, cada vez que veía a Blancanieves sentía que se le revolvía el corazón; tal era el odio que abrigaba contra ella. Y la envidia y la soberbia, como las malas hierbas, crecían cada vez más altas en su alma, no dejándole un instante de reposo, de día ni de noche.

Finalmente, llamó un día a un servidor y le dijo:

-Llévate a la niña al bosque; no quiero tenerla más tiempo ante mis ojos. La matarás, y en prueba de haber cumplido mi orden, me traerás sus pulmones y su hígado.

Obedeció el cazador y se marchó al bosque con la muchacha. Pero cuando se disponía a clavar su cuchillo de monte en el inocente corazón de la niña, se echó ésta a llorar:

-¡Piedad, buen cazador, déjame vivir! -suplicaba-. Me quedaré en el bosque y jamás volveré al palacio.

Y era tan hermosa, que el cazador, apiadándose de ella, le dijo:

-¡Márchate entonces, pobrecilla!

Y pensó: &quot;No tardarán las fieras en devorarte&quot;.

Sin embargo, le pareció como si se le quitase una piedra del corazón por no tener que matarla. Y como acertara a pasar por allí un cachorro de jabalí, lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado, y se los llevó a la Reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves.

La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque. Se moría de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles le daba un sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por entre espinos y piedras puntiagudas, y los animales de la selva pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño. Siguió corriendo mientras la llevaron los pies y hasta que se ocultó el sol. Entonces vio una casita y entró en ella para descansar.

Todo era diminuto en la casita, pero tan primoroso y limpio, que no hay palabras para describirlo. Había una mesita cubierta con un mantel blanquísimo, con siete minúsculos platitos y siete vasitos; y al lado de cada platito había su cucharilla, su cuchillito y su tenedorcito. Alineadas junto a la pared se veían siete camitas, con sábanas de inmaculada blancura.

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		<title>El Príncipe Rana</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jun 2008 23:50:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><em><strong>El Príncipe Rana</strong></em> de los Hermanos Grimm</p>
<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/frogprince.jpg" alt="FrogPrince" width="300" height="339" align="right" />Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>El Príncipe Rana</strong></em> de los Hermanos Grimm</p>
<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/frogprince.jpg" alt="FrogPrince" width="300" height="339" align="right" />Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había una inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y cuando hacía mucho calor, la hija menor del rey iba a la selva a sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.</p>
<p>Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo, tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo. Y mientras se lamentaba oyó que alguien le decía:</p>
<p>-&#8221;¿Que te sucede, hija del rey?, te lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad.&#8221;</p>
<p><em>Foto: &#8220;The Frog Prince&#8221; by <a href="http://www.flickr.com/people/operapixie/">Laura Sage Ruiz</a></em></p>
<p><span id="more-98"></span></p>
<p>Ella miró alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vió a una rana sacando del agua su gran cabeza.</p>
<p>-&#8221;¡Ah!, vieja corredora de aguas, ¿eres tú?&#8221;- preguntó.-&#8221;Estoy llorando por mi bola de oro, que cayó dentro del pozo&#8221;- concluyó diciendo.</p>
<p>-&#8221;Quédate tranquila y no llores más&#8221;- contestó la rana. &#8220;Yo te puedo ayudar, pero ¿que me darás a cambio si te regreso ese juguete de nuevo?&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Lo que tú quieras, querida rana&#8221;- dijo ella. -&#8221;Mis vestidos, mis perlas y joyas, y hasta la corona de oro que llevo puesta&#8221;-</p>
<p>La rana respondió: -&#8221;No me interesan tus vestidos, tus perlas o joyas, ni la corona de oro, pero si me amaras y me dejaras ser tu compañera y socia de juegos, y sentarme contigo en tu mesa, y comer de tu plato de oro, y beber de tu vaso, y dormir en tu cama junto a tí. Si tú me prometes cumplir todo eso, yo bajaré y traeré acá de regreso tu bola de oro.&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Oh, claro&#8221; &#8211; dijo ella, -&#8221;yo te prometo cumplir tus deseos, si me regresas la bola&#8221;-</p>
<p>Ella sin embargo pensaba: -&#8221;¡Cómo habla esa tonta rana! ¡Ella vive en el agua junto a las otras ranas y sapos y no podría ser compañera de ningún ser humano!&#8221;-</p>
<p>Pero la rana, una vez recibida la promesa, metió su cabeza en el agua y se sumegió profundamente, y momentos después subía nadando trayendo en su boca la bola, y la tiró en el zacate. La hija del rey quedó encantada de ver una vez más de nuevo a su juguete, y recogiéndola corrió con ella.</p>
<p>-&#8221;¡Espera, espera!&#8221;- gritaba la rana.     -&#8221;¡Llévame contigo, que no puedo correr como lo haces tú!-</p>
<p>Pero ¿de qué le serviría gritar, aún con su croak, croak, tan fuerte como podía? Ella no la escuchaba, y corrió a su aposento y pronto olvidó a la pobre rana, que se vió obligada a regresar al pozo de nuevo.</p>
<p>Al día siguiente, cuando se sentó a la mesa con el rey y los cortesanos, y había empezado a comer en su plato de oro, algo llegó brincando y sonando splash, splash, a las gradas de mármol, y cuando llegó arriba, tocó a la puerta y gritó:</p>
<p>-&#8221;Princesa, la más joven de las princesas, abréme la puerta a mí.&#8221;-</p>
<p>Ella corrió a ver que había afuera, pero cuando abrió la puerta, encontró a la rana sentada al frente. Entonces ella tiró la puerta a toda prisa, y regresó a sentarse a la mesa y quedó muy asustada. El rey vió que estaba sumamente alterada y que su corazón latía fuertemente y le preguntó:</p>
<p>-&#8221;Mi muchachita, ¿qué es lo que te asustó tanto?, ¿está por casualidad un gigante afuera que quiere raptarte y llevarte lejos?&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Oh, no&#8221;- replicó ella. -&#8221;No es un gigante, sino una horrible rana.&#8221;</p>
<p>-“¿Y que hace una rana contigo?”</p>
<p>-&#8221;Ah, mi querido padre, ayer yo estaba en la foresta, sentada junto al pozo, jugando con mi bola de oro, cuándo ésta cayó a lo profundo del pozo. Y como yo lloraba mucho, la rana me la regresó, y como ella insistía, yo le prometí que podía ser mi compañera, ¡pero nunca pensé que sería capaz de alejarse de sus aguas! Y ahora está ahí afuera, esperando que la ingrese conmigo.&#8221;-</p>
<p>Mientras tanto la rana tocó a la puerta por segunda vez, y gritaba:</p>
<p>-¡Princesa! ¡La más joven de las princesas!<br />
¡Ábreme a mi la puerta!<br />
¿Recuerdas lo que me dijiste<br />
ayer en las frescas aguas de la fuente?<br />
¡Princesa, la más joven princesa!<br />
¡Ábreme a mi la puerta!</p>
<p>Entonces dijo el rey:</p>
<p>-&#8221;Lo que tú has prometido, debes cumplirlo. Ve y déjala entrar&#8221;-</p>
<p>Ella fue y abrió la puerta, y la rana saltó y la siguió a ella, paso a paso, hasta su silla. Entonces, cuando la princesa se sentó, la rana gritó:</p>
<p>-&#8221;Levántame para estar a tu lado.&#8221;-</p>
<p>Ella no actuaba, hasta que el rey le ordenó hacerlo. Cuando la rana ya estaba en la silla, le pidió estar en la mesa, y una vez en la mesa dijo:</p>
<p>-&#8221;Ahora, empuja tu plato de oro más cerca de mí de modo que podamos comer juntos.&#8221;-</p>
<p>Ella lo hizo, pero fue fácil ver que lo hacía sin su voluntad. La rana disfrutó de la comida, pero casi todos los bocados que la princesa tomaba, la estremecían. Al final dijo la rana:</p>
<p>-&#8221;Ya he comido y estoy satisfecha; ahora estoy cansada, llévame a tu dormitorio, alista tu sedosa cama, y ambos iremos a dormir.&#8221;-</p>
<p>La hija del rey empezó a llorar, porque tenía miedo de la fría rana que ella no quería tocar, y que iba ahora a dormir en su preciosa y limpia cama. Pero el rey se molestó y dijo:</p>
<p>-&#8221;Aquel que te ayudó cuando estuviste en apuros, no debe ser decepcionado por tí.&#8221;-</p>
<p>Así que ella tomó a la rana con sólo dos dedos, la llevó arriba y la puso en una esquina. Pero cuando ella se metió a su cama, la rana sigilosamente se le acercó y le dijo:</p>
<p>-&#8221;Estoy cansada, quiero dormir tan bien como tú, levántame o se lo diré a tu padre.&#8221;-</p>
<p>Entonces ella se enojó terriblemente, la tomó en sus manos y la lanzó con todas sus fuerzas contra la pared.</p>
<p>-&#8221;Ahora te estarás quieta, odiosa rana.&#8221;- dijo ella.</p>
<p>Pero cuando cayó al suelo ya no era una rana, sino un encantador príncipe de bellos modales.</p>
<p>Ahora, él, por decisión de su padre, es su compañero y esposo. Entonces él le contó cómo había sido hechizado por un malvado brujo, y cómo nadie lo había sacado nunca del pozo, excepto ella, y que mañana podrían ir juntos a su reino. Ambos fueron a dormir, y a la mañana siguiente, al levantar el sol, llegó un carruaje con ocho caballos blancos, con plumas blancas de avestruz en sus cabezas, y con arreos con cadenas de oro, y atrás venía el fiel sirviente Enrique. Había quedado tan infeliz cuando su patrón fue convertido en rana que se había atado tres bandas de hierro alrededor de su corazón para que no reventara de pena y tristeza. El carruaje condujo al príncipe a su reino. El fiel Enrique les ayudó a ambos, y se puso a sus órdenes de nuevo, y estaba lleno de dicha por su rescate. Y cuando iban de camino, el hijo del rey escuchó que algo se quebraba atrás de él. Se volvió y gritó:</p>
<p>-&#8221;Eh, Enrique el carruaje se está quebrando.&#8221;-</p>
<p>-&#8221;No, patrón, no es el carruaje. Es una banda que está sobre mi corazón, que me había puesto por mi gran dolor por su encantamiento como rana dentro del pozo. Otra y otra vez volvieron aquellos sonidos, y el hijo del rey pensaba que el carruaje se estaba quebrando, pero sólo eran las bandas que se reventaban de alrededor del corazón del fiel Enrique porque su patrón era ahora libre y feliz.</p>
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		<itunes:subtitle>El Príncipe Rana de los Hermanos Grimm - Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>El Príncipe Rana de los Hermanos Grimm

Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había una inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y cuando hacía mucho calor, la hija menor del rey iba a la selva a sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.

Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo, tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo. Y mientras se lamentaba oyó que alguien le decía:

-&quot;¿Que te sucede, hija del rey?, te lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad.&quot;

Foto: &quot;The Frog Prince&quot; by Laura Sage Ruiz



Ella miró alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vió a una rana sacando del agua su gran cabeza.

-&quot;¡Ah!, vieja corredora de aguas, ¿eres tú?&quot;- preguntó.-&quot;Estoy llorando por mi bola de oro, que cayó dentro del pozo&quot;- concluyó diciendo.

-&quot;Quédate tranquila y no llores más&quot;- contestó la rana. &quot;Yo te puedo ayudar, pero ¿que me darás a cambio si te regreso ese juguete de nuevo?&quot;-

-&quot;Lo que tú quieras, querida rana&quot;- dijo ella. -&quot;Mis vestidos, mis perlas y joyas, y hasta la corona de oro que llevo puesta&quot;-

La rana respondió: -&quot;No me interesan tus vestidos, tus perlas o joyas, ni la corona de oro, pero si me amaras y me dejaras ser tu compañera y socia de juegos, y sentarme contigo en tu mesa, y comer de tu plato de oro, y beber de tu vaso, y dormir en tu cama junto a tí. Si tú me prometes cumplir todo eso, yo bajaré y traeré acá de regreso tu bola de oro.&quot;-

-&quot;Oh, claro&quot; - dijo ella, -&quot;yo te prometo cumplir tus deseos, si me regresas la bola&quot;-

Ella sin embargo pensaba: -&quot;¡Cómo habla esa tonta rana! ¡Ella vive en el agua junto a las otras ranas y sapos y no podría ser compañera de ningún ser humano!&quot;-

Pero la rana, una vez recibida la promesa, metió su cabeza en el agua y se sumegió profundamente, y momentos después subía nadando trayendo en su boca la bola, y la tiró en el zacate. La hija del rey quedó encantada de ver una vez más de nuevo a su juguete, y recogiéndola corrió con ella.

-&quot;¡Espera, espera!&quot;- gritaba la rana.     -&quot;¡Llévame contigo, que no puedo correr como lo haces tú!-

Pero ¿de qué le serviría gritar, aún con su croak, croak, tan fuerte como podía? Ella no la escuchaba, y corrió a su aposento y pronto olvidó a la pobre rana, que se vió obligada a regresar al pozo de nuevo.

Al día siguiente, cuando se sentó a la mesa con el rey y los cortesanos, y había empezado a comer en su plato de oro, algo llegó brincando y sonando splash, splash, a las gradas de mármol, y cuando llegó arriba, tocó a la puerta y gritó:

-&quot;Princesa, la más joven de las princesas, abréme la puerta a mí.&quot;-

Ella corrió a ver que había afuera, pero cuando abrió la puerta, encontró a la rana sentada al frente. Entonces ella tiró la puerta a toda prisa, y regresó a sentarse a la mesa y quedó muy asustada. El rey vió que estaba sumamente alterada y que su corazón latía fuertemente y le preguntó:

-&quot;Mi muchachita, ¿qué es lo que te asustó tanto?, ¿está por casualidad un gigante afuera que quiere raptarte y llevarte lejos?&quot;-

-&quot;Oh, no&quot;- replicó ella. -&quot;No es un gigante, sino una horrible rana.&quot;

-“¿Y que hace una rana contigo?”

-&quot;Ah, mi querido padre, ayer yo estaba en la foresta, sentada junto al pozo, jugando con mi bola de oro, cuándo ésta cayó a lo profundo del pozo. Y como yo lloraba mucho, la rana me la regresó, y como ella insistía,</itunes:summary>
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		<title>La ciudad de Esteco</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2008/05/la-ciudad-de-esteco/</link>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2008 20:57:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<category><![CDATA[ciudad de esteco]]></category>
		<category><![CDATA[leyenda argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><br />
<span style="text-decoration: underline;"><strong><br />
</strong></span></p>
<p>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><br />
<span style="text-decoration: underline;"><strong><br />
</strong></span></p>
<p>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.</p>
<p>Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.</p>
<p><span id="more-92"></span></p>
<p>Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.</p>
<p>El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto.</p>
<p>El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.</p>
<p>La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.</p>
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		<itunes:summary>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.

Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.



Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.

El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto.

El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.

La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.</itunes:summary>
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		<title>La Cenicienta (Cinderella)</title>
		<link>http://www.codyscuentos.com/2008/05/la-cenicienta-cinderella/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 18:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
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		<category><![CDATA[cuento infantil]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/cinderella.jpg" alt="Cinderella" align="left" height="182" width="240" />This is the longest story we&#8217;ve podcast to date. It&#8217;s almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people have requested transcripts. Hmmm. Does that mean that my earlier assumption (that no transcript was&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/cinderella.jpg" alt="Cinderella" align="left" height="182" width="240" />This is the longest story we&#8217;ve podcast to date. It&#8217;s almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people have requested transcripts. Hmmm. Does that mean that my earlier assumption (that no transcript was necessary) was right?  In any case, I&#8217;ve gone ahead and added the full text below. ¡Hasta luego!</p>
<p><em>Photo: &#8220;A Cinderella story&#8221; by <a href="http://www.flickr.com/photos/northernstarandthewhiterabbit/1386913322/">northern star</a></em></p>
<p><span id="more-80"></span></p>
<p>La Cenicienta<br />
por Charles Perrault</p>
<p>Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás se haya visto. Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían en todo.</p>
<p>El marido, por su lado, tenía una hija, pero de una dulzura y bondad sin par; lo había heredado de su madre que era la mejor persona del mundo.</p>
<p>Junto con realizarse la boda, la madrasta dio libre curso a su mal carácter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que hacían aparecer todavía más odiables a sus hijas. La obligó a las más viles tareas de la casa: ella era la que fregaba los pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la señora y de las señoritas sus hijas; dormía en lo más alto de la casa, en una buhardilla, sobre una mísera pallasa, mientras sus hermanas ocupaban habitaciones con parquet, donde tenían camas a la última moda y espejos en que podían mirarse de cuerpo entero.</p>
<p>La pobre muchacha aguantaba todo con paciencia, y no se atrevía a quejarse ante su padre, de miedo que le reprendiera pues su mujer lo dominaba por completo. Cuando terminaba sus quehaceres, se instalaba en el rincón de la chimenea, sentándose sobre las cenizas, lo que le había merecido el apodo de Culocenizón. La menor, que no era tan mala como la mayor, la llamaba Cenicienta; sin embargo Cenicienta, con sus míseras ropas, no dejaba de ser cien veces más hermosa que sus hermanas que andaban tan ricamente vestidas.</p>
<p>Sucedió que el hijo del rey dio un baile al que invitó a todas las personas distinguidas; nuestras dos señoritas también fueron invitadas, pues tenían mucho nombre en la comarca. Helas aquí muy satisfechas y preocupadas de elegir los trajes y peinados que mejor les sentaran; nuevo trabajo para Cenicienta pues era ella quien planchaba la ropa de sus hermanas y plisaba los adornos de sus vestidos. No se hablaba más que de la forma en que irían trajeadas.</p>
<p>-Yo, dijo la mayor, me pondré mi vestido de terciopelo rojo y mis adornos de Inglaterra.</p>
<p>-Yo, dijo la menor, iré con mi falda sencilla; pero en cambio, me pondré mi abrigo con flores de oro y mi prendedor de brillantes, que no pasarán desapercibidos.</p>
<p>Manos expertas se encargaron de armar los peinados de dos pisos y se compraron lunares postizos. Llamaron a Cenicienta para pedirle su opinión, pues tenía buen gusto. Cenicienta las aconsejó lo mejor posible, y se ofreció incluso para arreglarles el peinado, lo que aceptaron. Mientras las peinaba, ellas le decían:</p>
<p>-Cenicienta, ¿te gustaría ir al baile?</p>
<p>-Ay, señoritas, os estáis burlando, eso no es cosa para mí.</p>
<p>-Tienes razón, se reirían bastante si vieran a un Culocenizón entrar al baile.</p>
<p>Otra que Cenicienta les habría arreglado mal los cabellos, pero ella era buena y las peinó con toda perfección.</p>
<p>Tan contentas estaban que pasaron cerca de dos días sin comer. Más de doce cordones rompieron a fuerza de apretarlos para que el talle se les viera más fino, y se lo pasaban delante del espejo.</p>
<p>Finalmente, llegó el día feliz; partieron y Cenicienta las siguió con los ojos y cuando las perdió de vista se puso a llorar. Su madrina, que la vio anegada en lágrimas, le preguntó qué le pasaba.</p>
<p>-Me gustaría&#8230; me gustaría&#8230;</p>
<p>Lloraba tanto que no pudo terminar. Su madrina, que era un hada, le dijo:</p>
<p>-¿Te gustaría ir al baile, no es cierto?</p>
<p>-¡Ay, sí!, -dijo Cenicienta suspirando.</p>
<p>-¡Bueno, te portarás bien!, -dijo su madrina-, yo te haré ir.</p>
<p>La llevó a su cuarto y le dijo:</p>
<p>-Ve al jardín y tráeme un zapallo.</p>
<p>Cenicienta fue en el acto a coger el mejor que encontró y lo llevó a su madrina, sin poder adivinar cómo este zapallo podría hacerla ir al baile. Su madrina lo vació y dejándole solamente la cáscara, lo tocó con su varita mágica e instantáneamente el zapallo se convirtió en un bello carruaje todo dorado.</p>
<p>En seguida miró dentro de la ratonera donde encontró seis ratas vivas. Le dijo a Cenicienta que levantara un poco la puerta de la trampa, y a cada rata que salía le daba un golpe con la varita, y la rata quedaba automáticamente transformada en un brioso caballo; lo que hizo un tiro de seis caballos de un hermoso color gris ratón. Como no encontraba con qué hacer un cochero:</p>
<p>-Voy a ver -dijo Cenicienta-, si hay algún ratón en la trampa, para hacer un cochero.</p>
<p>-Tienes razón, -dijo su madrina-, anda a ver.</p>
<p>Cenicienta le llevó la trampa donde había tres ratones gordos. El hada eligió uno por su imponente barba, y habiéndolo tocado quedó convertido en un cochero gordo con un precioso bigote. En seguida, ella le dijo:</p>
<p>-Baja al jardín, encontrarás seis lagartos detrás de la regadera; tráemelos.</p>
<p>Tan pronto los trajo, la madrina los trocó en seis lacayos que se subieron en seguida a la parte posterior del carruaje, con sus trajes galoneados, sujetándose a él como si en su vida hubieran hecho otra cosa. El hada dijo entonces a Cenicienta:</p>
<p>-Bueno, aquí tienes para ir al baile, ¿no estás bien aperada?</p>
<p>-Es cierto, pero, ¿podré ir así, con estos vestidos tan feos?</p>
<p>Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en magníficos vestidos de paño de oro y plata, todos recamados con pedrerías; luego le dio un par de zapatillas de cristal, las más preciosas del mundo.</p>
<p>Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en zapallo, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y que sus viejos vestidos recuperarían su forma primitiva. Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche. Partió, loca de felicidad.</p>
<p>El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar una gran princesa que nadie conocía, corrió a recibirla; le dio la mano al bajar del carruaje y la llevó al salón donde estaban los comensales. Entonces se hizo un gran silencio: el baile cesó y los violines dejaron de tocar, tan absortos estaban todos contemplando la gran belleza de esta desconocida. Sólo se oía un confuso rumor:</p>
<p>-¡Ah, qué hermosa es!</p>
<p>El mismo rey, siendo viejo, no dejaba de mirarla y de decir por lo bajo a la reina que desde hacía mucho tiempo no veía una persona tan bella y graciosa. Todas las damas observaban con atención su peinado y sus vestidos, para tener al día siguiente otros semejantes, siempre que existieran telas igualmente bellas y manos tan diestras para confeccionarlos. El hijo del rey la colocó en el sitio de honor y en seguida la condujo al salón para bailar con ella. Bailó con tanta gracia que fue un motivo más de admiración.</p>
<p>Trajeron exquisitos manjares que el príncipe no probó, ocupado como estaba en observarla. Ella fue a sentarse al lado de sus hermanas y les hizo mil atenciones; compartió con ellas los limones y naranjas que el príncipe le había obsequiado, lo que las sorprendió mucho, pues no la conocían. Charlando así estaban, cuando Cenicienta oyó dar las once y tres cuartos; hizo al momento una gran reverenda a los asistentes y se fue a toda prisa.</p>
<p>Apenas hubo llegado, fue a buscar a su madrina y después de darle las gracias, le dijo que desearía mucho ir al baile al día siguiente porque el príncipe se lo había pedido. Cuando le estaba contando a su madrina todo lo que había sucedido en el baile, las dos hermanas golpearon a su puerta; Cenicienta fue a abrir.</p>
<p>-¡Cómo habéis tardado en volver! -les dijo bostezando, frotándose los ojos y estirándose como si acabara de despertar; sin embargo no había tenido ganas de dormir desde que se separaron.</p>
<p>-Si hubieras ido al baile -le dijo una de las hermanas-, no te habrías aburrido; asistió la más bella princesa, la más bella que jamás se ha visto; nos hizo mil atenciones, nos dio naranjas y limones.</p>
<p>Cenicienta estaba radiante de alegría. Les preguntó el nombre de esta princesa; pero contestaron que nadie la conocía, que el hijo del rey no se conformaba y que daría todo en el mundo por saber quién era. Cenicienta sonrió y les dijo:</p>
<p>-¿Era entonces muy hermosa? Dios mío, felices vosotras, ¿no podría verla yo? Ay, señorita Javotte, prestadme el vestido amarillo que usáis todos los días.</p>
<p>-Verdaderamente -dijo la señorita Javotte-, ¡no faltaba más! Prestarle mi vestido a tan feo Culocenizón&#8230; tendría que estar loca.</p>
<p>Cenicienta esperaba esta negativa, y se alegró, pues se habría sentido bastante confundida si su hermana hubiese querido prestarle el vestido.</p>
<p>Al día siguiente las dos hermanas fueron al baile, y Cenicienta también, pero aún más ricamente ataviada que la primera vez. El hijo del rey estuvo constantemente a su lado y diciéndole cosas agradables; nada aburrida estaba la joven damisela y olvidó la recomendación de su madrina; de modo que oyó tocar la primera campanada de medianoche cuando creía que no eran ni las once. Se levantó y salió corriendo, ligera como una gacela. El príncipe la siguió, pero no pudo alcanzarla; ella había dejado caer una de sus zapatillas de cristal que el príncipe recogió con todo cuidado.</p>
<p>Cenicienta llegó a casa sofocada, sin carroza, sin lacayos, con sus viejos vestidos, pues no le había quedado de toda su magnificencia sino una de sus zapatillas, igual a la que se le había caído.</p>
<p>Preguntaron a los porteros del palacio si habían visto salir a una princesa; dijeron que no habían visto salir a nadie, salvo una muchacha muy mal vestida que tenía más aspecto de aldeana que de señorita.</p>
<p>Cuando sus dos hermanas regresaron del baile, Cenicienta les preguntó si esta vez también se habían divertido y si había ido la hermosa dama. Dijeron que sí, pero que había salido escapada al dar las doce, y tan rápidamente que había dejado caer una de sus zapatillas de cristal, la más bonita del mundo; que el hijo del rey la había recogido dedicándose a contemplarla durante todo el resto del baile, y que sin duda estaba muy enamorado de la bella personita dueña de la zapatilla. Y era verdad, pues a los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona cuyo pie se ajustara a la zapatilla.</p>
<p>Empezaron probándola a las princesas, en seguida a las duquesas, y a toda la corte, pero inútilmente. La llevaron donde las dos hermanas, las que hicieron todo lo posible para que su pie cupiera en la zapatilla, pero no pudieron. Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapatilla, dijo riendo:</p>
<p>-¿Puedo probar si a mí me calza?</p>
<p>Sus hermanas se pusieron a reír y a burlarse de ella. El gentilhombre que probaba la zapatilla, habiendo mirado atentamente a Cenicienta y encontrándola muy linda, dijo que era lo justo, y que él tenía orden de probarla a todas las jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando la zapatilla a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecha a su medida.</p>
<p>Grande fue el asombro de las dos hermanas, pero más grande aún cuando Cenicienta sacó de su bolsillo la otra zapatilla y se la puso. En esto llegó la madrina que, habiendo tocado con su varita los vestidos de Cenicienta, los volvió más deslumbrantes aún que los anteriores.</p>
<p>Entonces las dos hermanas la reconocieron como la persona que habían visto en el baile. Se arrojaron a sus pies para pedirle perdón por todos los malos tratos que le habían infligido. Cenicienta las hizo levantarse y les dijo, abrazándolas, que las perdonaba de todo corazón y les rogó que siempre la quisieran.</p>
<p>Fue conducida ante el joven príncipe, vestida como estaba. Él la encontró más bella que nunca, y pocos días después se casaron. Cenicienta, que era tan buena como hermosa, hizo llevar a sus hermanas a morar en el palacio y las casó en seguida con dos grandes señores.</p>
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		<title>La Momia</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 12:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/momia.jpg" alt="LaMomia" width="365" height="233" align="right" /> In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/momia.jpg" alt="LaMomia" width="365" height="233" align="right" /> In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay a burial tax. This tax could be paid once or in yearly installments. If after three years the families couldn&#8217;t pay the fee or just simply stopped paying, the corpses were exhumed from their graves to make more room for other deceased. But when the bodies were exhumed, the grave diggers discovered that the corpses had been unintentionally turned into mummies, due to the extremely dry weather and soil conditions in this part of Mexico.</p>
<p>The mummies of Guanajuato became a tourist attraction starting in the late 1800s and although the practice of exhuming bodies from the local graveyards has ceased, the original mummies found during that time period continue to be on display at the local museum to this day.</p>
<p>So today we leave behind the light-hearted fairy tales and enter a terrain filled with much darker characters. Although this story is probably more appropriate for Halloween, I didn&#8217;t want to wait until the fall to post this scary legend. Make sure you listen to this one with the lights on! <img src='http://www.codyscuentos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>

<p><span id="more-74"></span></p>
<p>Caso verdaderamente extraño e interesante es el que van ustedes a escuchar, el de cuya veracidad espero que su buen juicio lo considere y lo pondere.</p>
<p>Cuentan que hubo un fraile que vestía tosco sayal y calzaba humildes sandalias allá en los tiempos en que los religiosos cumplían más severamente con las obligaciones de su ministerio. Además, se afirma que vivía una vida llena de austeridad y sacrificio, al grado de que usaba constantemente bajo sus ropas un cilicio alrededor de la cintura.</p>
<p>Este sacerdote, por sus virtudes, fue muy querido, pues gustaba de consolar a los pobres y fortalecer a los débiles, de modo que se hizo proverbial entre toda la gente que lo trataba, hasta de aquellos que gozaban de toda clase de comodidades. Dícese que una vez al cruzar por la plaza del Baratillo, tropezó con un sujeto que gozaba de fama de incrédulo quien le dio un empellón, al momento que lanzaba esta expresión al venerable anciano: <em>-Apuesto a que el padre, no se atreve a tomar una copa conmigo</em>.</p>
<p>El ministro, con toda humildad, contestó -<em>Gracias hijo, y que Dios te perdone</em>- y siguió su camino indiferente. El sujeto aquel, a pesar de su embriaguez, pudo darse cuenta, con profundo asombro, que el sacerdote no tocaba con los pies el suelo, y que además se deslizaba a cierta altura del pavimento. De momento lo atribuyó a la bebida, pero viéndolo con más atención, comprobó que más que una persona física era como una sombra, y su espanto cundió de pronto.</p>
<p>Pasó sin embargo esta impresión, y algunos días más tarde el personaje de este relato siendo un minero, sufrió un accidente en su trabajo, junto con otros compañeros. Sintiéndose a punto de morir, se acobardó hasta el grado de implorar que le llevaran a un sacerdote porque iba a morir. Así lo hicieron los compañeros, y poco tiempo después llegó el sacerdote y se puso a su lado.</p>
<p>-<em>Padre</em>- le dijo con voz entrecortada y débil, -<em>acúsome de haber faltado una vez a un sacerdote y de haberme burlado de él</em>.</p>
<p>-<em>Sí</em>- contestó el fraile -<em>¡Ése era yo!</em></p>
<p>El moribundo se estremeció de terror, y con los ojos desorbitados, viendo fijamente al religioso exhaló el último suspiro.</p>
<p>Cuentan que entre las momias que hay en el panteón, se encuentra una que pertenece a aquel minero y que conserva la expresión de horror en su cara, con los ojos exageradamente abiertos, pues aseguran que nadie pudo cerrárselos después de su muerte.</p>
<p><em>Foto de <a href="http://www.flickr.com/photos/clauudiia/2347022132/">una momia de Guanajuato</a> de <a href="http://www.flickr.com/photos/clauudiia/2347022132/">clara</a></em></p>
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		<itunes:summary>In the city of Guanajuato, Mexico there is a museum which is home to more than 100 mummies. The history behind the museum is fascinating. It turns out that back in the 1800s in Guanajuato people had to pay a burial tax. This tax could be paid once or in yearly installments. If after three years the families couldn&#039;t pay the fee or just simply stopped paying, the corpses were exhumed from their graves to make more room for other deceased. But when the bodies were exhumed, the grave diggers discovered that the corpses had been unintentionally turned into mummies, due to the extremely dry weather and soil conditions in this part of Mexico.

The mummies of Guanajuato became a tourist attraction starting in the late 1800s and although the practice of exhuming bodies from the local graveyards has ceased, the original mummies found during that time period continue to be on display at the local museum to this day.

So today we leave behind the light-hearted fairy tales and enter a terrain filled with much darker characters. Although this story is probably more appropriate for Halloween, I didn&#039;t want to wait until the fall to post this scary legend. Make sure you listen to this one with the lights on! :)





Caso verdaderamente extraño e interesante es el que van ustedes a escuchar, el de cuya veracidad espero que su buen juicio lo considere y lo pondere.

Cuentan que hubo un fraile que vestía tosco sayal y calzaba humildes sandalias allá en los tiempos en que los religiosos cumplían más severamente con las obligaciones de su ministerio. Además, se afirma que vivía una vida llena de austeridad y sacrificio, al grado de que usaba constantemente bajo sus ropas un cilicio alrededor de la cintura.

Este sacerdote, por sus virtudes, fue muy querido, pues gustaba de consolar a los pobres y fortalecer a los débiles, de modo que se hizo proverbial entre toda la gente que lo trataba, hasta de aquellos que gozaban de toda clase de comodidades. Dícese que una vez al cruzar por la plaza del Baratillo, tropezó con un sujeto que gozaba de fama de incrédulo quien le dio un empellón, al momento que lanzaba esta expresión al venerable anciano: -Apuesto a que el padre, no se atreve a tomar una copa conmigo.

El ministro, con toda humildad, contestó -Gracias hijo, y que Dios te perdone- y siguió su camino indiferente. El sujeto aquel, a pesar de su embriaguez, pudo darse cuenta, con profundo asombro, que el sacerdote no tocaba con los pies el suelo, y que además se deslizaba a cierta altura del pavimento. De momento lo atribuyó a la bebida, pero viéndolo con más atención, comprobó que más que una persona física era como una sombra, y su espanto cundió de pronto.

Pasó sin embargo esta impresión, y algunos días más tarde el personaje de este relato siendo un minero, sufrió un accidente en su trabajo, junto con otros compañeros. Sintiéndose a punto de morir, se acobardó hasta el grado de implorar que le llevaran a un sacerdote porque iba a morir. Así lo hicieron los compañeros, y poco tiempo después llegó el sacerdote y se puso a su lado.

-Padre- le dijo con voz entrecortada y débil, -acúsome de haber faltado una vez a un sacerdote y de haberme burlado de él.

-Sí- contestó el fraile -¡Ése era yo!

El moribundo se estremeció de terror, y con los ojos desorbitados, viendo fijamente al religioso exhaló el último suspiro.

Cuentan que entre las momias que hay en el panteón, se encuentra una que pertenece a aquel minero y que conserva la expresión de horror en su cara, con los ojos exageradamente abiertos, pues aseguran que nadie pudo cerrárselos después de su muerte.

Foto de una momia de Guanajuato de clara</itunes:summary>
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		<title>Hansel &amp; Gretel</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Apr 2008 13:05:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><a title="HanselGretel" href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/hansel-y-gretel.jpg"><br />
</a></p>
<p><em><strong>Hansel &#38; Gretel</strong></em> de los hermanos Grimm</p>
<p>Hansel y Gretel vivían con su padre, un pobre leñador, y su cruel madrastra, muy cerca de un espeso bosque. Vivían con muchísima escasez, y como ya no les alcanzaba para&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a title="HanselGretel" href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/hansel-y-gretel.jpg"><br />
</a></p>
<p><em><strong>Hansel &amp; Gretel</strong></em> de los hermanos Grimm</p>
<p>Hansel y Gretel vivían con su padre, un pobre leñador, y su cruel madrastra, muy cerca de un espeso bosque. Vivían con muchísima escasez, y como ya no les alcanzaba para poder comer los cuatro, deberían plantearse el problema y tratar de darle una buena solución.</p>
<p>Una noche, creyendo que los niños estaban dormidos, la cruel madrastra dijo al leñador:</p>
<p>-<em>No hay bastante comida para todos: mañana llevaremos a los niños a la parte más espesa del bosque y los dejaremos allí. Ellos no podrán encontrar el camino a casa y así nos desprenderemos de esa carga</em>.</p>
<p>Al principio, el padre se opuso rotundamente a tener en cuenta la cruel idea de la malvada mujer.</p>
<p>-<em>¡¿Cómo vamos a abandonar a mis hijos a la suerte de Dios?! ¡Quizás sean atacados por los animales del bosque!</em> -gritó enojado.</p>
<p><span id="more-72"></span></p>
<p>-<em>De cualquier manera, así moriremos todos de hambre</em> -dijo la madrastra y no descansó hasta convencer al débil hombre de llevar adelante el malévolo plan que se había trazado.</p>
<p>Mientras tanto los niños, que en realidad no estaban dormidos, escucharon toda la conversación. Gretel lloraba amargamente, pero Hansel la consolaba.</p>
<p>-<em>No llores, querida hermanita</em> -decía él-, <em>yo tengo una idea para encontrar el camino de regreso a casa.</em></p>
<p>A la mañana siguiente, cuando salieron para el bosque, la madrastra les dio a cada uno de los niños un pedazo de pan.</p>
<p><em>-No deben comer este pan antes del almuerzo</em> -les dijo-. <em>Eso es todo lo que tendrán para el día.</em></p>
<p>El dominado y débil padre y la madrastra los acompañaron a adentrarse en el bosque. Cuando penetraron en la espesura, los niños se quedaron atrás, y Hansel, haciendo migas de su pan, las fue dejando caer con disimulo para tener señales que les permitieran luego regresar a casa.</p>
<p>Los padres los llevaron muy adentro del bosque y les dijeron:</p>
<p>-<em>Quédense aquí hasta que vengamos a buscarlos.</em></p>
<p>Hansel y Gretel hicieron lo que sus padres habían ordenado, pues creyeron que cambiarían de opinión y volverían por ellos. Pero cuando se acercaba la noche y los niños vieron que sus padres no aparecían, trataron de encontrar el camino de regreso. Desgraciadamente, los pájaros se habían comido las migas que marcaban el camino. Toda la noche anduvieron por el bosque con mucho temor observando las miradas, observando el brillo de los ojos de las fieras, y a cada paso se perdían más en aquella espesura.</p>
<p>Al amanecer, casi muertos de miedo y de hambre, los niños vieron un pájaro blanco que volaba frente a ellos y que para animarlos a seguir adelante les aleteaba en señal amistosa. Siguiendo el vuelo de aquel pájaro encontraron una casita construida toda de panes, dulces, bombones y otras confituras muy sabrosas.</p>
<p>Los niños, con un apetito terrible, corrieron hasta la rara casita, pero antes de que pudieran dar un mordisco a los riquísimos dulces, una bruja los detuvo.</p>
<p>La casa estaba hecha para atraer a los niños y cuando éstos se encontraban en su poder, la bruja los mataba y los cocinaba para comérselos.</p>
<p>Como Hansel estaba muy delgadito, la bruja lo encerró en una jaula y allí lo alimentaba con ricos y sustanciosos manjares para engordarlo. Mientras tanto, Gretel tenía que hacer los trabajos más pesados y sólo tenía cáscaras de cangrejos para comer.</p>
<p>Un día, la bruja decidió que Hansel estaba ya listo para ser comido y ordenó a Gretel que preparara una enorme cacerola de agua para cocinarlo.</p>
<p>-<em>Primero</em> -dijo la bruja-, <em>vamos a ver el horno que yo prendí para hacer pan. Entra tú primero, Gretel, y fíjate si está bien caliente como para hornear</em>.</p>
<p>En realidad la bruja pensaba cerrar la puerta del horno una vez que Gretel estuviera dentro para cocinarla a ella también. Pero Gretel hizo como que no entendía lo que la bruja decía.</p>
<p>-<em>Yo no sé. ¿Cómo entro?</em> -preguntó Gretel.</p>
<p>-<em>¡Tonta!</em> -dijo la bruja-, <em>mira cómo se hace</em> -y la bruja metió la cabeza dentro del horno.</p>
<p>Rápidamente Gretel la empujó dentro del horno y cerró la puerta.</p>
<p>Gretel puso en libertad a Hansel. Antes de irse, los dos niños se llenaron los bolsillos de perlas y piedras preciosas del tesoro de la bruja.</p>
<p>Los niños huyeron del bosque hasta llegar a orillas de un inmenso lago que parecía imposible de atravesar. Por fin, un hermoso cisne blanco compadeciéndose de ellos y les ofreció pasarlos a la otra orilla. Con gran alegría los niños encontraron a su padre allí. Éste había sufrido mucho durante la ausencia de los niños y los había buscado por todas partes, e incluso les contó acerca de la muerte de la cruel madrastra.</p>
<p>Dejando caer los tesoros a los pies de su padre, los niños se arrojaron en sus brazos. Así juntos olvidaron todos los malos momentos que habían pasado y supieron que lo más importante en la vida es estar junto a los seres a quienes se ama, y siguieron viviendo felices y ricos</p>
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		<itunes:subtitle>Hansel &amp; Gretel de los hermanos Grimm - Hansel y Gretel vivían con su padre, un pobre leñador, y su cruel madrastra, muy cerca de un espeso bosque. Vivían con muchísima escasez, y como ya no les alcanzaba para poder comer los cuatro,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Hansel &amp; Gretel de los hermanos Grimm

Hansel y Gretel vivían con su padre, un pobre leñador, y su cruel madrastra, muy cerca de un espeso bosque. Vivían con muchísima escasez, y como ya no les alcanzaba para poder comer los cuatro, deberían plantearse el problema y tratar de darle una buena solución.

Una noche, creyendo que los niños estaban dormidos, la cruel madrastra dijo al leñador:

-No hay bastante comida para todos: mañana llevaremos a los niños a la parte más espesa del bosque y los dejaremos allí. Ellos no podrán encontrar el camino a casa y así nos desprenderemos de esa carga.

Al principio, el padre se opuso rotundamente a tener en cuenta la cruel idea de la malvada mujer.

-¡¿Cómo vamos a abandonar a mis hijos a la suerte de Dios?! ¡Quizás sean atacados por los animales del bosque! -gritó enojado.



-De cualquier manera, así moriremos todos de hambre -dijo la madrastra y no descansó hasta convencer al débil hombre de llevar adelante el malévolo plan que se había trazado.

Mientras tanto los niños, que en realidad no estaban dormidos, escucharon toda la conversación. Gretel lloraba amargamente, pero Hansel la consolaba.

-No llores, querida hermanita -decía él-, yo tengo una idea para encontrar el camino de regreso a casa.

A la mañana siguiente, cuando salieron para el bosque, la madrastra les dio a cada uno de los niños un pedazo de pan.

-No deben comer este pan antes del almuerzo -les dijo-. Eso es todo lo que tendrán para el día.

El dominado y débil padre y la madrastra los acompañaron a adentrarse en el bosque. Cuando penetraron en la espesura, los niños se quedaron atrás, y Hansel, haciendo migas de su pan, las fue dejando caer con disimulo para tener señales que les permitieran luego regresar a casa.

Los padres los llevaron muy adentro del bosque y les dijeron:

-Quédense aquí hasta que vengamos a buscarlos.

Hansel y Gretel hicieron lo que sus padres habían ordenado, pues creyeron que cambiarían de opinión y volverían por ellos. Pero cuando se acercaba la noche y los niños vieron que sus padres no aparecían, trataron de encontrar el camino de regreso. Desgraciadamente, los pájaros se habían comido las migas que marcaban el camino. Toda la noche anduvieron por el bosque con mucho temor observando las miradas, observando el brillo de los ojos de las fieras, y a cada paso se perdían más en aquella espesura.

Al amanecer, casi muertos de miedo y de hambre, los niños vieron un pájaro blanco que volaba frente a ellos y que para animarlos a seguir adelante les aleteaba en señal amistosa. Siguiendo el vuelo de aquel pájaro encontraron una casita construida toda de panes, dulces, bombones y otras confituras muy sabrosas.

Los niños, con un apetito terrible, corrieron hasta la rara casita, pero antes de que pudieran dar un mordisco a los riquísimos dulces, una bruja los detuvo.

La casa estaba hecha para atraer a los niños y cuando éstos se encontraban en su poder, la bruja los mataba y los cocinaba para comérselos.

Como Hansel estaba muy delgadito, la bruja lo encerró en una jaula y allí lo alimentaba con ricos y sustanciosos manjares para engordarlo. Mientras tanto, Gretel tenía que hacer los trabajos más pesados y sólo tenía cáscaras de cangrejos para comer.

Un día, la bruja decidió que Hansel estaba ya listo para ser comido y ordenó a Gretel que preparara una enorme cacerola de agua para cocinarlo.

-Primero -dijo la bruja-, vamos a ver el horno que yo prendí para hacer pan. Entra tú primero, Gretel, y fíjate si está bien caliente como para hornear.

En realidad la bruja pensaba cerrar la puerta del horno una vez que Gretel estuviera dentro para cocinarla a ella también. Pero Gretel hizo como que no entendía lo que la bruja decía.

-Yo no sé. ¿Cómo entro? -preguntó Gretel.

-¡Tonta! -dijo la bruja-, mira cómo se hace -y la bruja metió la cabeza dentro del horno.

Rápidamente Gretel la empujó dentro del horno y cerró la puerta.

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		<title>El soldadito de plomo</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2008 22:05:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cody</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/tinsolder.jpg" title="TinSoldier"><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/tinsolder.jpg" alt="TinSoldier" /></a></p>
<p><em>Foto de <a href="http://www.flickr.com/photos/jikan/416170593/">Uh&#8230;Bob</a>. Con permiso.  </em></p>
<p><strong><em>El soldadito de plomo</em> de Hans Christian Andersen</strong></p>
<p>Había una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo, muy derechos y elegantes. Cada uno llevaba un fusil al hombro,&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/tinsolder.jpg" title="TinSoldier"><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/04/tinsolder.jpg" alt="TinSoldier" /></a></p>
<p><em>Foto de <a href="http://www.flickr.com/photos/jikan/416170593/">Uh&#8230;Bob</a>. Con permiso.  </em></p>
<p><strong><em>El soldadito de plomo</em> de Hans Christian Andersen</strong></p>
<p>Había una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo, muy derechos y elegantes. Cada uno llevaba un fusil al hombro, una chaqueta roja, pantalones azules y un sombrero negro alto con una insignia dorada al frente. Al juguetero no le alcanzó el plomo para el último soldadito y lo tuvo que dejar sin una pierna.</p>
<p>Pronto, los soldaditos se encontraban en la vitrina de una tienda de juguetes. Un señor los compró para regalárselos a su hijo de cumpleaños. Cuando el niño abrió la caja, en presencia de sus hermanos, el soldadito sin pierna le llamó mucho la atención.</p>
<p>El soldadito se encontró de pronto frente a un castillo de cartón con cisnes flotando a su alrededor en un lago de espejos.</p>
<p>Frente a la entrada había una preciosa bailarina de papel. Llevaba una falda rosada de tul y una banda azul sobre la que brillaba una lentejuela. La bailarina tenía los brazos alzados y una pierna levantada hacia atrás, de tal manera que no se le alcanzaba a ver. ¡Era muy hermosa!</p>
<p>&#8220;<em>Es la chica para mí</em>,&#8221; pensó el soldadito de plomo, convencido de que a la bailarina le faltaba una pierna como a él. Esa noche, cuando ya todos en la casa se habían ido a dormir, los juguetes comenzaron a divertirse. El cascanueces hacía piruetas mientras que los demás juguetes bailaban y corrían por todas partes.</p>
<p><span id="more-68"></span>Los únicos juguetes que no se movían eran el soldadito de plomo y la hermosa bailarina de papel. Inmóviles, se miraban el uno al otro. De repente, dieron las doce de la noche. La tapa de la caja de sorpresas se abrió y de ella saltó un duende con expresión malvada.</p>
<p>-<em>¿Tú, qué miras, soldado?</em> -gritó. El soldadito siguió con la mirada fija al frente.</p>
<p>-<em>Está bien. Ya verás lo que te pasará mañana</em> -anunció el duende.</p>
<p>A la mañana siguiente, el niño jugó un rato con su soldadito de plomo y luego lo puso en el borde de la ventana, que estaba abierta. A lo mejor fue el viento, o quizás fue el duende malo, lo cierto es que el soldadito de plomo se cayó a la calle.</p>
<p>El niño corrió hacia la ventana, pero desde el tercer piso no se alcanzaba a ver nada.</p>
<p>-<em>¿Puedo bajar a buscar a mi soldadito?</em> -preguntó el niño a la criada. Pero ella se negó, pues estaba lloviendo muy fuerte para que el niño saliera. La criada cerró la ventana y el niño tuvo que resignarse a perder su juguete.</p>
<p>Afuera, unos niños de la calle jugaban bajo la lluvia. Fueron ellos quienes encontraron al soldadito de plomo cabeza abajo, con el fusil clavado entre dos adoquines.</p>
<p>-<em>¡Hagámosle un barco de papel!</em> -gritó uno de los chicos. Llovía tan fuerte que se había formado un pequeño río por los bordes de las calles. Los chicos hicieron un barco con un viejo periódico, metieron al soldadito allí y lo pusieron a navegar.</p>
<p>El soldadito permanecía erguido mientras el barquito de papel se dejaba llevar por la corriente. Pronto se metió en una alcantarilla y por allí siguió navegando.</p>
<p><em>¿A dónde iré a parar?</em> pensó el soldadito. <em>El culpable de esto es el duende malo. Claro que no me importaría si estuviera conmigo la hermosa bailarina.</em></p>
<p>En ese momento, apareció una rata enorme.</p>
<p>-<em>¡Alto ahí!</em> -gritó con voz chillona- <em>Págame el peaje.</em></p>
<p>Pero el soldadito de plomo no podía hacer nada para detenerse. El barco de papel siguió navegando por la alcantarilla hasta que llegó al canal. Pero, ya estaba tan mojado que no pudo seguir a flote y empezó a naufragar. Por fin, el papel se deshizo completamente y el erguido soldadito de plomo se hundió en el agua. Justo antes de llegar al fondo, un pez gordo se lo tragó.</p>
<p><em>-¡Qué oscuro está aquí dentro! </em>-dijo el soldadito de plomo-. <em>¡Mucho más oscuro que en la caja de juguetes!</em></p>
<p>El pez, con el soldadito en el estómago, nadó por todo el canal hasta llegar al mar. El soldadito de plomo extrañaba la habitación de los niños, los juguetes, el castillo de cartón y extrañaba sobre todo a la hermosa bailarina.</p>
<p><em>-Creo que no los volveré a ver nunca más</em> -suspiró con tristeza. El soldadito de plomo no tenía la menor idea de dónde se hallaba. Sin embargo, la suerte quiso que unos pescadores pasaran por allí y atraparan al pez con su red.</p>
<p>El barco de pesca regresó a la ciudad con su cargamento. Al poco tiempo, el pescado fresco ya estaba en el mercado; justo donde hacía las compras la criada de la casa del niño. Después de mirar la selección de pescados, se decidió por el más grande: el que tenía al soldadito de plomo adentro.</p>
<p>La criada regresó a la casa y le entregó el pescado a la cocinera.</p>
<p>-<em>¡Qué buen pescado!</em> -exclamó la cocinera.</p>
<p>Enseguida, tomó un cuchillo y se dispuso a preparar el pescado para meterlo al horno.</p>
<p>-<em>Aquí hay algo duro</em> -murmuró. Luego, llena de sorpresa, sacó al soldado de plomo.</p>
<p>La criada lo reconoció de inmediato.</p>
<p>-<em>¡Es el soldadito que se le cayó al niño por la ventana! </em>-exclamó.</p>
<p>El niño se puso muy feliz cuando supo que su soldadito de plomo había aparecido. El soldadito, por su parte, estaba un poco aturdido. Había pasado tanto tiempo en la oscuridad. Finalmente, se dio cuenta de que estaba de nuevo en casa. En la mesa vio los mismos juguetes de siempre, y también el castillo con el lago de espejos. Al frente estaba la bailarina, apoyada en una pierna. Habría llorado de la emoción si hubiera tenido lágrimas, pero se limitó a mirarla. Ella lo miraba también.</p>
<p>De repente, el hermano del niño agarró al soldadito de plomo diciendo:</p>
<p>-<em>Este soldado no sirve para nada. Sólo tiene una pierna. Además, apesta a pescado.</em></p>
<p>Todos vieron aterrados cómo el muchacho arrojaba al soldadito de plomo al fuego de la chimenea. El soldadito cayó de pie en medio de las llamas. Los colores de su uniforme desvanecían a medida que se derretía. De pronto, una ráfaga de viento arrancó a la bailarina de la entrada del castillo y la llevó como a un ave de papel hasta el fuego, junto al soldadito de plomo. Una llamarada la consumió en un segundo.</p>
<p>A la mañana siguiente, la criada fue a limpiar la chimenea. En medio de las cenizas encontró un pedazo de plomo en forma de corazón. Al lado, negra como el carbón, estaba la lentejuela de la bailarina.</p>
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		<itunes:subtitle>Foto de Uh...Bob. Con permiso.   - El soldadito de plomo de Hans Christian Andersen - Había una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo, muy derechos y elegantes. Cada uno llevaba un fusil al hombro, una chaqueta roja,</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Foto de Uh...Bob. Con permiso.  

El soldadito de plomo de Hans Christian Andersen

Había una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo, muy derechos y elegantes. Cada uno llevaba un fusil al hombro, una chaqueta roja, pantalones azules y un sombrero negro alto con una insignia dorada al frente. Al juguetero no le alcanzó el plomo para el último soldadito y lo tuvo que dejar sin una pierna.

Pronto, los soldaditos se encontraban en la vitrina de una tienda de juguetes. Un señor los compró para regalárselos a su hijo de cumpleaños. Cuando el niño abrió la caja, en presencia de sus hermanos, el soldadito sin pierna le llamó mucho la atención.

El soldadito se encontró de pronto frente a un castillo de cartón con cisnes flotando a su alrededor en un lago de espejos.

Frente a la entrada había una preciosa bailarina de papel. Llevaba una falda rosada de tul y una banda azul sobre la que brillaba una lentejuela. La bailarina tenía los brazos alzados y una pierna levantada hacia atrás, de tal manera que no se le alcanzaba a ver. ¡Era muy hermosa!

&quot;Es la chica para mí,&quot; pensó el soldadito de plomo, convencido de que a la bailarina le faltaba una pierna como a él. Esa noche, cuando ya todos en la casa se habían ido a dormir, los juguetes comenzaron a divertirse. El cascanueces hacía piruetas mientras que los demás juguetes bailaban y corrían por todas partes.

Los únicos juguetes que no se movían eran el soldadito de plomo y la hermosa bailarina de papel. Inmóviles, se miraban el uno al otro. De repente, dieron las doce de la noche. La tapa de la caja de sorpresas se abrió y de ella saltó un duende con expresión malvada.

-¿Tú, qué miras, soldado? -gritó. El soldadito siguió con la mirada fija al frente.

-Está bien. Ya verás lo que te pasará mañana -anunció el duende.

A la mañana siguiente, el niño jugó un rato con su soldadito de plomo y luego lo puso en el borde de la ventana, que estaba abierta. A lo mejor fue el viento, o quizás fue el duende malo, lo cierto es que el soldadito de plomo se cayó a la calle.

El niño corrió hacia la ventana, pero desde el tercer piso no se alcanzaba a ver nada.

-¿Puedo bajar a buscar a mi soldadito? -preguntó el niño a la criada. Pero ella se negó, pues estaba lloviendo muy fuerte para que el niño saliera. La criada cerró la ventana y el niño tuvo que resignarse a perder su juguete.

Afuera, unos niños de la calle jugaban bajo la lluvia. Fueron ellos quienes encontraron al soldadito de plomo cabeza abajo, con el fusil clavado entre dos adoquines.

-¡Hagámosle un barco de papel! -gritó uno de los chicos. Llovía tan fuerte que se había formado un pequeño río por los bordes de las calles. Los chicos hicieron un barco con un viejo periódico, metieron al soldadito allí y lo pusieron a navegar.

El soldadito permanecía erguido mientras el barquito de papel se dejaba llevar por la corriente. Pronto se metió en una alcantarilla y por allí siguió navegando.

¿A dónde iré a parar? pensó el soldadito. El culpable de esto es el duende malo. Claro que no me importaría si estuviera conmigo la hermosa bailarina.

En ese momento, apareció una rata enorme.

-¡Alto ahí! -gritó con voz chillona- Págame el peaje.

Pero el soldadito de plomo no podía hacer nada para detenerse. El barco de papel siguió navegando por la alcantarilla hasta que llegó al canal. Pero, ya estaba tan mojado que no pudo seguir a flote y empezó a naufragar. Por fin, el papel se deshizo completamente y el erguido soldadito de plomo se hundió en el agua. Justo antes de llegar al fondo, un pez gordo se lo tragó.

-¡Qué oscuro está aquí dentro! -dijo el soldadito de plomo-. ¡Mucho más oscuro que en la caja de juguetes!

El pez, con el soldadito en el estómago, nadó por todo el canal hasta llegar al mar. El soldadito de plomo extrañaba la habitación de los niños, los juguetes, el castillo de cartón y extrañaba sobre todo a la hermosa bailarina.

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		<title>Garbancito</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Mar 2008 20:27:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Codys Mommy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>
		<category><![CDATA[Nivel Avanzado]]></category>
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		<category><![CDATA[childrens stories in spanish]]></category>
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		<category><![CDATA[cuento catalan]]></category>
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		<category><![CDATA[cuentos infantiles]]></category>
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		<category><![CDATA[garbancito]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg" alt="Garbancito" width="300" height="274" align="left" />Today&#8217;s <em>audio cuento</em> is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that&#8230;</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg" alt="Garbancito" width="300" height="274" align="left" />Today&#8217;s <em>audio cuento</em> is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that Cody and I heard the ending to this story we couldn&#8217;t believe it. It was so funny, we couldn&#8217;t stop laughing!</p>
<p>The original version of this story, called <em>Patufet</em>, was written in catalan. That&#8217;s the language spoken in Catalonia (<em>Cataluña en español</em>), a region in Spain. Our friend Megui reads this story. She is from Barcelona, a city in Catalonia, and  she does a great job bringing Garbancito and his amusing story to life.</p>
<p>Get the complete <a title="Garbancito transcript" href="http://www.codyscuentos.com/products-page/avanzado/garbancito/" target="_self">&#8220;Garbancito&#8221; transcript in Spanish</a> in the Cody&#8217;s Cuentos store!</p>
<p><a title="Garbancito" href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/03/garbancito2.jpg"> </a></p>
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		<itunes:summary>Today&#039;s audio cuento is an old folk tale from Catalonia, Spain. It is about a very teeny, tiny boy who gets lost while running an errand for his mommy.  And boy, does he get lost!! The very first time that Cody and I heard the ending to this story we couldn&#039;t believe it. It was so funny, we couldn&#039;t stop laughing!

The original version of this story, called Patufet, was written in catalan. That&#039;s the language spoken in Catalonia (Cataluña en español), a region in Spain. Our friend Megui reads this story. She is from Barcelona, a city in Catalonia, and  she does a great job bringing Garbancito and his amusing story to life.

Get the complete &quot;Garbancito&quot; transcript in Spanish in the Cody&#039;s Cuentos store!</itunes:summary>
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